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Mes: Septiembre 2002

Otoño

Estaba empeñada en publicar algo sobre el otoño, y como en este caso no me convencía ninguno de los poemas de Emily, he recurrido a Sinatra. En Autumn in New York (que inspiró aquella película fantástica -por inverosímil- con Richard Gere y Wynona) hay unos versos que nos afectan:

This autumn in New York

Transforms the slums into Mayfair

Autumn in New York

You’ll need no castles in Spain

Creo que “Spain” es una palabra agradecida en inglés. Que se lo pregunten a Elton John (Daniel is travelling tonight on a plane /I can see the red tailed eyes heading for Spain) o a 10.000 Maniacs (An August day in the hills of Spain, a pair of children emerged from a cave…).

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Bitako

Esperando a Bitako

Asunto resuelto. Abandono rateyourmusic y me paso a Enetation, que en principio parece que funciona bien. Se perdieron todos los comentarios viejos, es una pena, pero al menos me libro de los “objetos no encontrados” de rateyourmusic cada noche. Fin de los off-topics : o )

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Sin comentarios

No sé si algún día volverá a funcionar el sistema de comentarios, ni si recuperaré los antiguos. Soy bastante pesimista… Si alguien sabe lo que está pasando o cómo solucionarlo, ¿me lo podría decir por e-mail? Me siento muy, muy aislada :_ o (

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Pesimismo

No sé si seré pesimista u optimista, pero veo el futuro sin el ser humano. Sobrevivirá el mundo, pero nosotros no estaremos allí para contarlo.

Algo pesimista sí que parece, ¿o no? Esto lo dice hoy en EP el historiador Felipe Fernández Armesto. Según él, es muy complicado llenar ese bache que existe entre nuestra capacidad tecnológica y nuestra capacidad moral. Además, nuestro dominio sobre el entorno no es absoluto. No controlamos las variaciones del clima, por ejemplo, y de allí pueden venir desastres casi inconcebibles.

Tengo la sospecha de que ahora no resulta tan fascinante como siglos atrás la idea de poder viajar en el tiempo hacia delante. ¿Cómo serán las personas del futuro: anoréxicas, vigoréxicas, incultas, paranoicas? ¿Habrá por fin coches inteligentes, que te salven la vida (¿por qué no ya?)? ¿A qué sabrá el melocotón? ¿Habrá madurez y muerte? ¿Habrá personas sensibles? ¿Sabrán hablar? ¿Llorarán?

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Ángeles malvados

¿Qué hubo allí, en lo alto, antes de la creación del mundo; quién era él; por qué habría sobrevivido a los que amó?

Acabo de terminar El lenguaje de las fuentes, la novela de Gustavo Martín Garzo que me recomendó la Cigarra. En ella los ángeles son malvados y gigantescos, María es manca y José hace vida de anacoreta y sobre todo sufre, y mucho. Me pregunto cómo una escritura en principio tan sencilla y poco pretenciosa puede resultar tan poética después de leer el libro, cuando la recuerdas. ¿Cuál será la receta?

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Conocernos

Ya en el siglo XIX se decía: si usted quiere saber psiquiatría, estudie un tratado, pero si lo que quiere es conocer al hombre, lea a Dostoievski o a Stendhal

Así habla hoy Carlos Castilla del Pino en EPS. No tengo muy claro si realmente se puede conocer mejor al hombre con la literatura que con la vida, a lo mejor simplemente te conoces más a ti mismo, te explicas mejor. El día a día es un montón de cabos sueltos, de conversaciones que se quedan a medias, de historias que no consiguen llegar al desenlace, y en la buena literatura a veces ocurre lo mismo, pero otras veces sí que se completa el puzzle. Y se agradece.

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Cuestión de estilo

Desde que soy periodista me he encontrado continuamente ante el reto de escribir sobre materias que desconozco. Algunas de ellas, incluso, muy delicadas. Al final te encuentras haciendo malabarismos con el vocabulario que tienes a mano para pasar de puntillas sobre detalles poco claros, y llegas a una conclusión: todo se reduce a una cuestión de estilo.

Antes no me atraía especialmente el acto de escribir. Ahora es mi juego favorito. Ajustar las palabras hasta redondear lo que quiero expresar, pasar de un registro a otro según el receptor, atreverme con materias sobre las que, sencillamente, no tenía palabras. Por eso me gustó que ayer Elvira Lindo dijera esto:

Hay escritores fieles a un estilo. Yo no soy así. Soy infiel por naturaleza. Me gusta coger los libros sin prejuicios, y lo siento por quienes los tienen. Me molesta, por ejemplo, tener que pedir perdón cada vez que pruebo algo nuevo. Lo que hago es por puro placer, como hago también los Manolitos, por pura diversión, pero al tiempo con mucha autoexigencia, porque tengo mucho amor propio y no me gusta quedarme atrás.

No sé si me explico : o |

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Goytisolo

Mi prima me ha dicho que, en momentos bajos, habría que leer siempre a José Agustín Goytisolo. He seguido su consejo y, buscando en Bajo tolerancia, he encontrado estos versos. Me pregunto qué sentiría Goytisolo cuando tuvo la necesidad de escribir esto, tal vez esa sensación de “tierra trágame” por haber hablado de más, o por haber sido demasiado vehemente. Versos así habría que tenerlos siempre a mano, para dar salida honrosa a los momentos embarazosos que a veces protagonizamos.

Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.

Me gusta justamente el plato que otro come / aburro una tras otra mis camisas / me encantan los entierros y odio los recitales / duermo como una bestia (…)

Así puedo seguir hasta morirme:
ya ves que soy lo que llaman
el clásico maníaco depresivo
.

Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate
.

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Silencio

Parece que, cuanto más hostil es el entorno, mayor es la imposición social de hablar. A lo largo del día pasamos horas en entornos sociales creados artificialmente, formados por personas a las que no elegimos, y con las que existe la obligación de hablar para no crear tensión, para que no se nos adjudiquen rarezas y para preservar la normalidad.

He pensado esto tras leer la entrevista con Javier Marías que publica El País, donde el escritor dice: Hay que tener en cuenta que no tenemos muchas cosas interesantes que contar. En un momento de la novela, el profesor afirma que raro es el día que uno se va a la cama y piensa que podría haberse ahorrado todo lo hablado.

El silencio es sospechoso, crea problemas. Una persona silenciosa puede incluso despertar la curiosidad menos sana de los demás. Pero lo cierto es que, a la larga, no cogemos cariño a alguien, ni le despreciamos, por sus palabras. Es algo más profundo y más auténtico. Pueden ayudar, claro, pero no son definitivas. Dice Marías: En el fondo todos sabemos más de lo que reconocemos. Sabemos cuándo algo se tuerce, cuándo alguien deja de quererte, cuándo estamos irritando al interlocutor… (y sin que nos lo diga con palabras, añado yo).

… y qué sensación de usar las palabras ajenas para alimentar elucubraciones propias : o (

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Vino en un barco…

Él vino en un barco, de nombre extranjero
Lo encontré en el puerto un anochecer…

En Shakespeare estará todo, pero en la copla también. He descubierto que la mayoría de las grandes coplas llevan la firma de Rafael de León, capaz de condensar grandes tragedias en un puñado de versos:

A tu vera es el sufrimiento absoluto, la mujer engañada que se ha empeñado en conseguir lo que quiere pese a las advertencias (que no mirase tus ojos, que no llamase a tu puerta, que no pisase de noche, las piedras de tu calleja…). La protagonista incluso se enfrenta a maleficios:

Ya pueden clavar puñales,
ya pueden cruzar tijeras,
ya pueden cubrir con sal,
los ladrillos de tu puerta

Algo menos profana, pero igual de dramática, la mujer de Te lo juro yo, que se da cuenta demasiado tarde de lo que ha perdido:

Por ti contaría la arena del mar
por ti yo sería capaz de matar
Y que si te miento me castigue Dios
y eso con la mano sobre el Evangelio te lo juro yo

La de Y sin embargo te quiero es la madre soltera que acuna a su niño mientras el padre sigue su vida y ni se acuerda de ella, que es capaz de cantarle eso de que se me paren los pulsos si te dejo de queré, que las campanas me doblen si te farto arguna ve:

Vives con unas y otras
y na se te importa de mi soledá;
sabes que tienes un hijo
y ni el apellido le vienes a da

Igual de difícil lo tiene La Zarzamora, que tenía fama de mujer de hielo hasta que cayó en las redes del hombre menos adecuado:

Lleva anillo de casao, me vinieron a decir
Pero ya le había besao y era tarde para mí

El premio a la copla más cinematográfica, a poca distancia de Tatuaje, se lo lleva Ojos verdes, ese canto al one-night-stand que en su día fue censurado por su apología de la “mancebía”. ¿Qué es lo que ocurre entre el protagonista de Ojos verdes y la serrana? Los últimos versos lo explican todo:

Subí a mi caballo y un beso te di
y nunca otra noche más bella de mayo
he vuelto a vivir

Rafael de León firma también uno de los mejores versos de la copla en Ay pena penita pena, un canto de pena por el amado que está entre rejas:

Me duelen los ojos de mirar sin verte
reniego de mí
Que tienes la culpa de tu mala suerte,
mi rosa de abril

Y, para terminar, el gran himno al fetichismo, que no es de Rafael de León sino de Oliveros, Castellví y Padilla: El relicario:

Pisa morena, pisa con garbo
que un relicario, que un relicario me voy a hacer
Con el trocito de mi capote
que haya pisado, que haya pisado tan lindo pie

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