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Mes: Octubre 2002

Cursilería

La mujer se mueve por el oído, el hombre por la vista. Así, las mujeres, que son en su mayoría las que leen, buscan palabras seductoras, que la seduzcan, y esto hace triunfar al hombre. Y cada vez más se demanda literatura de ternura o ternurista incluso. En esta novela hay sentimientos, pero efectivamente me aterra como autor caer en la cursilería, soy muy puritano. Creo que la literatura debe buscar la verdad, y la cursilería es un engaño que oculta la verdad.

Así habla hoy Suso de Toro sobre su nueva novela. ¿Alguna se da por aludida en eso de que buscamos palabras seductoras?

Pero sí es verdad que se oculta engaño detrás de la cursilería, creo. Vuelvo al diccionario de la RAE, que dice que es cursi la persona que “presume de fina y elegante sin serlo”. Es que la cursilería en la palabra no puede ser natural, más bien es justamente lo contrario. Y, más que transmitir sentimientos, busca provocarlos. Es un juego, ¿no?

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Solipsismo

Sylvia Plath hubiese cumplido hoy 70 años… si no se hubiera dedicado a inhalar voluntariamente monóxido de carbono del horno de su casa en febrero de 1963, cuando tenía 30. He ahí la nota amarillista. Su poesía no es de esas que tranquilizan, sino todo lo contrario. En momentos de desazón, o de rabia, acompaña mucho leerla.

Según el diccionario de la RAE, el solipsismo es la “forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo”. No sé hasta dónde se conocería a sí misma, pero sus turbulencias internas sí parecía tenerlas bien localizadas. Y las expresaba como nadie. Estos versos los he extraído de su Soliloquio del solipsista:

When in good humor,
Give grass its green
Blazon sky blue, and endow the sun
With gold;
Yet, in my wintriest moods, I hold
Absolute power
To boycott any color and forbid any flower
To be.

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Alarmista

La gente cree que soy un hipocondriaco, pero no lo soy. Un hipocondriaco es alguien que cree que está enfermo. Y yo lo que en realidad soy es un alarmista. Si me hago un corte en el dedo, pienso que va a ser algo terrible, que voy a tener un cáncer o un infarto, pero lo cierto es que tengo una herida de verdad en el dedo.

Después de un par de décadas, Woody Allen contradice su leyenda, y lo hace en Oviedo. Un placer : o )

A mí me entusiasma Misterioso asesinato en Manhattan, y también Delitos y faltas, no sé cuál de ellas me gusta más. Incluso siento debilidad por La rosa púrpura del Cairo, esa película que casi nadie recuerda. Pero, ¿no tiene mucho que ver este hombre con la forma en que en las películas yanquis se dedican a hablar cara a cara sobre cuestiones que JAMÁS se comentan con esa facilidad en la vida real? Algo que luego pasó a las series de televisión de allá, y luego a las de aquí… y no nos pega nada. Espero que alguien sepa de qué hablo : o (

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Camus

Crecí en el mar y la pobreza me fue fastuosa; luego perdí el mar y entonces todos los lujos me parecieron grises, la miseria intolerable…

Leer El verano – Bodas, de Albert Camus, en Madrid y en pleno otoño, con el cielo sucio y amarillo, te llena de alegría (¿o te deprime?). Me gusta este Camus, y el de El primer hombre, el que recuerda su Argelia natal, su sol, su mar, su gente (puedo afirmar que Argelia es mi verdadera patria y que en cualquier lugar del mundo reconozco a sus hijos y a mis hermanos en esa risa de amistad que brota de mí cuando me encuentro frente a ellos) …

En Bodas de Tipasa hay uno de los pasajes, para mí, más emocionantes del libro:

La brisa es fresca y es azul el cielo. Amo esta vida con abandono y quiero hablar de ella libremente: pues me da el orgullo de mi condición humana. A menudo me han dicho, sin embargo, que no hay de qué gloriarse. Sí, hay de qué: este sol, este mar, mi corazón que brinca de juventud, mi cuerpo con sabor a sal, la inmensa decoración en que la ternura y la gloria se dan cita en el amarillo y el azul. A conquistar esto debo aplicar mi fuerza y mis recursos.

¿Apetece o no?

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Maldición

Cuando le preguntan si considera un regalo tener tanta imaginación, Ana María Matute responde:

A veces es una maldición que se paga tan cara como la inocencia. En ocasiones pienso que no pasé de los 11 años, y que no crean que soy tonta, porque no va por ahí la cosa.

Chapó. Hay tanto que aprender de ella…

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Arthur Miller

Hoy es su cumpleaños. Nació el 17 de octubre de 1915. Para mí Arthur Miller es, sobre todo, el hombre que escribió el guión de The Misfits, aunque cualquier entendido me discutiría esta predilección. Las fotografías del rodaje de esa película, el vestuario de Marilyn, el rostro de Monty, los paisajes… me han conmovido siempre. Y los diálogos, por ejemplo:

Gay: ¿Qué es lo que te entristece tanto? Eres la chica más triste que he conocido.
Roslyn: Eres el primer hombre que me dice eso. Normalmente me dicen que parezco muy feliz.
Gay: Eso es porque los haces felices a ellos.

Al ver esa película te quedas con las ganas de que te expliquen cuál es la gracia de esa lucha diaria de los personajes, si es que hay alguna. Pero, como dice en un momento Gay (Clark Gable), morir es tan natural como vivir. Teme a la muerte el que teme demasido a la vida.

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Es necesario

Así se titula el poema que acabo de leer. Pertenece a Sobre las circunstancias, de José Agustín Goytisolo, que sustituye temporalmente a Emily. Al leerlo he pensado en cómo la realidad invade la poesía de algunos hasta casi hablar por sí sola. Ocurre a menudo con Goytisolo.

Para que surja un artista es necesario

que concurran algunas circunstancias como éstas:

que su familia esté bien avenida

que la madre no cuente sus desastres

que el padre deje de comportarse como una bestia

que el tirano de turno ame los libros

que los periodistas sean misericordiosos

que nadie defraude las esperanzas

que no se hable de derechos humanos

que cierren los colegios y las cárceles

que todo el mundo pueda pisar el césped

que ningún hombre quiera salvar a los demás.

Y en fin para que surja un artista se precisa

que nazca un niño y luego no muera del disgusto.

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Riders on the Storm

Los de tierra tienen unas ideas muy peregrinas sobre el mar. Le hacen poemas, y cosas así. Pero yo, con el mar, ni palabra. Él ahí y yo aquí.

Después de tantos poemas dedicados al mar, de llamarlo de tantas formas y de buscarle tantos simbolismos, es muy instructivo ver cómo hablan de él los pescadores en Jinetes en la tormenta, uno de los relatos de Ella, maldita alma, de Manuel Rivas:

En esos versos de señoritos tratan al mar de amante y cosas así. Tonterías. Y afirman esos entendidos del carajo que los pescadores lo tenemos por hembra, y que siempre decimos “la mar”. ¡Y una mierda! El mar es un cacho cabrón. El mar es una cárcel. Peor que una cárcel. Ni siquiera hay vis-à-vis.

Hoy, Sísifo on the road habla también del mar, pero de otra manera.

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Dentro de la botella

Como me descuide, este weblog puede acabar subtitulándose “Camino de perfección”. El caso es que he terminado ahora Ella, maldita alma, y me ha gustado, como siempre, ese tono tan próximo de Manuel Rivas, su literatura de buenos sentimientos, no sé si consciente o no.

Me intrigan mucho los motivos que llevan a algunos a darse a la bebida, no el hecho de beber para pasar un buen rato sino el estado de ánimo de quienes acaban alcohólicos. Por eso he anotado estas líneas de Ella, maldita alma:

Hay quien introduce barcos en una botella. También he visto quien mete escaleritas. Pero el arte que más cautiva es el de meterse uno mismo (…) La vida, desde el fondo de la botella, es como el haz de luz de una linterna de policía en los ojos. A mí me costó mucho, muchísimo trabajo, alzar la mirada, quizá porque no tenía ningún interés en hacer esa ruta de regreso a la vida. Me daba más miedo la gente que la bebida.

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Mirar el árbol

Yo intento practicar el consejo que Flaubert le dio un día a Maupassant: “Hay que mirar un árbol durante mucho tiempo, hasta que ese árbol logre diferenciarse por completo de los demás”.

Así habla el flamante Noblel Imre Kertész en El Mundo. Esto me ha recordado que, a veces, sobre todo en la ciudad, encuentras rincones (un árbol, una fachada iluminada por el sol, una vista de la ciudad desde lo alto durante el trayecto en autobús) que están pidiendo a gritos que pase por allí algún artista para inmortalizarlos. Como cuando un genio muere en el anonimato.

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