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La Hormiga Remolona Posts

Serpientes del Medio Oeste

American Gothic, Art Institute of Chicago

Beth M. Howard escribía hace un par de días en el New York Times sobre los años que vivió en la casa de American Gothic (1930), el archiconocido (y parodiado) cuadro de Grant Wood.

Era hace una década y se alquilaba por 250 dólares al mes. ¿Por qué tan barata? Porque merodeaban -incluso irrumpían- turistas a cualquier hora y por contrato había que ser amable con ellos. Otras incomodidades: el ruido que hacían las tuberías, los clavos que sobresalían de la tarima o los “residentes” de los recovecos: serpientes de Gopher o bull snakes de casi dos metros que por lo menos no son venenosas… Hoy ya no se alquila como vivienda, aunque sí para eventos, y está abierta al público.

Al leer sobre las serpientes de la casa me acordé de un libro ambientado en el estado vecino, Nebraska: My Ántonia (1918), de Willa Cather. Trata sobre los pioneros de estas tierras, procedentes de países escandinavos, que se encontraban a menudo ejemplares de cascabel.

Fuchs me contó que los mormones trajeron los girasoles a este país; que durante la persecución, cuando abandonaron Missouri y se adentraron en la naturaleza buscando un lugar donde pudieran adorar a Dios a su manera, esparcieron semillas de girasol a su paso por los valles de Utah (My Ántonia, de Willa Cather).

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Housewife vs SAHM

January Jones como Betty Draper en Mad Men

No he encontrado una traducción establecida para el SAHM (stay at home mom) de la madresfera norteamericana o su versión masculina: SAHD (stay at home dad). Son los padres o madres que, por el motivo que sea, no trabajan o trabajan en casa mientras se dedican al cuidado de sus hijos.

En All Joy and No Fun: The Paradox of Modern Parenthood (Jennifer Senior, 2014) se reflexiona -entre otras muchas cosas- sobre estas figuras, en contraposición al ama de casa (housewife) perfecta de los años cincuenta del siglo pasado.

Reese Whiterspoon como Madelaine en Big Little Lies

Comenta Senior que el buen hacer del ama de casa se medía por cómo llevaba su casa: si la tenía siempre impecable y ordenada, si usaba un producto de limpieza específico para cada superficie, si sacaba la vajilla adecuada para cada ocasión, si sabía decorar las habitaciones con gusto, si elegía correctamente el vestuario propio, del marido y de los hijos… Si la respuesta era que sí, entonces había logrado la excelencia como housewife. Ejemplo: Betty Draper.

Hoy se mide el buen hacer de la SAHM o el SAHD -y, por extensión, de todos los padres y madres- basándose en las decisiones que toman sobre la crianza y educación de sus hijos, y en cómo las llevan a la práctica. Y el examen empieza muy pronto, ya en el embarazo, y sigue con el parto, la lactancia, la gestión del sueño, el manejo de las rabietas, la retirada del pañal, la pedagogía elegida… Se ha popularizado un ideal de perfección tan inquebrantable que es habitual que quien no lo siga lo silencie.

Cómo me ha gustado la parodia que hace The Marvelous Mrs. Maisel del ama de casa perfecta de los 50, con Midge (Rachel Brosnahan) como una housewife despechada del Upper West Side que se transforma en una fiera del stand-up que acaba varias veces en el calabozo por escándalo público -y allí coincide invariablemente con Lenny Bruce-.

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Los límites del humor

Me fascinan los buenos cómicos y el stand-up cuando te revoluciona las neuronas.

Habiendo caído varios de ellos recientemente -porque Time’s Up– una se pregunta (los mejores humoristas también) dónde están los límites del humor. Y si nos van a seguir haciendo gracia los gags o monólogos de los que han abusado de su poder.

Como dice Julianne Escobedo Shepherd, editora de Jezebel, tienes que estar moralmente por encima de la persona a la que parodias para que esa parodia sea efectiva.

Lo comenta en relación a las últimas apariciones de Alec Baldwin parodiando a Trump después de haber dado su apoyo a Woody Allen y James Toback, ambos acusados de acoso sexual.

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El nombre de Vanessa

Vanessa, de John Everett Millais
Vanessa (1868) tal como la imaginó John Everett Millais

Buscando nombre para mi hija supe que hay uno muy popular que tiene origen literario: Vanessa (escrito así, con dos eses). Lo inventó Jonathan Swift, que tituló Cadenus and Vanessa (1726) un poema autobiográfico que escribió sin intención de publicar y que dedicó a Esther Vanhomrigh.

Vanessa se forma uniendo el inicio de su apellido (“Van”) y “Essa”, diminutivo de Esther.

Aunque para el gran público Jonathan Swift es conocido por Los viajes de Gulliver (1726), en la época de la Restauración inglesa tuvo mucho peso como autor satírico. Fue muy controvertida su obra Una modesta proposición (1729), en la de una solución radical a las penurias de los campesinos irlandeses, que no podían pagar a sus arrendatarios: que los terrateniente se comieran a sus niños.

Elizabeth McGovern como Cora, condesa de Grantham, en Downton Abbey
Elizabeth McGovern como Cora, condesa de Grantham, en Downton Abbey

Otro nombre creado por un escritor es Cora. Lo inventó James Fenimore Cooper y aparece en su novela El último mohicano. Yo solo me lo había encontrado en Downton Abbey: es el nombre de la condesa de Grantham.

 

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Cats In the Cradle

He leído que Cats In the Cradle puede unir generaciones. Es un tema folk de Harry Chapin que fue número uno en USA en 1974 y que en 1992 versionó Ugly Kid Joe.

Yo la conocí en la versión del 92. Era potente y pegadiza pero el impacto no fue el mismo que oírla ahora que tengo un hijo. Le letra no es apta para sentimentales.

Mi hijo vino al mundo
de la manera usual
pero había viajes que hacer y cuentas que pagar
aprendió a caminar mientras yo no estaba
y aprendió a hablar antes de yo saberlo
creció diciendo:
“Voy a ser como tú papá”
“sabes que voy a ser como tú”

Los gatos en la cuna y la cuchara de plata
pequeño niño triste y el hombre en la luna
“¿cuando vienes a casa?”
“no lo sé, hijo, pero estaremos juntos
y sabes que lo pasamos bien”.

Mi hijo cumplió 10 años
y dijo -“gracias por la pelota, papá, vamos a jugar,
¿me enseñas a tirarla?”
y entonces le dije “hoy no, tengo muchas cosas que hacer”
el me respondió -“está bien”, se fue, sonrió y dijo:
“voy a ser como él, sí
sabes que voy a ser como él”

El otro día vino de la universidad
como un hombre le dije a mi hijo:
“estoy orgulloso de ti, te puedes sentar un momento”
entonces movió la cabeza y con una sonrisa dijo:
“lo que me gustaría, papá, es que me prestases las llaves del coche
te veo más tarde, ¿me las das?”

Ha pasado un tiempo desde que me retiré y mi hijo se fue
lo llamé el otro día y le dije
“puedo visitarte, si no te importa”
el respondió: -“me gustaría, papá, si tuviera tiempo
tengo mucho trabajo y el niño está enfermo,
pero me ha gustado hablar contigo papá,
de verdad que me ha gustado hablar contigo”
y apenas colgué el teléfono me acordé:
“él ha crecido y se ha vuelto como yo,
mi hijo ha crecido y ahora es como yo”

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El observatorio Griffith

Después de ver el Observatorio Griffith de Los Ángeles recreado en algunas escenas de La La Land he empezado a recordar otros sitios en los que lo había visto anteriormente.

En la escena del planetario de Rebelde sin causa:

En el vídeo de los 90 de Paula Abdul en el que se rinde homenaje a Rebelde sin causa, con Keanu Reeves en el papel de James Dean:

En el salvapantallas de la Apple TV, con las colinas de Hollywood al fondo

 

 

 

 

 

 

 

 

En el juego GTA V:

 

 

 

 

 

 

 

 

Y en La La Land. No les dejaron rodar en el interior, así que crearon el planetario en los estudios:

 

 

 

 

 

 

 

El observatorio está al sur de las colinas de Hollywood, en el Parque Griffith, y es un buen lugar para disfrutar de vistas panorámicas de Los Ángeles.

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¿Qué aspecto hubiera tenido Mr Darcy?

A los pocos días de acabar Orgullo y prejuicio (1813) -lectura obligatoria en el Grado en Estudios Ingleses, antigua Filología Inglesa- me encuentro este artículo del New York Times en el que hablan de un reciente estudio que describe qué aspecto hubiera tenido Mr Darcy en la época en la que Jane Austen escribió la novela, es decir, a finales del siglo XVIII:

– pálido
– rostro avalado
– ni barba ni bigote
– mandíbula hannoveriana (nada de cuadrada)
– nariz larga
– boca pequeña
– barbilla puntiaguda
– melena empolvada
– olor a almizcle o flores (los perfumes eran unisex)
– cuello de camisa intrincado, la moda marcaba no exhibir el cuello
– músculos desarrollados en muslos y pantorrillas (de montar a caballo y bailar)
– nada de musculatura en pecho y hombros, eso era para las clases bajas

Austen no describe físicamente a Mr Darcy, apenas unas pinceladas sobre su elegancia, altura y nobleza: no pasa desapercibido allá donde esté. A partir de ahí lo deja a nuestra imaginación, y quien no tenga ganas de imaginar puede revisar cualquiera de las adaptaciones hechas de Orgullo y prejuicio para cine y televisión. La más fiel es la de la BBC de 1995, con Colin Firth como Mr Darcy y Jennifer Ehle como Elizabeth Bennet.

Pocos años después Colin Firth parodiaría el espíritu de Mr Darcy como Mark Darcy en El diario de Bridget Jones (y secuelas).

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Verba omnibus

Ahora que hay tanta jerga profesional en las conversaciones cotidianas me apetece recordar que hay una ciencia que se llama lingüística que también tiene su jerga. Lo que pasa es que no es muy conocida. Como ciencia que es, la lingüística usa una terminología para nombrar fenómenos observables en el uso de la lengua.

Por ejemplo, verba omnibus hace referencia a las palabras comodín con un significado poco limitado que suelen sustituir a otras más apropiadas. Por ejemplo:

– cosa
– tema
– trasto
– bicho
– dar (para componer expresiones coloquiales: dar la tabarra, dar la lata, dar una vuelta, dar un toque…)
– hacer (hacer un viaje en vez de viajar, hacer una bufanda en vez de tejer…)
– coger
– tener

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La vejez y la niñez: un tiempo de asombro

Gloria Steinem comenta a sus 82 años:

Lo más duro para mí fueron los 50, porque es el final de la mitad de la vida. En términos de género, los 60 fueron como un nuevo mundo. A la sociedad ya no le interesas demasiado, porque realmente todo lo basa en criar niños, así que eres libre. Los setenta fueron sobre la mortalidad. Y los 80 todavía más. 

Recuerda una observación hecha en las culturas nativas americanas, según la cual la vejez es como la infancia: un tiempo de asombro. Tanto una como otra están muy cerca de lo desconocido.

 

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Cuándo dejar de escribir sobre los hijos

¿Cuántos blogs sobre crianza puede haber? Elizabeth Bestos tenía uno, pero ahora escribe sobre naturaleza urbana.

¿Por qué? Se dio cuenta de que estaba exponiendo la intimidad de sus hijos. Al llegar el mayor a la pubertad no le quedó más remedio que cambiar de tema.

Lo cuenta aquí.

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