Mentes incandescentesUn 9 de enero de 1924
Virginia Woolf adquirió una casa en el
barrio de Bloomsbury que se convertiría en lugar de reunión del grupo que marcó las pautas de las letras inglesas a principios del siglo XX. Superada la furia feminista,
Una habitación propia (1928) se lee como un brevísimo y muy divertido ensayo que contiene agudas reflexiones sobre la creación literaria.
Aunque suene atrevido, la Woolf establece un paralelismo entre
Shakespeare y
Jane Austen. Son creadores, dice, de "mente incandescente", que escibieron "sin odio, sin amargura, sin temor, sin protestas, sin sermones".
Todo lo contrario de lo que hizo
Charlotte Brontë en su
Jane Eyre. Woolf pone como ejemplo el pasaje en el que Jane sube al tejado y lamenta el infortunio de su condición femenina. En ese instante Charlotte "abandonó la historia, a la que debía toda su devoción, para
atender una queja personal". Esa indignación perturbó la continuidad de la novela.