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Mes: Agosto 2003

Páginas sueltas

“There are only three things to be done with a woman”, said Clea once. “You can love her, suffer for her, or turn her into literature” (Justine, Lawrence Durrell).

Hasta ahora no había tenido contacto con El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. Misteriosamente, cada vez que lo buscaba estaba agotado. Por fin lo tengo en mis manos, aunque también misteriosamente las hojas de Justine se van desprendiendo del tomo a medida que las paso. Como animal simbólico que soy, sufro cada vez que se suelta una página, y tengo la certeza de que ninguna va a sobrevivir a mi lectura. ¿Sigo leyendo?

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Andante con motto

Estoy iniciándome en la música clásica, donde comprobaréis enseguida que tengo grandes lagunas. Me recomendaron que empezara por la Sinfonía número 5 de Beethoven. Pero como soy una alumna traviesa, he entrado en Amazon a escuchar fragmentos de Beethoven, Mozart, Vivaldi, Haendel y Bach. Investigando con poquitos datos y algo desorientada, di con tres piezas a las que estoy entregada:

– la Barcarola de Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach: sonaba en La vida es bella, y es molto bella, para acompañar instantes felices…
– el Quinteto para clarinete en la mayor de Mozart, triste, triste…
– el Canon de Johannes Pachelbel, archiconocido, pero al que no he conseguido poner nombre y autor hasta hoy. Me deslumbra.

… seguramente habrá errores en los títulos o me sobrarán o faltarán mayúsculas. Regreso a mis vacaciones, ¡hasta pronto!

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Ejercicio: escribir un cuento

La verdadera tragedia es estar varado en un insípido paraíso, en un limbo sin cargas, llevar una existencia con la que no podrá hacerse un cuento… (palabras de Karen Blixen/Isak Dinesen que recordaba Gustavo Martín Garzo el domingo en El País).

La pereza, el miedo o la mediocridad empobrecen ese cuento en el que podríamos convertir nuestra existencia. Seguro que Karen Blixen sabía que se estaba convirtiendo en literatura cuando vivió (creó, gozó, aprendió, sufrió…) en África. De todas formas, en su caso lo raro hubiera sido no convertirse en leyenda.

Sin pereza ni miedo y con pasión por la vida todos podríamos acabar componiendo un cuento digno, aunque fuera uno breve. Pero no vale un guión lleno de lugares comunes, ni un capítulo de Friends, ni una aburrida novela de interiores. Tiene que ser una pequeña obra maestra. Y no hace falta publicarlo.

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