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Mes: marzo 2003

Un nuevo orden

Las relaciones entre humanos, no se olvide, siempre se establecen en términos de poder. Como entre lobos, el contacto exploratorio deriva en un nuevo orden de cosas: o dominio o sumisión.

Dice Günter Grass que ha aprendido más sobre la Guerra Civil con El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas, que con todos los libros de Historia. Cuando alguien que no ha vivido esa guerra escribe o habla sobre ella, mi curiosidad siempre es la misma: ¿qué le han contado a él sobre la guerra sus allegados que la vivieron? ¿en qué lado estaban? Es un dato que rara vez se dice, como no es habitual decir a quién se vota, mientras que en otros países se comenta con naturalidad. En otros, no en todos.

Yo rechacé la Guerra Civil como tema durante años, huía de esos relatos luctuosos, pero ahora me interesa cada día más. Veo lo que escribe Manuel Rivas, y lo que dirige David Trueba, y me digo que no hay que dejarlo para después, que existen demasiados testigos como para no aprender sobre ella ahora mismo.

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El dolor

De todas las reflexiones sobre la guerra que se publican estos días, me gustan particularmente las de Elvira Lindo. Hoy dice en su columna de la última página de El País:

El dolor, en estos días, es de aquellos inocentes a los que les llueven bombas del cielo. El dolor es suyo. No hace falta vestir de negro en las manifestaciones, ni ser campeón del sufrimiento, ni apropiarse de la desgracia ajena (…) El papel real de los que podemos dormir tranquilos cada noche es mantener la cabeza fría y no olvidar los nombres (de aquí a las elecciones) de quienes nos metieron en esto. La ficción es hacer que sufrimos tanto como las víctimas reales.

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Mis favoritos

Quiero que se lleven el Oscar:

actor: Daniel Day-Lewis

actriz: Nicole Kidman

actor secundario: Ed Harris

actriz secundaria: Julianne Moore

director: Martin Scorsese

película: Gangs of New York

guión original: Hable con ella

guión adaptado: Las horas

… pero nunca acierto : o (

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Una vida cualquiera

Decía Coleridge que una vida cualquiera, por insignificante que sea, reviste interés si se refiere verazmente. ¿Pensaría lo mismo en la era de los blogs?

No sé qué hace que alguien decida convertir su vida en materia publicable. Para mi gusto lo verdaderamente interesante no se cuenta, o no se cuenta lo que es interesante desde el punto de vista, por ejemplo, proustiano. Tampoco se cuenta aquello que choca con la imagen que uno quiere proyectar de sí mismo. Desconfío de que alguien llegue jamás a transmitir de sí mismo la imagen que desea.

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Caligrafía

Cuando aprendes a escribir cambias cada dos meses la forma de la a mayúscula, hay temporadas en las que pones redondeles sobre las íes en vez de puntos, o te empeñas en escribir como los ingleses, soltando las letras… Y hay modas. La más atrevida fue la de escribir con las letras inclinadas hacia atrás, contra todas las leyes, había competiciones… Ahora no le dedicaría un segundo a mi caligrafía.

… he aquí una ocurrencia de duermevela : o |

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Cena de esnobs

El manuscrito era desmesurado, áspero, imposible de descifrar por la cantidad de correcciones, de tachaduras y de signos incomprensibles. Hojeando tal engorroso paquete de hojas, Gide se aburrió leyendo la descripción de una cena en casa de unos esnobs durante páginas y páginas. Y el autor quería publicarlo todo, sin cortar.

El autor era Marcel Proust; el que se aburrió, André Gide; el manuscrito, el de En busca del tiempo perdido. Es un extracto de Gaston Gallimard, la biografía sobre el editor francés escrita por Pierre Assouline. Habría que leerla. Hoy, en La Vanguardia.

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La educación de antes

Según El País de hoy, Javier Marías dice de su padre que siempre le he envidiado su formación tan sólida como no la tiene nadie nacido bajo el franquismo, ni luego.

No sé qué habrá que hacer hoy en día para tener una formación como la de los hombres de esa generación, que abarcaba tantas materias y a la vez era tan profunda. Creo que ahora la carrera más variada es Periodismo, que más bien parece un cursillo interminable de cultura general. Y no sé por qué me dejó más huella todo lo que estudié antes que lo que aprendí en Periodismo.

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R.E.S.P.E.C.T.

Un niño ama; el adulto respeta. El respeto vale más que el amor.

Leo, a deshora, Las aventuras de Augie March, de Saul Bellow, que escribió uno de los libros de mi vida: More Die of Heartbreak. Mi idea es que se aprende a respetar con los años. Es una satisfacción ver que la capacidad de respeto de los demás hacia uno crece a medida que crecen los demás y uno mismo. Quizás cierto tipo de respeto sólo sea posible con un grado de madurez. Me intriga el respeto que podremos sentir y despertar cuando seamos mayores.

Para mí un síntoma claro de inmadurez es dejar de respetar a las personas a las que piensas que tienes ganadas. No hablo del abuso de confianza, que es una variación más de la perversidad. Henry James lo explicaría como nadie. Amar es grande, amar y respetar es sublime.

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Contra el reloj

Jorge Edwards habla hoy en El País sobre su trabajo como articulista:

… prefiero escribir cuando se acerca el cierre, con el tiempo encima, me parece que eso les da más intensidad [a los artículos]…

Me siento muy orgullosa de cosas que escribí contrarreloj, porque no me reconozco en ellas. Cuando escribo bajo presión es como si el negro que llevo dentro (?) se pusiera al volante para llegar antes. Me gusta cómo escribe, esa agilidad y esa seguridad. En cambio, cuando leo lo que escribo yo, acabo cogiéndome manía. A ver si aprendo : o |

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Mi vida sin mí

Dice Isabel Coixet que, después de rodar My Life Without Me, se ha quedado vacía. Yo, después de ver la película, me he sentido vacía. A pesar de la dureza de la idea de partida, es una película dulce y muy esperanzadora, demasiado. Como si pidieras tres deseos y te los concedieran todos en un santiamén.

A los que aman era para llorar sin parar, en Mi vida sin mí empiezas a llorar en el instante en el que llora la protagonista, ya bastante avanzada la cinta.

Dice Leonor Watling que Ann, la protagonista, sabe que va a morir en menos de tres meses, pero que todos sabemos que vamos a morir, a lo mejor mañana mismo, o dentro de una semana. Falta que nos lo recuerden.

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