Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comunidad familiar de la casa y de los amigos. Se está en continuo desequilibrio. Nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo, y todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad.
Con esta cita de Cesare Pavese comienza El placer del viajero, de Ian McEwan.
Con esta cita de Cesare Pavese comienza El placer del viajero, de Ian McEwan.

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