Skip to content

Mes: Enero 2003

Vivir y contarlo

Manuel Vicent dice hoy en El País que uno debe escribir de lo que sabe, de lo que ha ido aprendiendo del alma humana a lo largo de la vida, y en el fondo a todo el mundo le suceden más o menos las mismas cosas.

Hasta cierta edad creo que descubres sin más, sin necesidad de contarlo. Luego, en los años tontos, tienes que contarlo, te pase lo que te pase, hasta el detalle más ridículo. Las palabras ponen en orden los hechos, que de lo contrario se te llevarían por delante. Después necesitas contar y cuentas, y lo que alcanzas son puntos de encuentro o de desencuentro con tu interlocutor, comprensión o distanciamiento. Dices algo y a veces alguien lo interpreta de acuerdo con su pasado y no con el tuyo. Creo que ha llegado el momento en el que importan los hechos en bruto y tus matizaciones al contarlos, no la trama, que apenas varía entre tu (o vuestra) historia y la mía.

Dicho esto, y dejando atrás la nube, me marcho de viaje. Espero que no siga aquí cuando vuelva. Nos vemos!!!

Deja un comentario

La nube negra

Tengo una nube negra negrísima sobre la cabeza. Y va bajando y bajando, parecía que no podía bajar más y sigue. El año pasado fui varias veces valiente, pero este lo he empezado siendo temeraria. Así y todo, he visto cómo una pieza única se deshacía entre mis manos, sin poder hacer nada. Al menos quisiera saber cómo me puedo recomponer yo, si soy salvable o ya sólo material de desguace : o (

No sé qué hacer con esta web, me siento muy expuesta. Llevo días censurándome, publicando y despublicando posts. Prefiero la comprensión de desconocidos a la curiosidad de los conocidos. Puedo hablar de tonterías, copiar citas, hacer metáforas, pero sería dar rodeos porque no es eso lo que me pide el cuerpo ahora, sino explicarme. Esto no lo digo para que nadie me pida que siga, sino porque no sé qué haré.

Deja un comentario

Poema

So we must keep apart,

You there, I here,

With just the door ajar

That oceans are,

And prayer,

And that pale sustenance,

Despair!

Deja un comentario

No sabemos

Decía Javier Marías en Cuando fui mortal (el relato) que nos faltan los hechos a los que no asistimos y las conversaciones que no escuchamos, las que se celebran a nuestras espaldas y nos mencionan o nos critican o nos juzgan y nos condenan.

Es como cuando un jefe te trata bien, lo cual te tranquiliza, pero un día de repente te mira raro, y sabes que es porque algo ha pensado de ti, o algo le han dicho, de forma que todo ha cambiado entre él y tú sin estar tú presente. Y te enfadas porque tú no has estado allí para que su imagen de ti empeore, te quieres defender pero no hay manera porque no sabes nada… (es sólo un ejemplo, toco madera, snif). Entonces te gustaría haber sido capaz de congelar su alma.

Creo que estamos dentro del dominio de lo inestable, y que, en esta fase que todavía durará mucho, es esa inestabilidad lo que se fomenta: “esa ilusión no te la quita nadie”, “disfruta de eso que tienes”, “qué desastre pero qué bonito mientras duró”… “Siempre” no significa “para siempre”, sino “aquí y ahora es muy intenso“. No rechazo esta actitud porque también soy inestable, pero entiendo ahora las convenciones, y entiendo que (objetivamente) se fundan sobre el miedo, porque las almas no se pueden congelar. Y si se pudieran, seguro que querríamos congelar la de los demás, pero no la nuestra : o |

Deja un comentario

¿Qué lujo?

Como Blogger publica cuando quiere, y no cuando yo le digo, os dejo este post a la espera de que lo leáis antes de iros a dormir : o )

Está muy bien concebir la vida en términos de una nostalgia infinita si se tiene un propósito artístico, o si se trata de una peculiaridad personal, como coleccionar monedas viejas, pero el mundo no estará dispuesto a permitirlo si uno no puede mantenerse por sí mismo. Es un lujo que actualmente apenas los ricos pueden permitirse. Nosotros –nosotros, los tuberculosos, los equivocados, los trabajadores, los mortales– debemos vivir… no a costa nuestra, Dios lo sabe, sino a nuestro pesar. Debemos labrar nuestras propias lápidas… y no podemos desafilar nuestras herramientas devolviéndoos la puñalada a vosotros, los fantasmas, incapaces tanto de recordar con claridad como de olvidar limpiamente.

Es un extracto de una carta que Scott Fitzgerald dirigió a Zelda y que reproduce La Vanguardia. No se me ocurre mejor forma de expresar la lucha de todos los días, el querer una cosa y el necesitar otra para poder querer la primera con libertad. Maldita inquietud.

Deja un comentario

El placer del viajero

… comenzaron a experimentar el placer, sin igual para el viajero, de encontrarse en un sitio sin turistas, de hacer un descubrimiento, de hallar algo auténtico… (El placer del viajero, Ian McEwan)

¿No os ocurre que, cuando visitáis una ciudad como turistas, os pasáis el tiempo diciendo “¿esto será para turistas?” cada vez que os gusta una calle o un restaurante? Es como cuando Tom Waits buscaba the heart of saturday night, intentas llegar a lo más entrañable (“entrañable” de “entrañas”) de esa ciudad, a lo que no ha sido arrasado por visitantes con cámara en la mano…

En esta novela McEwan habla de Venecia sin nombrarla, supongo que para redescubrirla, y huyendo de lecturas no deseadas, una frase que contenga la palabra Venecia descarga todo su peso en ella…

Deja un comentario

Miedo

El terror y el miedo nos pueden llegar por la amenaza de una persona, pero hay otra dimensión del miedo que lo empapa todo. Es el miedo a no poder pagar la hipoteca, a quedarse sin trabajo, es el miedo del hombre que se siente fácilmente desechable.

Son palabras de José Saramago en El País de hoy. Odio ese miedo, porque trabajo en Internet y porque no confío. A mi alrededor no veo más que parados, si antes era uno ahora son cuatro. Si al menos sirviera de algo ser mínimamente competente en lo tuyo, pero apenas cuenta. Lo que importa es saber maniobrar dentro de la empresa, ganarse afectos útiles, desviar la atención hacia problemas secundarios… También tengo miedo de ser tan inquieta que me busque la ruina tratando de (atención Recursos Humanos) crecer como profesional y como ser humano, y no por ser vaga ni caprichosa, sino por estar viva.

Deja un comentario

Apocalipsis

Llevo semanas dando la espalda a mi bitácora. La voz que se escuchaba aquí habla cada día más bajo, no creo que sea definitivo, pero es lo que hay. O puede que esta sea esa misma voz y a mí no me lo parezca. No idea.

Terminé hace semanas El corazón de las tinieblas, pero no sentí la necesidad de decir nada sobre él, aparte de que tardé otras tantas en leerlo y que me pareció tan masculino como la película que inspiró, que es, por si alguien no se acuerda, Apocalipsis Now. Un gran tema, una gran historia, pero una tiene debilidad por las historias pequeñas (que no femeninas).

Ahora me entretengo (mucho) con un libro de Calvin y Hobbes, un bonito e inesperado regalo de Reyes ; o )

Deja un comentario

El placer del viajero

Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comunidad familiar de la casa y de los amigos. Se está en continuo desequilibrio. Nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo, y todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad.

Con esta cita de Cesare Pavese comienza El placer del viajero, de Ian McEwan.

Deja un comentario

Post andalusí

Me marché de Granada cargada de dulces andalusíes y pensando, como sospechaba, que soy más mora que cristiana. En enero Granada habla japonés, me imagino que las guías turísticas concentran su atención en el recinto de la Alhambra, porque el Albaicín y el Sacromonte, sobre todo el Sacromonte, estaban despejados y en calma.

Granada ha sido para mí la shawarma, los patinetes eléctricos, los semáforos perezosos, los gatos que se dejan acariciar por la Alhambra, esta pulsera que no me quiero quitar, el té paquistaní, el Día de la Campana y Albaicín, mucho Albaicín. También es un poeta granadino que sabe contar lo incontable, Luis García Montero:

Soy más feliz que yo, no es mi costumbre.
Tuve miedo a saberlo.

Deja un comentario