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Amsterdam (I)

Todos sus conocidos parecían felices de vivir sin necesidad de espacios abiertos (algún restaurante rural, Hyde Park en la primavera…, ésa era toda la naturaleza que parecían precisar). Seguramente no podrían alardear de estar enteramente vivos.

En Amsterdam, Ian McEwan se empeña en describir cada detalle de la gestación de una pieza de música clásica, cada nota, cada variación. ¿Qué pretende? Proust dedicaba páginas a describir una pintura, y, pese a aburrirte, te ibas quedando con tonos y sentimientos, raramente te saltabas esos pasajes. Pero si no sabes música, ¿qué sacas de las descripciones de McEwan? ¿alguien ha prestado atención a estas descripciones? ¿un “la” implica alegría?

Amsterdam no me ha conmovido, como Expiación, ni me ha desconcertado, como El placer del viajero. De momento, abandono a McEwan : o (

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