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Mes: Mayo 2004

Tormentas de verano

siempre

maravillosamente

contra el invierno

Ayer decían en Babelia que estos versos se los dedicó Luis Antonio de Villena a su madre. Yo me apunto: siempre, siempre contra el invierno. A mí del verano me gustan hasta las tormentas.

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La sonrisa vertical : o |

Después de unos meses de reflexión, Tusquets Editores, de acuerdo con Luis García Berlanga, director de la colección que lleva el mismo nombre, han decidido suspender temporalmente el Premio La Sonrisa Vertical tras veintiséis años de existencia.

Es un extracto del comunicado que ha emitido hoy Tusquets. Los motivos son dos:

1) la expresión literaria del erotismo ha ido gradualmente asimilándose a la narrativa general y se ha integrado, de un modo natural, en colecciones literarias no acotadas específicamente al género erótico; y

2) la mayoría de las obras premiadas en La Sonrisa Vertical han recibido, salvo en contadas ocasiones, escasa atención por parte de la Crítica, atención que actualmente ésta les dedicaría de haber sido publicadas en colecciones no especializadas.

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Ni la mitad

Tendrás razón. No digo

ni la mitad de lo que siento.

Pero recuerda que mi soledad,

la que arde en mi lámpara de desaparecido,

es el silencio de las causas públicas.

Después de mucho aplazarlo, he leído La intimidad de la serpiente, el poemario que publicó Luis García Montero el año pasado. Temía que no me gustara tanto como los anteriores, como ha ocurrido. Su discurso es tan íntimo como siempre, pero hay un trasfondo político-social y de “balance generacional” que seguramente interesará mucho más a otro tipo de lector. Hay versos que recuerdan a José Agustín Goytisolo o que rinden homenaje a La Regenta, y seguro que un puñado de referencias más que se me han escapado.

A pesar de todo, me reconforta siempre su compañía, esa lírica del tú a tú en clave cotidiana que es precisamente la que busco siempre que leo poesía. Ahora, un poco de prosa.

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París no se acaba nunca

Tardaría en comprender, si es que realmente lo he comprendido, lo que supo ver Stendhal cuando, escribiendo La cartuja de Parma, decidió que para adquirir el tono correcto y que sus lectores, por muy raro que fuera lo que les quisiera contar, entendieran exactamente lo que les quería decir, él debía leer de vez en cuando unas páginas del Código Civil. “Si no soy claro”, escribió, “todo mi mundo queda aniquilado”.

Lo dice Enrique Vila-Matas en París no se acaba nunca. Otra solución, en vez de quedarte empantanado en el Código Civil, puede ser hacerte periodista. A mí me ha tocado explicar videojuegos que no entendía, detallar los pasos de un sistema de pago por Internet, describir las (incomprensibles) atracciones de un parque temático, descifrar el funcionamiento de los componentes de una laca de uñas… y hoy en día, modestia aparte, me veo capaz de explicar casi todo con palabras (a pesar del confuso penúltimo post). Una prueba de fuego es exponer de forma atractiva en qué consiste el Forum Barcelona 2004 ; o )

Leer la novela de Vila-Matas ha sido como recordar mis primeras pasiones literarias, que fueron las mismas que las de Vila-Matas y que casi todos los que nos zambullimos en la literatura bien pronto. Me ha llegado su humor afilado y su idea de matar al lector es lo mejor que he leído en teoría literaria desde hace años. A mí no me ha matado, pero me ha sentado bien leer novela inteligente. Ahora, ¡poesía!

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La verdadera noticia

“Tenemos imágenes confusas de la decapitación de dos hombres, y nítidas de sus cuerpos descabezados y de sus cabezas sin cuerpo. Véanlas, que se las ofrecemos. Son gentileza de los presos del Brasil, amotinados”.

Así explicaba Javier Marías en El País Semanal el afán por dar imágenes cada día más truculentas en los telediarios, y de darlas porque sí.

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Tony Ma(ri)nero



el pantalón de campana,

la blusa azul ultramar,

y la cinta milagrera.

No, no es Fiebre del sábado noche, es Marinero en tierra. Así patina la imaginación si abres los ojos un sábado por la mañana y, sin cambiar de postura, atacas Marinero en tierra. Poca poesía se salva de un despertar enloquecido.

Que me perdonen Alberti y los libros de texto. La segunda parte de Marinero en tierra es lo que yo llamo poesía para vivir, que no para pensar : o |

-MADRE, vísteme a la usanza

de las tierras marineras:

el pantalón de campana,

la blusa azul ultramar,

y la cinta milagrera.

-¿Adónde vas, marinero,

por las calles de la tierra?

-¡Voy por las calles del mar!

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El afinador de pianos

La idea de vivir ocho años en la selva sin la música de Bach me parece espantosa.

Hay un libro que se me pasó comentar: El afinador de pianos, de Daniel Mason. Tengo la corazonada de que Mason partió de una imagen y de un sonido al escribirlo: la del piano en medio de la selva y la de su música en plena naturaleza. Dos ideas que por sí solas justifican una novela, aunque mientras la leía no dejaba de pensar que, si yo hubiera sido Mason, en lugar de un libro hubiera hecho una película. Como libro recuerda a El corazón en las tinieblas, pero como película no hubiera sido Apocalipse Now, sino algo mucho más edulcorado y con mucho realismo mágico.

– Clementi, sonata en fe menor sostenido, opus veinticinco, número cinco -dijo Katherine, y él asintió con la cabeza.
En una ocasión Edgar le había dicho que le recordaba a un marinero perdido en el mar, mientras su amada lo esperaba en la playa. Las notas eran el sonido de las olas y de las gaviotas.
Se quedaron sentados, escuchando.
– ¿Él regresa?
– En esta versión sí.

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Poesía democrática

Uso frases hechas para hacer más democrática mi poesía (…) Me gustan las frases hechas que repite la gente corriente en sus conversaciones. Los tópicos lo son por una razón muy válida. Son fórmulas que le sirven a una inmensa mayoría de la gente para expresar sus sentimientos e ideas más íntimos, y eso es importante. Son frases rodeadas de un halo especial, sancionadas por la costumbre y que han sido útiles a muchísima gente.

Lo decía John Ashbery en el penúltimo Babelia. Y tiene razón, nada te saca de un apuro como una frase hecha. Quitan hierro y casi casi te quitan responsabilidad. Qué gran invento (frase hecha ; o ).

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