Terapia epistolar
Casi todo el mundo intenta alguna vez escribir una carta de suicida, tanto si tiene talento para escribirla como si carece de él. Lo que importa es la carta. La terminamos, y luego continuamos nuestro viaje a través del tiempo.Lo cuenta Martin Amis en El Mundo. Son esas cartas no enviadas sobre las que llegó a haber un blog hace años (¿existe todavía?).
Es como esos emails de ajuste de cuentas que todas (no sé si todos) hemos escrito. Al principio los envías sin pensártelo dos veces, años después los editas para eliminar las salidas de tono, y cuando has ganado autocontrol los dejas reposar unos días en la carpeta de borradores y luego los borras.
Yo nunca he escrito una carta de suicida, ¿qué motivos iba a poner? Ninguno tiene bastante peso, por más que, como me contó Nreska, pertenezca al grupo social que más suicidios registra con diferencia.
Etiquetas: martin amis
