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Mes: Julio 2004

El sabor del mundo

Creo que a medida que envejeces el mundo empieza a parecerte extraño. El sabor del mundo está decidido por la mente colectiva de todos los que tienen menos de 35 años. Y cuando estás muy por encima de los 35, el mundo empieza a saber de manera distinta. Y la respuesta más natural y humana ante esto es decirte que ha habido una decadencia. Sabes, las primeras palabras que se han escrito jamás, el primer graffiti en la pared de una cueva, dice que los hijos ya no respetan a sus padres, que son desobedientes, que están perdiendo los valores. Es una actitud eterna.

Lo decía Martin Amis en el último EPS, en una de esas entrevistas que hace Rosa Montero pensando en la posteridad (qué mala soy). Recientemente he revisado posts antiguos y me he dado cuenta de que la juventud como valor absoluto es uno de mis temas recurrentes. A mí no me gusta el sabor que tiene el mundo ahora. Puede que con este paladar hipersensible nunca me llegue a gustar, pero mejor así.

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Marlon Brando

He’s like an animal. He has an animal’s habits. There’s even something subhuman about him. Thousands of years have passed him right by, and there he is. Stanley Kowalski, survivor of the Stone Age, bearing the raw meat home from the kill in the jungle. And you – you here waiting for him. Maybe he’ll strike you or maybe grunt and kiss you, that’s if kisses have been discovered yet. His poker night you call it. This party of apes.

(lo dice Blanche DuBois sobre Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo).

Pasé toda la infancia hojeando una enciclopedia de cine. Cada capítulo estaba dedicado a un actor. Para mí, con sólo mirarlos, había actores buenos y actores malos, muy malos, y no me refiero a la calidad de su trabajo. Marlon Brando siempre fue el más malo, que no el peor. Cary Grant o Gene Kelly eran buenos. Paul Newman estaba justo en la frontera. Más adelante comprendí a Marlon Brando (a Stanley Kowalski, a Terry Malloy, a Vito Corleone, a Kurtz…). Ahora me gustaría que algún actor me conmocionara como él en La ley del silencio o Un tranvía llamado deseo.

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