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Mes: Febrero 2005

Prohibir la lectura

En una entrevista a Carme Riera que publica Qué leer:

¿Alguna idea para fomentar la lectura?
Prohibirla. Conmigo funcionó. Yo era una niña retrasada. Las monjas no sabían qué hacer porque tardé mucho en aprender a leer, quizás tendría 7 años. Un día, mi padre, que era un señor muy decimonónico, me leyó la ‘Sonatina’ de Rubén Darío y me fascinó. Le pedía que me lo releyera una y otra vez, pero él me dijo que aprendiera a leer. Y así ocurrió. Pero no se detuvo ahí. En casa teníamos una buena biblioteca y la cerró con llave expresamente. Yo encontré la llave, cogía libros y los devolvía. Lo primero que leí fue una novela de Valle-Inclán que no me correspondía por la edad, ‘Sonata de otoño’, de la que no entendí nada, claro.

Yo también quise siempre leer cosas de mayores. Así que, cuando por fin tuve capacidad lectora para engullir Las uvas de la ira, llegué a conclusiones confusas: ¿esa familia sufre mucho y pasa hambre o soy yo que exagero lo que leo? ¿Joad está bien escrito? ¿en los libros mueren los abuelos? ¿Rosasharn tiene un bebé o no? ¿qué es eso que hace al final del libro?

Y ya que estamos con Las uvas de la ira, he encontrado un estudio de la profesora Harriet Quint, de la Universidad de Guadalajara (México), titulado El amor en Las uvas de la ira de John Steinbeck. Ahí explica que el nombre completo de Rosasharn, Rose of Sharon, se obvió en la traducción española por su relación con el (¿profano?) Cantar de los cantares. A través de ese nombre completo, explica Quint, “los elementos desperdigados del amor por la tierra y por la familia se reúnen y forman un concepto universal (…) El amor de ser individual, relacionado con el resquebrajamiento de una familia, adquiere dimensiones cósmicas que atañen a toda la humanidad”.

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Alegrías

…es tanta la claridad
que por tu ventana sale
que dice la vecindad
ya está la luna en la calle

que me lo tienes que dar
el tacón de la bota
para taconear

No me atrevo a hablar del flamenco, porque no sé apenas nada sobre él. Pero estoy revolucionada después de escuchar a Estrella Morente por alegrías y La leyenda del tiempo de Camarón. Han conseguido que me olvide por completo de mí misma, que es lo que le pido a la música de mi vida (qué vehemente estoy).

Cuando escucho en tu guitarra
un cante por soleá
oigo en mi alma un silencio
que es música de verdad.

Música tan de verdad
que las estrellas se callan
para poderla escuchar.

El número más reciente de la revista Litoral está dedicado a la poesía del flamenco. Reproduce estos últimos versos, que son de José Bergamín y que expresan exactamente la imagen que yo tenía del flamenco: la del silencio que pide su hondura. Ojalá tuviera dominio sobre la terminología musical y del flamenco para explicarme mejor.

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Mi primer bikini

…la letra temblorosa y vieja de la guardería,
los vestidos color rosa empolvados en el armario,
tu cuna desnuda, y tú dentro, desnudo,
el llanto de mamá, la leche amarga,
la patada en el vientre de seis meses,
papá y mamá desgajándose por dentro,
crecidos sobre ellos, no por ti.

Al comienzo de Mi primer bikini, Elena Medel nombra a las poetisas confesionales, Sylvia Plath y Anne Sexton. A mí sus poemas me recuerdan a Sylvia y a Anne, solo que sin dramas. Y, tal vez porque he leído el poemario en un momento de mucha actividad mental, al cerrar el libro me he descubierto recopilando su léxico: novillos, lápices, arcoiris, piscinas, pecas, recreo, muñeca, mapa… No es el único, pero el vocabulario escolar recorre todo el libro. Por ambientación y por lenguaje, con un libro así se podría iniciar a niños y adolescentes en la poesía, mucho más que con Machado y Juan Ramón.

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Arthur Miller

I don’t say he’s a great man. Willy Loman never made a lot of money. His name was never in the paper. He’s not the finest character that ever lived. But he’s a human being, and a terrible thing is happening to him. So attention must be paid. He’s not to be allowed to fall into his grave like an old dog. Attention, attention must be finally paid to such a person.

Lo dice Linda Loman en La muerte de un viajante. Es como si lo dijera el propio Arthur Miller. Buscaba un fragmento de una obra suya que condensara su humanidad y su izquierdismo inquebrantable.

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Un ático en la Castellana

Hoy estrenamos oficina. Sobre mi cabeza hay tres grandes claraboyas, de forma que veo las nubes (y el sol, y la lluvia…) mientras trabajo si miro hacia arriba. Quienes eligieron este puesto para mí se olvidaron de un pequeño detalle: mi miedo a volar, del que se deriva una desmedida fascinación por los aviones cuando están en el aire. Cada vez que oigo uno, me quedo embobada mirando hacia la claraboya. Pobre espalda, pobres cervicales… pero con la luz natural y el viento que me llega desde arriba, es como trabajar en una terraza. De aquí no me mueven 🙂

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Josep Font

Ha sido un sinvivir desde que empezó la Pasarela Gaudí. El weblog abandonado, la actualidad informativa aparcada, la despensa tiritando… El momento más dulce, como siempre, el que me trajo mi venerado Josep Font: moda (arte) para vestir un sueño. Quiero vivir en un planeta en el que me pueda vestir así 🙂

Para Josep Font desfiló Helena Christensen, que a estas alturas, y al lado del resto de las modelos de la pasarela, tenía aspecto de mujer con mayúsculas, no de niña que ha dado el estirón. Qué alivio.

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