La hormiga remolona

Entre la crítica impresionista y el chisme. Libros, viajes y demás cosas bonitas. Por Rosana Ferreres

Ruido de fondo, de Don Delillo

Posted on | junio 15, 2014 | No Comments

Ruido de fondo, de Don DeLilloEl título original de esta novela de 1985 de Don DeLillo es White Noise. Oí hablar por primera vez del “ruido blanco” cuando Joanna Goddard comentó que una de las compras imprescindibles para el recién nacido es una máquina de white noise que lo arrulle con su murmullo continuo. En español se titula Ruido de fondo, que viene a ser lo mismo pero sin esa sinestesia tan potente.

Ruido de fondo es “gran novela americana”: torrencial y habitada por personajes que brillan poco. Aunque la historia promete acción (una gran nube tóxica se aproxima a una población), DeLillo prefiere la interior de los personajes.

Desde que se produjera el escape tóxico las puestas de sol se habían vuelto casi insoportablemente hermosas, y ello sin que pudiera establecerse una relación mensurable [...] Las puestas de sol solían durar cinco minutos, pero ahora duran una hora.

Me pregunto si al pensar la trama Delillo tendría ya listas las notas sobre la naturaleza humana y las iría volcando:

Sobre el lenguaje no verbal y su afectación:
Posturas fetales, extendidas, patizambas, arqueadas, envaradas, a veces casi invertidas. Se encuentran tan estudiadas que casi representan una forma de mímica clásica. Existe en ellas un elemento de refinación exagerada, de consanguinidad [...] Tan sólo practican el lenguaje de su clase económica en una de sus formas externas disponibles.

… el progreso:
Si despertaras mañana en la Edad Media y se hubiera desatado una epidemia, ¿qué podrías hacer para detenerla sabiendo lo que sabes de medicina y de enfermedades? Cuanto mayor es el avance científico, más primitivos son los temores.

… el dorar la píldora:
Yo digo que tú eres brillante, tú dices que yo soy brillante. No es más que una forma de ego comunitario.

… la rutina como muerte:
La rutina puede llegar a ser mortal, Vern, si uno la lleva al extremo. Tengo un amigo que afirma que ése es el motivo por el cual la gente se toma vacaciones. No es para relajarse, ni para divertirse ni para visitar sitios nuevos. Es para escapar a la muerte que existe en la rutina.

… la nostalgia:
Murray afirma que es posible sentir nostalgia de un lugar aunque no te hayas marchado de él. La nostalgia es un producto de la insatisfacción y la rabia. Es un arreglo de cuentas entre el presente y el pasado. Cuanto más potente es la nostalgia, más nos aproxima a la violencia. La guerra es la forma que adopta la nostalgia cuando los hombres sienten la necesidad perentoria de decir algo bueno acerca de su país.

… la obesidad:
La gente experimenta confianza ante la presencia de cierta corpulencia en los demás. Cuando corren malos tiempos, la gente se muestra ansiosa por sobrealimentarse

… el miedo a la muerte: El propio Tolstói se esforzaba por comprender la muerte. Sentía un pavor espantoso hacia ella. - Es como si fuera nuestro propio miedo lo que la desencadena. Si pudiéramos aprender a no temerla, viviríamos eternamente [...] La conjuramos a fuerza de hablar de ella. - ¿Y si la muerte no fuera otra cosa que ruido? - Un ruido eléctrico. - Que oyéramos eternamente. Un ruido omnipresente. Qué horror. - Uniforme, de fondo.  

Los cuentos de Bernard Malamud

Posted on | abril 5, 2014 | No Comments

Cuentos completos de Bernard MalamudLos escritores escriben tragedias para que la gente no olvide que son humanos. Nos muestran cuál es la condición humana. Organizan el sentido de nuestras vidas para que quede claro ante nuestros ojos (del cuento Imaginemos una boda).

En un episodio de The Big Bang Theory estaba Amy Farrah Fowler ensimismada dando vueltas a lo que acababa de leer. Así pasé yo muchos ratos con los Cuentos reunidos (2011) de Bernard Malamud (1914- 1986). No es precisamente un libro que termines en tres días porque hay que cerrarlo después de cada historia.

Una de ellas, Kew Gardens, me conmovió especialmente porque hablaba de Virginia Woolf: de cómo recibía las críticas a su obra (escribió veintiún libros cuyas reseñas la asustaban), su carácter (mira que soy melancólica de nacimiento), sus cartas a Leonard (no creo que haya habido dos personas más felices que nosotros) y sus simbolismos (en cuanto a “Al faro”, no tengo ni idea de qué significa, si es que tiene un significado).

En Lluvia de primavera hay un personaje con síntomas parecidos a los de Amy F.F.: George tenía una de sus noches de insomnio. Le sucedía después de acabar de leer una novela interesante, y se quedaba despierto imaginando que todas esas cosas le pasaban a él. Y el río Hudson es tan desmesurado como en otras novelas de contemporáneos como Isaac Bashevis Singer, parece que vean en él las turbulencias que dejaron en Europa: Un viento húmedo cruzaba el oscuro Hudson procedente de Nueva Jersey, impregnado del olor de la primavera. 

Pero la mayoría de los relatos hablan de los pequeños comerciantes judíos de Brooklyn recién llegados de Europa tras la Segunda Guerra Mundial: de las penurias de los tenderos (desde que el supermercado A&P se había instalado en el barrio, vendía la mitad que antes -La tienda de ultramarinos), la pérdida de una lengua (para muchas de esas personas, que se expresaban muy bien en su idioma, la mayor pérdida era la del lenguaje: no poder decir lo que querían. Se te ocurre un pensamiento sutil y te sale como un trozo de botella rota -El refugiado alemán-) o los miedos que impregnan la piel hasta la tumba (desde la guerra, los judíos se quedan en casa. Todo el mundo sale a pasarlo bien para olvidar sus problemas, pero los judíos se quedan en casa preocupados. La Segunda Avenida parece una tumba -Función benéfica-).

Me gusta menos cuando ambienta en Italia relatos que parecen ensoñaciones: Le gustaba el pueblo de tejados rojos de Pallanza, en la otra orilla, y sobre todo las cuatro hermosas islas que había en el lago, diminutas pero rebosantes de palacios, altos árboles, jardines, estatuas [...] Qué belleza de nombres: Isola Bella, dei Pescatori, Madre y del Dongo [...] Abajo, en las verdes y sinuosas planicies de Piamonte y Lombardía, se desperdigaban siete lagos, siete espejos que reflejaban el destino de alguien. ¿De quién? Y a lo lejos, muy alto, se alzaba el anillo de los asombrosos Alpes cubiertos de nieve (La dama del lago).

Leyendo La muerte en mí me acordé mucho del Tenement Museum de Nueva YorkMarcus era sastre desde mucho antes de la guerra, un hombre optimista con una tupida mata de pelo grisáceo, cejas finas y frágiles y manos benevolentes, que había entrado en el ramo de la confección relativamente tarde. Como su mala salud también había prosperado, por decirlo de algún modo, se había visto obligado a contratar a un ayudante que trabajaba en la trastienda haciendo arreglos pero este, cuando las prendas se amontonaban, no podía dedicarse a la plancha, así que se hizo necesario contratar a un planchador; por tanto, aunque la tienda funcionaba, no iba muy bien. 

Brooklyn, de Colm Tóibín

Posted on | abril 1, 2014 | 1 Comment

Brooklyn, de Colm TóibínSe lee rápido y no merece más de diez subrayados. Brooklyn (2009), de Colm Tóibín, va directo a mi lista de lecturas ligeras.

Nunca un relato de la inmigración fue tan jovial. La protagonista es Eilis, que en los años cincuenta del siglo XX se marcha a trabajar a Estados Unidos porque la economía familiar se resiente tras la muerte de su padre. Apenas tiene personalidad ni metas importantes en la vida.

Lo que más le gustaba de América, pensaba Eilis esas mañanas, era que mantuvieran la calefacción encendida toda la noche.

En Brooklyn (Nueva York), Eilis trabaja en unos grandes almacenes y vive con varias chicas irlandesas en casa de Mrs Kehoe. En esos dos ambientes descubre la modernidad:

Todas sus compañeras de piso, excepto Dolores, y algunas chicas del trabajo iban a ir a ver “Cantando bajo la lluvia”, que se iba a estrenar.

Mrs Kehoe preguntaba a los otros dos si debía comprar un televisor para hacerle compañía por las tardes. Le preocupaba, decía, que se pasara de moda y se fuera a quedar con él. Tanto Tony como el padre Flood le aconsejaron que comprara uno, y eso solo sirvió para que insistiera más en que no había garantía de que fueran a seguir haciendo programas y no quería arriesgarse. “Cuando todo el mundo tenga uno, yo me compraré uno”, dijo.

Después de mucho leer sobre la comunidad judía de Nueva York, este libro retrata la irlandesa:

“Partes de Brooklyn”, respondió el padre Flood, “son iguales que Irlanda. Están llenas de irlandeses”.

Con alguna incursión en la italiana:

Diana y Patty le habían advertido de que nadie se cambiaba en la playa en Italia. Los italianos se habían llevado a América la costumbre de ponerse el bañador debajo de la ropa antes de salir, evitando el hábito irlandés de cambiarse en la playa, lo cual era, según Diana, poco elegante e indigno, como mínimo.

Tony brillaba a pesar del hecho de que su familia vivía en dos habitaciones o que trabajara con sus manos.

Eilis está inspirada en una mujer de Enniscorthy, la localidad natal de Tóibín, y tal vez por eso el personaje parece algo velado, como si se resguardara su intimidad. A mitad de la novela parece que empieza la tensión -¿volverá Eilis a Brooklyn después del viaje inesperado a Irlanda o se quedará allí como si los días en América hubieran sido un sueño?-. Pero al final la decisión da igual, la tensión se difumina y el desenlace es tan ligero como todo el libro.

Lo que más he disfrutado es la escapada dominical a Coney Island para pasar un día de playa y luego comer perritos en Nathan’s. ¡Cuántos recuerdos!

Un templo, una falda, Sicilia

Posted on | marzo 25, 2014 | 1 Comment

Poppy Delevingne vestida de Dolce & Gabbana.Al ver la foto de la izquierda me acordé de Segesta y su templo entre margaritas. Como resultó que la falda era de Dolce & Gabbana, pensé que efectivamente podrían haber sacado de ahí la inspiración, porque siempre hay algo de Sicilia en sus creaciones.

Dolce & Gabbana, primavera-verano 2014 Dolce & Gabbana, primavera-verano 2014

Entonces me fui a Style.com y repasé la colección de esta primavera-verano y me pareció ver también las ruinas de Selinunte y de Agrigento.

Dolce & Gabbana incluso con pistas tan claras deja algo a la imaginación, no como Rodarte en su homenaje a Star Wars.

Malamud y los chimpancés

Posted on | marzo 22, 2014 | 1 Comment

La gracia de Dios, de Bernard MalamudMe gustaría ser la última persona sobre la faz de la Tierra y ver cómo lo resolvería. 

Leí este comentario de Vivienne Westwood y poco después la idea volvió en La gracia de Dios, la novela que publicó Bernard Malamud en 1982. Es una mezcla de El planeta de los simios, las obras de Jane Goodall – en los agradecimientos está In the Shadow of Man- y Apocalipse Now.

A mí cuesta engancharme con productos de ciencia ficción, pero Malamud lo consigue porque llegado a un punto de la novela lo mismo da que hable de hombres que de chimpancés. El planteamiento es el siguiente: la raza humana desaparece y el paleólogo Calvin Cohn logra sobrevivir a bordo de un velero oceanográfico y desembarcar en una isla habitada por chimpancés. La elección de su especialidad es un poco forzada, pero al fin y al cabo Malamud juega con el concepto de “elegido” y dominar las lenguas antiguas no viene mal para la misión que emprenderá.

El Holocausto, la forma en que sacó a la bestia que hay en los hombres, pesa sobre cada decisión de Cohn, que es judío:
Isaac salvó la vida y fue sustituido en el holocausto por un carnero enredado por los cuernos en un matorral, afirmando de esa manera la idea de sustituir, en los sacrificios, al humano por un animal. Ello revela sobre la naturaleza del hombre…, sus fantasías de muerte que se hacen realidad en la muerte del hombre por el hombre… Deudos o extraños por multitudes…, por el más estúpido de los motivos.

Considerando inferiores a los chimpancés, pese a que algunos ya empiezan a hablar, Cohn se proclama líder:
Me llamo Calvin Cohn, y supongo que podéis considerarme como vuestro protector, si os gusta la idea. Quiero que todos vosotros sepáis que no me interesa, en modo alguno, el poder personal; sólo quisiera imprimir al esfuerzo común cierta dirección razonable.

Está convencido de que solo él sabe lo que es mejor para la manada:
Yo soy el Simio Alfa de todos nosotros. Y esto es una advertencia para que todos se mantengan alejados de mi chica.

Cohn, en cierta época, había sustentado la teoría de que la evolución podía producir una explosión moral a través de una criatura dotada, Homo ethicalis; pero el hombre, tal como era, llegó allí primero con un tipo diferente de explosión.

Quiere que la  lengua común sea la suya:
Lo que esperaba que comprenderíais es la necesidad de hacer un decidido esfuerzo para aprender una lengua común, de forma que podamos comunicarnos. Digamos que solo conociendo la palabra se puede divulgar la palabra.

Incluso redacta unos mandamientos:
Las admoniciones de Cohn, ya que había decidido prescindir del vocablo Mandamientos, eran como sigue:

1. Hemos sobrevivido al fin del mundo; por lo tanto, amamos la vida. No matarás.
2. Nota: Dios no es amor, Dios es Dios. Recordadle.
3. Ama a tu prójimo. Si no puedes amar, sirve… a los demás, a la comunidad. Recuerda la obligación de buena voluntad.
4. La vida como vida tiene igual valor, no así las ideas. Asiste a la Escuela Arbórea.
5. Benditos sean quienes dividen el fruto equitativamente.
6. El altruismo es posible aunque no probable. No dejes de intentarlo. Ved el número 3.
7. La aspiración puede mejorar la selección natural.

Pero la historia termina de la forma más salvaje, los chimpancés deciden que son capaces de elegir su destino y lo resuelven violencia, sacrificando a los inocentes.

El hombre  y la bestia habían perecido pero no así las flores. Se había comprometido con su propia conciencia a no comer jamás lo que fuera antaño una criatura viviente.

Sobre libros de crianza

Posted on | marzo 15, 2014 | No Comments

Tú eres la mejor madre del mundo, de José María ParicioNo hay tiempo en una vida para leer todos los libros buenos, y aun así me paso un año leyendo ese producto repetitivo y paternalista que son los libros de crianza. Googleando encuentras lo mismo.

Las biblias las he leído todas salvo Duérmete niño y similares. De la mayoría no recuerdo nada porque me encontraba en un estado similar al de los vuelos: tan emocionalmente impactada que una vez en tierra se me ha olvidado todo. Sí puedo decir que el gurú Carlos González me cae mal, no lo puedo remediar. Y a pesar de ello lo leí, que no se diga. Luego vi que lo que él cuenta te lo recita cualquier matrona de la pública o la privada, y lo sé porque casi hice triplete de preparaciones al parto y me las vi con varias consultoras de lactancia.

Resumiendo: el único libro que recuerdo con cariño es el último que he leído, Tú eres la mejor madre del mundo (2013), de José María Paricio. Este pediatra es el impulsor de e-lactancia, la  web de referencia para consultar qué medicamentos son compatibles con la lactancia. Creo que me ha gustado porque es el único que me ha dicho lo que quería escuchar.

Comparto lo que más me ha gustado sobre los temas recurrentes de este último año y medio:

Los consejos no solicitados:
Nunca osaría dar yo consejos a ninguna mujer, sobre todo acerca de las cosas importantes de la vida, como son la familia, la crianza, los hijos…

El sentimiento de culpa de las madres:
Si usted está pensando que algo ha hecho mal o que tiene la culpa de esto, quíteselo de la cabeza: le aseguro que usted no tiene la culpa, ni de esto ni de nada, usted es su madre y lo quiere tanto que cree, como muchas otras, tener la culpa.

Lo difícil que es separarte de tu bebé:
Intentemos decirle a una mamá gorila o a una mamá leona recién paridas que nos llevamos a su cachorro, solo un momento, “es para pesarlo o lavarlo, solo será un momento…”: estamos muertos de un zarpazo a menos de dos metros de aproximación [...] He visto y hablado con suficientes madres de recién nacidos ingresados para saber que prácticamente ninguna está tranquila si no ve a su hijo.

La lactancia:
Si todo ha fallado, si crees que has llegado al límite, si no estás disfrutando de tu lactancia, si lo negativo pesa más que lo positivo y no ves salida, toma la decisión, yo, personalmente te apoyo; entre una semana de lactancia y ninguna, más vale una; un mes y medio es mejor que uno y uno mejor que ninguno. Hasta donde tú decidas estará bien, hasta donde tu bebé pueda será lo mejor.

Los nuevos roles en la familia:
Tener un bebé es la  oportunidad de “enterrar” metafóricamente, sentimentalmente, a los propios padres; ya no eres la hija, ahora eres la madre; ya no eres el hijo, ahora eres el padre. Todos tenemos la  necesidad de cortar un día ese cordón umbilical que nos ata a nuestra madre, a nuestro padre, de autoafirmarnos como seres adultos. Ha llegado el momento, y si no lo entendemos y asumimos bien, volver al hogar materno o paterno, o a compartir espacios, se puede convertir en una pesadilla aunque algunos que lo ven desde fuera piensen que son nimiedades. No lo son.

El tipo de ayuda que necesitas con el recién nacido:
Quizá con buena intención os ofrezcan cuidar un rato a vuestro bebé para que descanséis o salgáis un poco u os dé algo de el aire a solar, no sé. Es posible que no sea una buena idea, que digáis que sí y antes de 5 minutos estéis ya arrepentidos y con miedo de no verlo, de no tenerlo, de que le pueda pasar algo. Parece mentira lo protectores que os sentís. Hay cosas más prácticas que hacer; seguro que puede haber una pila de cacharros sin fregar de mucho cuidado o una barridita olvidada no vendría mal.

La reicorporación al trabajo:
Has alargado el día de tu reincorporación lo máximo que te dejan las cicateras leyes de tu país y tienes ganas de llorar. Llora todo lo que necesites llorar, pero tenlo claro: tú eres no eres una mala madre, vives en un mal país y los hay peores.

El respeto y cariño hacia los  niños:
Así pues, ¿cómo debemos tratar a los niños y por qué? Para mí está claro que con cariño, con respeto, pero ¿por qué? Más de una madre me lo ha dicho y no es preciso que tuviese estudios: porque lo quiero, porque se lo merece, porque es lo mejor del mundo, porque sí.

¿A qué cosa te gustaría poner tu nombre? – Libros de Nora Ephron (I): No recuerdo nada y otras reflexiones

Posted on | enero 10, 2014 | 1 Comment

Si pudieras dar tu nombre a algo, ¿qué sería? El juego lo proponía Nora Ephron  (1941-2012) en su último ensayo, el divertido y afiladísimo No recuerdo nada y otras reflexiones (2010). A mí se me ocurren bastantes cosas: un volcán, un chocolate fondant, un vestido, una clase de tomate, un detergente, un risotto, una coca, un merengue… ¡cuánta comida!

Cuando murió Nora Ephron me leí todos sus libros. Como dice Elvira Lindo, honro a los muertos dejando que ocupen mi mente durante un rato (no recuerdo de qué libro, artículo o entrevista saqué esta cita). Además de directora (Algo para recordar, Tienes un email, Julie & Julia), guionista (Cuando Harry encontró a Sally) y novelista (Heartburn -Se acabó el pastel-) de éxito, Ephron fue chica del correo, clipper y fact checker en Newsweek, reportera del New York Post, articulista sobre el papel de la mujer en la sociedad estadounidense en Esquire, autora teatral, blogger y hasta becaria de John F. Kennedy.

Su forma de pensar está recogida en varios ensayos, a cual más chispeante. En I Remember Nothing and Other Reflections habla sobre el periodismo, las lagunas de la memoria, Nueva York, la madurez o una de sus grandes pasiones, la cocina, que le llevó a dirigir Julie & Julia, inspirada en la chef televisiva Julia Child. Incluye su famosa lista de las cosas que echaría de menos al morir y las que no. Decenas de medios la reprodujeron cuando publicó el libro y sobre todo cuando nos dejó:

Lo que no echaré de menos:
La piel seca
El email
Mi armario
Lavarme el pelo
Los sujetadores
Los funerales
La enfermedad acechando por todas partes
Las encuestas que dicen que el 32% de los americanos son creacionistas
Las encuestas
Fox TV
El colapso del dólar
Las flores muertas
El ruido de la aspiradora
Las facturas
El email, ya lo he dicho pero quiero enfatizarlo
El cuerpo de letra pequeño
Las conferencias sobre la mujer en el cine
Desmaquillarme por la noche 

Lo que echaré de menos:
Mis hijos
Nick
La primavera
El otoño
Los gofres
El concepto de gofre
El bacon
Pasear por el parque
La idea de pasear por el parque
El parque
Shakespeare in the Park
La cama
Leer en la cama
Los fuegos artificiales
Las risas
Lo que se ve por la ventana
Las luces navideñas
La mantequilla
Una cena en casa para nosotros dos solos
Cenar con amigos
Cenar con amigos en ciudades en las que ninguno vivimos
París
El año que viene en Estambul
Orgullo y prejuicio
El árbol de Navidad
La cena de acción de gracias
One for the table
The Dogwood
Darme un baño
Atravesar un puente hacia Manhattan
Las tartas

Como anuncia el título, un tema recurrente en el ensayo es la memoria cuando falla:

Llevo años olvidando cosas, por lo menos desde que estaba en la treintena. Lo sé porque ya escribí entonces sobre ello.

Me gusta la crítica que hace de esos libros cuyo título es tan poco específico que no hay forma de recordarlo:

“Revés de la fortuna”: ¿cómo puede alguien acordarse de ese título? No tiene que ver con nada.

Y es cómico ver que no recuerda nada de personalidades a las que tuvo la suerte de conocer:

Algunas personas que he conocido de las que no recuerdo nada: Groucho Marx, Ethel Merman, Jimmy Stewart, Alger Hiss, el senador Hubert Humphrey, Cary Grant, Benny Goodman, Peter Ustinov, Jacqueline Kennedy Onassis, Robert Morley, Dorothy Parker.

Pero también toca uno de sus temas preferidos, el periodismo:

Elegí el periodismo. No tengo ni idea de por qué. Debió de ser en parte por Lois Lane, y en parte por un libro maravilloso que me regalaron unas navidades, titulado “El tesoro del gran periodismo”.

He aquí la esencia del periodismo: realmente llegas a pensar que vives en el centro del universo y que ese mundo de ahí fuera está en vilo esperando la próxima entrega de cualquiera que sea la publicación para la que escribes.

No sabía mucho sobre nada, y estaba en una profesión en la que no lo necesitaba. Me encantaba la rapidez. Me encantaban los titulares. 

Habla sobre su ciudad, Nueva York (aunque creció en Beverly Hills):

El agente de la inmobiliaria nos aseguró que el sur del Village era un barrio en alza, a punto de estar de moda. Esto no fue cierto hasta veinte años después, cuando la zona ya se llamaba SoHo y yo me había marchado tiempo atrás. 

Sobre los errores de ambientación en las películas:

Hay una cosa que me repatea cuando veo películas que transcurren en los cincuenta o primeros sesenta: la gente no para de decir “joder”. Creedme, nadie usaba esa palabra como ahora. Y os diré algo más: entonces no se bebía vino. Nadie sabía de vinos. De acuerdo, algunos sí, obviamente, pero la mayoría de la gente tomaba licor durante todo el día. Hace poco vi una película en la que la había pizza para llevar en 1948 y casi me volví loca. No había pizza para llevar en 1948. Apenas había pizza, y apenas había nada para llevar. Son algunas de esas cosas completamente inútiles que sé y que ocupan demasiado espacio en mi cerebro.

Sobre la mujer de antes y sobre su madre en particular, que se hizo alcohólica cuando Nora tenía 15 años:

Las reglas de mi madre: nunca te compres un abrigo rojo; la carne roja evita que te salgan canas; las fajas arruinan los músculos del estómago; los medios y el fin son lo mismo.

La tía Minnie de mi madre fue la primera mujer dentista de la historia mundial.

Sobre la paternidad y la familia:

Por mi experiencia sé que nadie excepto tus mejores amigos se interesa de verdad por tus hijos. 

Siempre piensas que un relámpago va a hacer que mágicamente tus padres se conviertan en las personas que te gustaría que fueran, o que volvieran a ser los que eran.

Sobre el pelo en la madurez:

Los remolinos han vencido, y crean un hueco pequeño que no llega a ser una calva. Está ahí cuando me levanto; entonces lo arreglo y desaparece. Y un par de horas después vuelve a aparecer. 

Sobre libros:

Casi todos los libros que se publican como memorias se escribieron inicialmente como novelas, pero el agente/editor dijo: “Funcionaría mejor como memorias”. 

Sobre la comida:

Una tortilla fabulosa lleva dos huevos enteros y una yema extra, y por cierto, lo mismo sirve para los huevos revueltos.

Me encanta la sal, la adoro [...] Antes había siempre sal en la mesa. Ahora la mayoría de las veces no hay. La razón está en que el chef de esta forma expresa enérgicamente que la comida está aliñada correctamente [...] Me ofende que pedir sal parezca una agresión hacia el chef, cuando es justamente lo contrario. Cuando hay sal en la mesa no es lo que yo considero sal. Es lo que se conoce como sal marina, lo que solía llamarse sal kosher, pero ese nombre ya no es glamouroso.

Antes si necesitabas una cuchara para un postre te daban una cucharilla. Eso se acabó, y es una pena [...] El postre quieres que dure. Quieres saborearlo. Y no puede durar si te dan una cuchara enorme para tomarlo.

Sobre el fracaso:

Un par de mis fracasos al final resultaron éxitos de culto, lo que es tu última esperanza para un fracaso, pero la mayoría de mis fracasos se quedaron en fracasos. 

Los fracasos se quedan contigo de una forma que nunca lo hará un éxito. Te torturan. 

Lo principal que aprendes de un fracaso es que es perfectamente posible que tengas otro. 

Y algunas frases con sabor a despedida:

Tomas tantas pastillas por la mañana que no te queda sitio para el desayuno.

Todo el mundo se muere. No puedes hacer nada contra eso. Comas o no comas seis almendras al día. Creas o no creas en Dios.

Asumir que puede que solo me queden unos pocos años buenos me ha golpeado con fuerza.

Mi idea de un mundo perfecto es una natilla helada en Shake Shack y un paseo por el parque (seguido de un Lactaid). Mi idea de una noche perfecta es una buena función teatral y una cena en Orso (pero sin ajo, o no podré dormir).

Siempre estábamos allí a finales de junio, mi época del año favorita, cuando el sol no se pone hasta las nueve y media de la noche y te sientes como si fueras a vivir para siempre. 

Las mejores comidas que he probado

Posted on | noviembre 30, 2013 | No Comments

Basta que no tenga tiempo ni ganas de cocinar para que no deje de pensar en comida, hasta tal punto que me he entretenido haciendo una lista de platos memorables:

El mousse de gofio de El Silbo, en Hermigua, La Gomera.   Mousse de gofio #canarias #gomera #yummy

Las cookies de chocolate de los amish del condado de Lancaster, en Pensilvania.

Galletas de chocolate hechas por los Amish, im-pre-sio-nan-tes. ¡Qué generosos con el chocolate!

La raya a la mantequilla negra de La Tasquita de Enfrente, en Madrid.

El rissotto Joselito de Rita & Champagne, en Madrid.

Los gnocchis con salsa de pistacho de la Taberna Sveva de Siracusa, en Sicilia. Gnocchis con salsa de pistachos en la Taberna Sveva de Ortigia, Siracusa

El chuletón de buey de El Molino de la Losa, en Ávila. Chuletón de buey en El Molino de la Losa (Ávila)

Comida griega en Grecia… y en especial en un restaurante rural de Creta bajando de Knossos o Festos (no recuerdo bien).

El batido de chocolate de Shake Shack (en concreto probé el del Upper West), en Nueva York.

 La paella y el salmorejo de casa.

Los huevos benedictine de Ellenborough Park, en los Cotswolds. Ellenborough Park, Cheltenham

La tarta de queso desestructurada de Gin Table Bistro, en Madrid.

La hamburguesa que “diseñé” en el The Counter de Times Square, Nueva York. Mi hamburguesa en The Counter: leva cebolla caramelizada, huevo y pollo :)

Los tomates de El Qüenco de Pepa, en Madrid.

El jamón asado de El Rodri, en Motril. Jamón asado #motril #tapas #jamon #ham

La napolitana de chocolate de La Mallorquina, en Madrid.

Y para rematar la tarde un café y napolitana en La Mallorquina en Sol#fb

La leche merengada de Aquilino, en La Vall d’Uixó.

La sopa de pescado de Gamla Rif, en la península de Snaefellsness, en Islandia.

Comiendo cerca de Skogar El puré de patatas con setas de Ai Gondolieri, en Venecia. Puré de patatas con setas, el mejor puré que he tomado! #venecia #venice

El gofre de chocolate que vendían en Mister Gofre, en la calle del Carmen de Madrid. Cerraron hace años.

El yakitori que tomé en un establecimiento a la entrada a Fushimi Inari, en Japón. Comida en tatamis en Fushimi-Inari. ¡Yakitori!

La entraña de ternera de El Camoatí, en Madrid.

El pan bimbo con nocilla. Tiene que ser un pan de bolsa recién abierta, y cantidades generosas de nocilla para que aprietes y se derrame por los lados.

Alfred y Emily, de Doris Lessing

Posted on | julio 4, 2013 | No Comments

Qué me entusiasma de Doris Lessing (Kermanshah, Persia, 1919): su habilidad para traer al presente cosas que se ha demostrado que no eran para tanto; y la forma de convulsionarnos recordando momentos que parecieron insignificantes. Lo descubrí en El sueño más dulce, que comentaré otro día, y después en Alfred y Emily (2008), novela en la que imagina cómo hubiera sido la vida de sus padres de no haber estallado la Gran Guerra (1914-1918).

Lo que consigue Lessing en las 288 páginas Alfred y Emily es que apartes el libro a menudo para desempolvar, revivir y asimilar el pasado o simplemente comulgar con ella en sus implacables reflexiones.

Por ejemplo, sobre la experiencia bélica como obsesión de una vida:

Hay dos clases de soldados: los que no pueden dejar de hablar de su guerra y los que se callan y jamás dicen una palabra de ella. Mi padre sabía que su discurso obsesivo sobre las trincheras era una forma de liberarse de los horrores.

… sobre la guerra como época feliz (sic). Suena raro, ¿pero no tiene cada persona, familia o grupo su época dorada? La reconocerás porque todas las conversaciones acaban hablando de ella.

Cuando los pacifistas, o las personas que intentan poner freno a la guerra, deciden olvidar que algunos hombres disfrutan profundamente del conflicto, cometen un gran error. Ya en tres ocasiones he oído a hombres hablar sobre un pasado feliz junto a sus compañeros del frente. Lo tienen todo en común.

… sobre la maternidad y sus claroscuros:

Nuestras madres eran mujeres que deberían haber estado trabajando, que deberían haberse ocupado, que deberían haber tenido algún interés en la vida que no fuéramos nosotras, sus atormentadas hijas.

Estar encerrada en un espacio reducido con un niño hiperactivo durante cinco días ocupa un lugar bastante destacado en mi lista de experiencias desagradables.

… sobre lo que no es como lo vimos de pequeños:

Ya era adolescente cuando vi realmente la casa, cuando la comprendí… Una niña no ve más de lo que puede entender.

… sobre los terrenos que dejan de cultivarse. Por un lado te deslumbra su frondosidad, porque nunca los viste así, pero por otro extrañas esa familiaridad de los huertos que han pasado de generación en generación:

Con el abandono, las tierras vuelven al monte.

… sobre la muerte de la novela:

Creo que la eterna proclama “La novela ha muerto” se produce porque ninguno de nosotros ha escrito nada tan bueno como “Guerra y paz”, “Anna Karenina” o las obras de Dostoievski.

… sobre ese alimento diabólico que se llama azúcar:

A lo largo de mi vida he visto cómo todos y cada uno de los alimentos han sido alabados por ser esenciales y despreciados por ser malos; aunque el azúcar siempre ha sido malo, malísimo.

… sobre el origen turco del corte de pelo emblemático de los felices años 20:

La melena al estilo garçon o el cabello corto que llevaban sus elegantes amigas se habían puesto de moda por las revueltas y guerras civiles que habían supuesto el final de los Habsburgo. Los sublevados y rebeldes llevaban el cabello muy corto. Turquía, que sufría el mismo caos de rebeliones, aportó al mundo de la moda los peinados que supuestamente estaban inspirados en la imagen popular que se tenía de los harenes.

… y sobre lo que recordaremos cuando seamos ancianos. 

Podemos estar con personas ancianas, o con quien ya tiene cierta edad, y no sospechar nunca que tras esos rostros se ocultan continentes enteros de experiencia. Lo mejor para entenderlo es ser anciano uno mismo, cuando no uno de esos avispados niños con una sensibilidad especial por haber aprendido a permanecer vigilantes, sabedores de que una mirada, un mínimo gesto, puede convertirse en recompensa o premio. Dos personas ancianas son capaces de intercambiar una mirada en la que las lágrimas están implícitas, o la frase “¿Te acuerdas de cuando…?” señala algo que ha valido la pena recordar durante treinta años. Incluso un tono específico de voz, cálido o airado, puede ser sinónimo de un amorío o una enemistad que duró una década. Al escribir sobre los progenitores, hasta los hijos más atentos pueden perderse verdaderas joyas.

Ya me gustaría saber de alguna técnica para retener momentos que no sea hacer fotos o grabar vídeos. Lo resume con mucho almíbar esta canción de Abba capaz de hacer llorar a un bebé (comprobado) y que habré escuchado doscientas veces en los últimos meses (versión con subtítulos en español):

Harriet Beecher Stowe

Posted on | junio 29, 2013 | No Comments

Harriet Beecher Stowe

Cuando entra en reposo, el kindle muestra al azar imágenes de grandes de las artes y las ciencias. Uno de ellos es esta señora a la que te imaginas entrando en la parroquia en Solo ante el peligro. Es Harriet Beecher Stowe (1811, 1896), ferviente abolicionista que escribió La cabaña del tío Tom (1852) y uno de esos casos en los que el nombre del autor es borrado por el peso de un título emblemático.

Las lágrimas más amargas que se derramarán sobre nuestra tumba serán las de las palabras no dichas y las de las obras inacabadas.

Como curiosidad, en un encuentro con Lincoln en 1862 él comentó: ”¡Así que tú eres la pequeña mujer que escribió el libro que inició esta gran guerra!”.

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