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Flush

Entre ellos se encontraba el abismo mayor que puede separar a un ser de otro. Ella hablaba. Él era mudo. Ella era una mujer; él, un perro. Así, unidos estrechamente, e inmensamente separados, se contemplaban.

En Flush, Virginia Woolf relata el comienzo de la amistad (epistolar) entre Elizabeth Barrett y Robert Browning (su futuro esposo) desde el punto de vista del perrito de Elizabeth. El perrito es Flush, que ve como Elizabeth llora de emoción al leer las cartas de Robert, y que meses después se sentirá desplazado, cuando Browning por fin visite a Elizabeth y se inicie su relación amorosa:

Morder a Mr. Browning era morderla también a ella. El odio no es sólo odio: es también amor (…) Mr. Browning era Miss Barrett… Miss Barrett era Mr. Browning; el amor es odio y el odio es amor. Se estiró, gimoteó e irguió la cabeza.

Flush es un spaniel que está celoso. Elizabeth se peina al estilo spaniel. Sus fotografías dan miedo (he puesto la más amable que he encontrado).

My letters! all dead paper, mute and white!
And yet they seem alive and quivering
Against my tremulous hands which loose the string
And let them drop down on my knee tonight.
This said—he wished to have me in his sight
Once, as a friend: this fixed a day in spring
To come and touch my hand. . . a simple thing
,
Yes I wept for it—this . . . the paper’s light. . .
Said, Dear, I love thee; and I sank and quailed
As if God’s future thundered on my past.
This said, I am thine—and so its ink has paled
With lying at my heart that beat too fast.
And this . . . 0 Love, thy words have ill availed
If, what this said, I dared repeat at last!

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