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Mes: Mayo 2005

Hacer el mal

En ABC entrevistan al V premio Claudio Rodríguez, la poetisa Almudena Guzmán, que dice:

… En el libro hablo todo el tiempo del mal y del mal; también hablo del bien, porque sigue existiendo, aunque sea muy reducido, y hay que valorarlo como el más preciado de los tesoros. A él y a los seres humanos que lo encarnan y que son los que hacen habitable y hermosa la tierra.

Para valorar si alguien hace el bien o el mal, ¿hay que observalo en su entorno más íntimo o en los ambientes en los que se ve obligado a socializar? ¿Podemos ser buenos con los amigos y la familia y malos en el trabajo o en la universidad?

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Diálogos

En la videoconferencia de prensa que dio la semana pasada en el Instituto Cervantes, Harold Bloom explicó:

Shakespeare nos enseña a hablar con nosotros mismos, pero no a hablar con el resto de la gente, lo que, en cambio, sí es una enseñanza cervantina. Si yo hubiera aprendido a hablar con alguien de forma tan íntima como lo hacen Don Quijote y Sancho Panza, mi vida hubiera sido mucho más bella. En cambio, hablar en exceso contigo mismo puede resultar muy peligroso.

Precisamente lo que más me entretiene del Quijote son los diálogos. Los personajes hablan para contar algo, y nunca de forma forzada ni grandilocuente, sino adecuada a las circunstancias de cada personaje. Empeñarse en introducir diálogos o en cargarlos de asuntos que serían poco probables en la vida real es un artificio redundante que, para mí, resta mucho valor a una novela.

Y lo dice una parlanchina 😀

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Si en el firmamento poder yo tuviera,
esta noche negra lo mismo que un pozo,
con un cuchillito de luna lunera,
cortaría los hierros de tu calabozo.

Si yo fuera reina de la luz del día,
del viento y del mar,
cordeles de esclava yo me ceñiría
por tu libertad.

(…)

Yo no quiero flores, dinero, ni palmas,
quiero que me dejen llorar tus pesares,
y estar a tu vera, cariño del alma,
bebiéndome el llanto de tus soleares.

Me duelen los ojos de mirar sin verte,
reniego de mí,
que tienen la culpa de tu mala suerte
mis rosas de abril.

¡Ay, pena, penita, pena -pena-,
pena de mi corazón,
que me corre por las venas -pena-,
con la fuerza de un ciclón!

Es lo mismo que un nublado
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocado
que no sabe dónde va.

Es un desierto de arena -pena-,
es mi gloria en un penal.
¡Ay, penal! ¡Ay, penal!
¡Ay, pena, penita, pena!

(Quintero, León y Quiroga)

Es una letra imponente que no la escribe (ni canta) cualquiera. Llevo días quedándome embobada mirando las muñecas y las manos de Lola Flores cuando bailaba… Las comparo con las mías manejando el ratón y me da mucha pena, penita, pena 🙁

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Llenarse de verano

Los azares de mi profesión me han llevado a documentarme sobre Suecia. Algún día haré un recorrido por Laponia, Dalecarlia y Escania… y descubriré el mundo de Astrid Lindgren (Pippi Calzaslargas):

… y las fresas silvestres las hago para los niños, porque me parece que se lo merecen, y otras cosillas que les vienen bien cuando los niños son niños. Y hago también lugares divertidos donde los niños puedan correr y llenarse de verano y las piernas de correteos… (canción de verano de Ida en el libro Emil en Lönneberga, de Astrid Lindgren).

En un libro publicado por el Instituto Sueco, El mayo, cangrejos y Santa Lucía, de Jan-Öjvind Swahn, he encontrado la explicación del origen de los huevos de Pascua:

El amarillo es el color de la Pascua, lo cual se remonta al papel desempeñado en estas fiestas por los huevos y los pollitos. En todo el mundo, independientemente de su credo, los cristianos engullen durante la Pascua millones y millones de huevos. Ninguna otra festividad puede mostrar tal unanimidad en lo que se ha de comer. Ello se debe, en un principio, a que el ayuno pascual durante seis semanas impedía a los creyentes comer los huevos que las gallinas domésticas y las aves salvajes comenzaban entonces a producir en grandes cantidades. Al iniciarse la Pascua, había tal abundancia de huevos que el menú resultaba bastante natural. Para hacer más festiva la comida de Pascua, en todas partes de Europa se ha solido pintar los huevos pascuales…

(Puestos a indagar en tradiciones ancestrales, ahí va la definición de mayo según la RAE: árbol o palo alto, adornado de cintas, frutas y otras cosas, que se ponía en los pueblos en un lugar público, adonde durante el mes de mayo concurrían los mozos y mozas a divertirse con bailes y otros festejos).

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Tú serás un personaje

En una entrevista que publicaba The Paris Review en 1951, E.M. Forster explicaba que para transformar a una persona real en personaje de ficción lo que tienes que hacer es observarla con los ojos entornados. El siguiente paso será describir con mucha puntería ciertas características suyas. En total, se usan dos tercios de los rasgos de una persona para crear un personaje. Descubrir de quién se trata, explicaba Forster, es complicado para quien nos lea, puesto que una persona sólo se explica dentro de las circunstancias concretas de su vida, que tú alterarás sin dudarlo cuando la lleves a tu novela.

Si queréis hacer la prueba, lo más fácil es coger 2/3 de la persona por la que menos cariño sintáis y cambiarle el sexo y la profesión. Acabo de hacer la prueba y el personaje no solo ha quedado retratado en tres líneas, sino que, para mi sorpresa, incluso ha empezado a hablar. Entonces me he asustado y he dejado la ficción para los profesionales. Suerte 😉

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De ruta

Este puente pensaba hacer la ruta del castellano por La Rioja, pero finalmente ha sido la del castellano, la del Cid, la del vino… y un tramo del Camino de Santiago.

La ruta del castellano me ha llevado a San Millán de la Cogolla, a los monasterios de Suso (arriba) y Yuso (abajo). En Suso buscaba, aparte de las glosas emilianenses, el rincón donde escribía Gonzalo de Berceo, pero lo que allí me esperaba era la familia del Cid: en la entrada estaban los sepulcros de los Siete Infantes de Lara (yernos del Cid) y de Doña Jimena madre (suegra). También unos esquemáticos grafitis medievales y la pequeña gruta de Santa Oria en lo alto, donde el monasterio se adentra en las rocas. A pesar de ser Patrimonio de la Humanidad, los dos monasterios todavía no están tomados por el turismo, sino todo lo contrario: viven ajenos a él. Son capaces de cerrar dos días consecutivos en pleno puente de mayo.

En Viana me topé con otro sepulcro ilustre: el de César Borgia. Parece que el hijo de Alejandro VI murió allí en 1507, y se le dio sepultura en la iglesia medieval de Santa María, alrededor de la que descansan decenas de peregrinos camino a Santiago.

Sobre la ruta del vino y los códices emilianenses hablaré en otros lugares de la redMolona. Vídeos e imágenes en breve.

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