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Para todos los públicos

Intentar expresar la inocencia, la ternura o cualquier otro concepto relacionado con la infancia es rozar el sentimentalismo, cuando no la afectación más gratuita. Sin embargo, algunos lo han hecho y han salido intactos de la experiencia. Unos ejemplos escogidos al azar:

Sylvia Plath hace un alto en su periplo autodestructivo para hablar así de bajito en Three Women:

He does not walk. He does not speak a word.
He is still swaddled in white bands.
But he is pink and perfect.
He smiles so frequently.
I have papered his room with big roses,
I have painted little hearts on everything.

Enrique Urquijo, triste y cotidiano como siempre, dijo así en Volver a ser un niño:
Los Secretos
Con la inocencia tan graciosa,
que cambia el nombre de las cosas,
con ese brillo que te quita el frío,
cuando las noches son lluviosas

Emily Dickinson, la más musical, abordó el tema con estos versos redondos:

Glowing is her Bonnet,
Glowing is her Cheek,
Glowing is her Kirtle,
Yet she cannot speak.

José Agustín Goytisolo aporta el tono grave de la experiencia en sus Palabras para Julia:

Tú no puedes volver atrás
porque la vida te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Y Bruce Springsteen deja atrás sus letras de eterno quinceañero para regalarnos esta joya en Living Proof:

Life is just a house of cards
As fragile as each and every breath
Of this boy sleepin’ in our bed

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