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La hormiga remolona Posts

Zapatos rectos: ni izquierdo ni derecho

Sandalias de Tutankamon

Había leído en varias ocasiones que hasta mediados del siglo XIX los zapatos se hacían “rectos”, es decir, no había diferencia entre el del pie izquierdo y el del derecho. Lo comentaba incluso Joyce Caroll Oates en este extenso artículo sobre las últimas horas de su marido.

Zapatos rectos rococó (s. XVIII)

Pero luego he visto que ya los egipcios hacían zapatos para cada pie, y que las necesidades y las modas han ido y venido hasta que por fin en 1818 se fabricó en Filadelfia el primer par de zapatos con horma diferente para cada pie.

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La vejez y la niñez: un tiempo de asombro

Gloria Steinem comenta a sus 82 años:

Lo más duro para mí fueron los 50, porque es el final de la mitad de la vida. En términos de género, los 60 fueron como un nuevo mundo. A la sociedad ya no le interesas demasiado, porque realmente todo lo basa en criar niños, así que eres libre. Los setenta fueron sobre la mortalidad. Y los 80 todavía más. 

Recuerda una observación hecha en las culturas nativas americanas, según la cual la vejez es como la infancia: un tiempo de asombro. Tanto una como otra están muy cerca de lo desconocido.

 

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Cuándo dejar de escribir sobre los hijos

¿Cuántos blogs sobre crianza puede haber? Elizabeth Bestos tenía uno, pero ahora escribe sobre naturaleza urbana.

¿Por qué? Se dio cuenta de que estaba exponiendo la intimidad de sus hijos. Al llegar el mayor a la pubertad no le quedó más remedio que cambiar de tema.

Lo cuenta aquí.

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Qué son los latkes

Siempre los he probado, sin saber qué son, en los bufets de desayuno de los hoteles. Los latkes son unas tortitas de patata que se cocinan en Hanukkah, la fiesta de las luces judía, que suele caer en fechas próximas a la navidad. Celebra la victoria de los judíos macabeos frente a los griegos en el 165 a.C.

Es habitual tomarlos con crema agria o compota de manzana. Los he probado crujientes, finos, gruesos, compactos, sueltos… Ahí va la receta de los latkes.

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El bilingüismo de Martha’s Vineyard

Martha’s Vineyard nos suena por haber sido destino de vacaciones de varios presidentes americanos, porque allí se estrelló la avioneta de John F. Kennedy Jr. y como localización del primer Tiburón (esto último lo acabo de saber). Pero esta isla frente Cape Cod, Massachusetts, también se estudia porque durante mucho tiempo fue testigo de un particular bilingüismo: el de la lengua hablada y la de signos.

Martha’s Vineyard

La endogamia y la intervención de un gen traído por los primeros colonos ingleses llevaron al nacimiento de muchos sordos en la isla. Tantos que hasta los no sordos empezaron a hablar con señas incluso cuando no era necesario, usando la variedad propia del lugar, conocida como MVSL (Martha’s Vineyard Sign Languaje). Con la afluencia de turistas dejaron de formarse parejas entre los descendientes del gen, y el último sordo nació en la isla en los años cincuenta del siglo XX.

Un detalle curioso de la lengua de signos estadounidense es que, contrariamente a lo que esperaríamos, se parece más a la que se usa en Francia que a la británica. El origen está en la labor del pedagogo francés Laurent Clerc, fundador de la primera escuela para sordos de Estados Unidos en 1817 en Hartford, Connecticut.

 

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Nick Hornby: Tres novelas

Las madres solteras -brillantes, atractivas, disponibles, millones de ellas por todo Londres- eran el mejor invento del que Will había oído hablar. 

Cuando no quieres leer nada que contenga ni un gramo de dramatismo viene bien ponerse al día con Nick Hornby, por ejemplo. Empecé con About a Boy (1998), no sin reservas porque desde la primera línea imaginé a Will con la cara y los tics de Hugh Grant y porque no me suelen gustar los libros con niño. Pero Marcus tiene 12 años y un pensamiento articulado; te consigue interesar.

Aparte de las referencias a la música, sello de Hornby, la ambientación me ha recordado a películas como Notting Hill o Love Actually. Sobre todo esas comidas familiares en las que se sienta en la mesa un desconocido, con efecto desconcertante pero también tierno. Y la fauna: la adolescente siniestra, la madre soltera con un hijo descerebrado, el treintañero que no crece, el niño con las ideas claras, la madre divorciada y depresiva, el padre que ha rehecho su vida y no pinta nada en la vida de su hijo… Hornby nunca carga las tintas, y ni siquiera un intento de suicidio -fallido- ensombrece la historia.

Juliet, Naked (2009)

Juliet, Naked, de Nick Hornby La crítica lo ha incluido entre los álbumes clásicos sobre rupturas, a la altura del Blood on the Tracks de Dylan o del Tunnel of Love de Springsteen. 

Con Juliet, Naked me acordé esos famosos que eligen desaparecer, tipo J.D. Salinger, dejándonos una última foto robada con gesto furioso. Me costó decidirme a leerlo entero. Dudaba que fuera posible construir una historia de cierto calado a partir de un personaje (Duncan) que vive por y para seguir el rastro de un músico de rock retirado y para analizar cada acorde y cada verso de sus canciones. Era pura adolescencia, me reconocía en él y quería cerrar el libro. Pero luego pensé que alguien haciendo lo mismo por un pintor, escultor o escritor sería un reputado estudioso.

Nos juntamos a una persona porque es como nosotros o porque es diferente, y al final nos separamos exactamente por el mismo motivo. 

JD Salinger
J.D. Salinger

También en esta novela hay un retrato de la relación padre-hijo, sin pretensiones y casi azarosa. El niño es Jackson (6 años) y el padre es Tucker, un rockero retirado con hijos desperdigados por el mundo que en la madurez se encuentra educando a un pequeño y estableciendo vínculos que no tuvo con todos los anteriores. Y está Annie, novia de Duncan, un personaje que Hornby deja un poco cojo a pesar de sus esfuerzos por diseccionarlo.

High Fidelity (1995)

High Fidelity, de Nick HornbyY luego leí High Fidelity e imposible disociarla de esa película que marcó a mi generación. La gran diferencia respecto al libro es que se ambienta en Estados Unidos, y la novela en el Reino Unido:

¿Qué vino primero, la música o la tristeza? ¿Escuchaba música porque estaba triste? ¿O estaba triste porque escuchaba música? ¿Todos esos discos te convierten en una persona melancólica?

A la gente le preocupa que los niños jueguen con armas, y que los adolescentes vean imágenes violentas; nos da miedo que cierta cultura de la violencia los controle. A nadie le preocupa que los chavales escuchen literalmente miles de canciones sobre desengaños y rechazo y dolor y pena y pérdida.

La gente más infeliz que conozco, en cuanto a romanticismo se refiere, es aquella a la que más le gusta la música pop; y no sé si la música pop ha causado esa tristeza, pero sé que han estado escuchando canciones tristes más tiempo del que han vivido vidas infelices.

La música sentimental tiene esa forma de hacerte volver atrás y al mismo tiempo mirar hacia delante, de forma que sientes nostalgia y esperanza al mismo tiempo.

Lo veo todo una vez ha ocurrido, soy muy bueno con el pasado. Pero el presente no lo entiendo.

No es buena idea pretender que una relación tiene futuro si vuestras colecciones de discos son violentamente diferentes, o si vuestras películas favoritas no se fueran a hablar si se encontraran en una fiesta.

No  hay realmente canciones pop sobre la muerte, al menos no las hay buenas. Tal vez por eso me gusta la música pop, y por lo que encuentro la música clásica tan siniestra.

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Lorrie Moore: Pájaros de América

Si casi te quedas dormida pero no te duermes, es meditación.

Un libro es el soporte perfecto para ajustar cuentas con tus congéneres, y más si tus pensamientos son especialmente afilados y ocurrentes. Haces una lista de 50 cosas que no soportas de los demás y la vas dosificando, cada 4-5 páginas dejas caer una y con suerte se integra bien con la historia. También puede ser al revés: escribes y sobre la marcha surgen reflexiones demoledoras. Entonces eres un artista.

Lorrie Moore sí que hace arte en Pájaros de América (si no, por principios no hubiera terminado de leerlo). Tiene algún relato que o lo lees con un poco de distancia o sales muy, muy tocado. Si estás en una fase de tu vida en la que sólo admites las lecturas de humor y/o fantasía, ni te acerques a este libro de 2009. Tiene para todos y en particular para las extrañezas del primer mundo:

El peloteo en el mundo académico (este pensamiento es recurrente en la gran novela americana):
Tienes que entender las publicaciones académicas. Nadie lee esos libros. Simplemente, todo el mundo se pone de acuerdo en publicar lo de los otros. Es una gran estupidez en círculo. Es un acuerdo rentable y gigante. Cuando te paras a pensar en ello, probablemente viola la ley de Sherman.

La medallitis:
Cada estado por separado (Georgia, Misisipí o cualquier otro) compite por atribuirse toda clase de primicias [de la Coca Cola]: se sirvió aquí por primera vez, se embotelló allí por primera vez (primera sed, primer sorbo); es una gran batalla empresarial entre dos bandos.

El no elegir uno dónde nace:
“Estados Unidos, ¿cómo puedes vivir en ese país?”, había preguntado el hombre. Agnes se había encogido de hombros. “Tengo la mayoría de mis cosas allí”, había dicho, y fue entonces cuando sintió por primera vez el amor y la vergüenza oscura que venían del hogar como puro accidente, el lugar profundo y arbitrario que resultaba ser el suyo.

Las muchas formas de expresar el enfado:
Fueron a comer a un restaurante y  pidieron cosas diferentes, como si los tres fueran desconocidos empeñados en reivindicar sus gustos con mal genio.

Lo que nos hace buenos:
Siempre iban tonteando de aquí para allá, y mentían a sus cónyuges. Pero ¡reciclaban los periódicos!

Las excentricidades, que se atenúan cuando se perpetran en compañía:
Por la mañana fue a visitar a sus padres a Elmhurst. Habían envuelto la casa en plástico para el invierno (las ventanas, las puertas) de modo que parecía una obra de arte vanguardista. “Así la factura de la calefacción no sube tanto”, comentaron.

El miedo escénico y cómo nos domina:
Era un miedo mayor que el que se tiene a la muerte, según las revistas. La muerte ocupaba el cuarto lugar. Después de la mutilación, que era el tercero, y el divorcio, el segundo. El número uno, el verdadero miedo al cual la muerte no podía ni aproximarse, era a hablar en público.

El aprender a convivir con la soledad:
Quizá la madre nunca había manifestado afecto por Abby, la verdad es que no; pero le había dado el don de saber llevar bien la soledad, con sus terribles bandazos hacia el exterior y sus caídas suaves hacia la tranquilidad.

La utilidad de la timidez:
La timidez, dice siempre Quilty, es lo que hace que el mundo esté unido. Mejor dicho, es lo que antes hacía que el mundo  estuviera unido, lo salvaba de volverse loco con el caos. Sí, pero ahora… es otra historia.

El gap generacional cuando la educación superior llega a una familia:
Se han educado en exceso y ya no pueden hablar con sus propias madres. Eso los enloquece un poco. Literalmente han perdido la lengua materna.

Y un último apunte: ¿qué tiene la literatura norteamericana con los pájaros?

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Capri en un vestido

Alta Costura de Dolce & Gabbana para el otoño-invierno 2014/15.En las tiendas de souvenirs siempre hay alguna camiseta con la foto más representativa del lugar. Lo que no estamos acostumbrados a ver es eso mismo en un vestido de alta costura. Dolce &  Gabbana, que me ganó con sus faldas y túnicas de Selinunte, plasma ahora los Faraglioni de Capri en su Alta Moda del próximo invierno.

El vestido de las rocas no me entusiasma, pero los demás que he visto parecen historias en movimiento.

Dolce & Gabbana, Capri

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Pacific Crest Trail

El Pacific Crest Trail es una ruta de senderismo que une México con Canadá atravesando las principales cadenas montañosas de la costa oeste norteamericana. Cruza tres estados -California, Oregon y Washington- y siete parques nacionales. Cheryl Strayed la recorrió y lo cuenta en su novela Wild: A Journey From Lost to Found. La empecé a leer atraída por su experiencia y por los paisajes y me entretuve googleando cada uno. Como lectura de evasión fue fantástica: su valor artístico es casi nulo pero atrapa con esa habilidad de entretener sin esfuerzo aparente que es patrimonio de los americanos. Wild

En unos meses se estrena Wild, con guión adaptado por  Nick Hornby y protagonizada por Reese Witherspoon. Seguramente incidirá en el viaje interior de Cheryl -la muerte de su madre, un divorcio y el coqueteo con las drogas desencadenaron la aventura- más que en la ruta en sí.

Estaba muy interesada en saber a cuántos depredadores se encontraría, y finalmente los vio a todos: el coyote, el zorro, el oso pardo, el puma, la serpiente cascabel y ¡hasta a un Bigfoot! 🙂 Como compañeros de viaje llevaba tres libros -uno de ellos Mientras agonizo, de Faulkner- y montones de melodías en la cabeza, en particular Twinkle, twinkle, little star.  

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