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Mes: Diciembre 2004

El dolor de la tierra

Junto a los volcanes de Lanzarote, Susan Sontag recibió el impacto del fuego y de la tierra: aquello, decía ella, no era literatura, era la verdad de la tierra, su dolor saliendo del volcán…

Juan Cruz, en su artículo de despedida a Susan Sontag, publicado en El País.

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The beginning of fairies

You see, Wendy, when the first baby laughed for the first time, its laugh broke into a thousand pieces, and they all went skipping about, and that was the beginning of fairies.

Quién me iba a decir cuando tenía 7 años que un día sería feliz al encontrarme un sacapuntas. Lo he visto al vaciar un mueble viejo: es doble, para lápices gordos y para finos (también, como bien me apuntan, para el lápiz de ojos), plateado: un clásico. Lo necesito, porque los libros no me gusta subrayarlos con portaminas.

Estos días se celebra el centenario de Peter Pan, de James Barrie. Toda la vida nos han dicho que Peter Pan simboliza el miedo a crecer. Ahora, cuando incluso a las niñas de 9 se les viste como si tuvieran 20 (ver artículo de Maruja Torres el domingo en El País Semanal), si hiciéramos una encuesta, ¿los adultos querrían volver a la infancia o a la primera juventud?

I am not young enough to know everything.

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Fe de vida

Dulce María Loynaz dice en Fe de vida (1994), su autobiografía, que

… una cosa es descubrir y otra muy distinta describir: porque a las dificultades que puede haber en descubrir, vienen a sumarse las que existen siempre en describir, empezando porque la primera tiene que ser tarea previa a la segunda. Mal puede describirse lo que sólo a medias se descubrió.

Por eso (añado modestamente) hay descripciones (literarias) que aburren hasta al que las escribe, mientras que otras no quieres que terminen nunca. En las primeras, el autor ve y toma nota. En las segundas, el autor ve, piensa, y toma nota.

Tomaremos nota.

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El año Andersen (HCA 2005)

Hans Christian Andersen slept in this room for five weeks which seemed to the family AGES.

Lo escribió Charles Dickens después de que Hans Christian Andersen pasara una temporada en su casa de Londres. Allí se dedicó, cómo no, a hacer figuritas de papel, pero también a volver loca a Mrs. Dickens. Un día, tras leer una mala crítica, se derrumbó en el césped sollozando. Otro, por miedo a que le robaran, guardó en sus botas el reloj de bolsillo, el dinero, la cartera, unas tijeras, una navaja, un par de libros y varias cartas, y regresó a casa con los pies llenos de callos.

Me he dedicado a comparar la web oficial del Año Andersen con la del IV Centenario del Quijote. La primera está en 11 idiomas y claramente trata de recuperar a Andersen para el mundo, con muchas curiosidades y constante actualización. La segunda… ¿no es una web promocional de Castilla-La Mancha?

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Una pequeña revolución

Hay que respetar las enfermedades psíquicas como cualquier otra enfermedad. Me alegraría que se empezara a tener en cuenta que hay gente psíquicamente enferma que no soporta estar en público.

Lo ha dicho el último Nobel de Literatura, Elfriede Jelinek, en su discurso grabado. Me ha gustado mucho su pequeña revolución, el no presentarse a recoger el premio por tener fobia social. Ya es hora de que una dolencia psíquica real se equipare a otras enfermedades. Si un resfriado te puede inhabilitar para un acto público, entonces también (mucho más) una fase de pánico social o un ataque agudo de timidez, que eso existe.

No le habrá gustado que lo más comentado haya sido su dolencia psíquica. Estoy convencida.

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¿Un culto pasajero?

El actual culto a la juventud sólo se puede considerar como una estupidez; aparte de ser una falta de respeto para las personas mayores. Es una tendencia que no se ha dado en casi ninguna época. ¿Cómo se pueden dejar de lado cuestiones tan importantes como los conocimientos o la experiencia? Hoy casi todo el mundo se viste y actúa como si fuese adolescente. En mi opinión, la capacidad de relacionarse con personas de todas las edades refleja madurez, inteligencia y libertad.

Lo decía el sociólogo Marcos Molina en el último Babelia.

Y hoy, en El País Semanal, Javier Marías dice: Siempre he tenido amigos mayores que yo. Los viejos, como los de mis novelas, no pierden el tiempo, van a lo esencial de las cosas y no se paran en las modas, ni en lo que está bien pensar o lo que está mal. Eso es muy apreciable en un mundo tan ñoño y banal, donde la gente no piensa fuera de lo que es el pensamiento con el que están bombardeándolos. Lo que me deja perplejo y no entiendo es una sociedad donde la gente de cuarenta deja de lado a los que tienen veinte años más que ellos. Ellos serán pronto los viejos.

… ahí quería llegar yo. ¿Qué harán los que elogian tanto la juventud como un valor? ¿Se suicidarán a los 40 todos? ¿Qué inventarán para curarse en salud cuando no les quede ni una pizca de juventud en el cuerpo ni en la mente?

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Quién es él

Ayer, en Nuestra mejor canción, Joaquín Luqui explicó a quién iba dirigida la letra de Quién es él, de José Luis Perales: ¡¡a su hija!! ¿Alguien lo sabía?? Décadas y décadas pensando mal, imaginando escenas de adulterio y celos, cuando la realidad a lo que se parecía era a El padre de la novia. (Duda: si la canción va dirigida a una hija, ¿qué significado tiene la estrofa en negrita? ¿por qué hace las maletas el padre?).

Mirándote a los ojos juraría

que tienes algo nuevo que contarme.

Empieza ya mujer no tengas miedo,

quizá para mañana sea tarde,

quizá para mañana sea tarde.

¿Quién es él?

¿En qué lugar se enamoró de ti?

¿De dónde es?

¿A qué dedica el tiempo libre?

Pregúntale,

¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?

Es un ladrón, que me ha robado todo.

¿Y cómo es él?

¿En qué lugar se enamoró de ti?

¿De dónde es?

¿A qué dedica el tiempo libre?

Pregúntale,

¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?

Es un ladrón que me ha robado todo.

Arréglate mujer se te hace tarde

y llévate el paraguas por si llueve.

El te estará esperando para amarte

y yo estaré celoso de perderte.

Y abrígate, te sienta bien ese vestido gris.

Sonríete, que no sospeche que has llorado.

Y déjame que vaya preparando mi equipaje.

Perdóname si te hago otra pregunta

¿Y cómo es él?

¿En qué lugar se enamoró de ti?

¿De dónde es?

¿A qué dedica el tiempo libre?

Pregúntale,

¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?

Es un ladrón que me ha robado todo.

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