Skip to content

Mes: Agosto 2005

Siempre cantando

En la familia Brassens se cantaba mucho: el padre, albañil de L’Aude, cantaba. Los abuelos y la hermana cantaban. Y especialmente la madre, de ascendencia napolitana, cantaba de la mañana a la noche. Cantaban cuando trabajaban, cuando freían sardinas y cuando tendían la colada, y al parecer cantaban hasta para darse las malas noticias, lo cual debió de darle al niño una visión un tanto especial de la tragedia, que sin duda se reflejó en sus canciones.

Así habla Inma Monsó en el perfil de Georges Brassens que publica hoy El País, y me lleva a pensar: ¿es entonces extraño el cantar tanto? ¿ahora ponemos música en lugar de cantar?

Realmente en este mundo de oficinas no es habitual que nadie cante mientras trabaja, y si lo hace, despertará más de una sonrisa de sorpresa… o directamente se verá como una pequeña excentricidad. Y a menudo, quien canta lo hace con toda la afectación del mundo. Yo misma me paso el día cantando para mis adentros, es más, me quedaría sin respiración si por dentro de mí no fluyera una canción cada segundo que pasa, pero jamás me oirán cantar en el trabajo.

He escuchado cantar a mi alrededor también desde que nací, como Brassens, y tal vez de ahí me venga este hambre insaciable de alegría. Os lo recomiendo, cantad mucho.

¿Y qué canto ahora mismo? Una de Bebe que no me gusta, a ver si se va pronto.

Deja un comentario

Aburrido

A Dante lo encontré siempre aburrido.

Lo dijo Lope de Vega momentos antes de morir. La agilidad mental y verbal de Lope me cargan de energía. Leerlo es convencerte de que todo, todo se puede expresar con sencillez, sin rodeos y con buen ánimo:

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

El dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto…

Deja un comentario

La frontera helada

Y cuando os queden pocas horas de vida, recordad el dicho español: de cobardes no se ha escrito nada (Antonio Machado).

Monique Alonso y Antonio Tello son los autores de Le chemin vers le dernier voyage / El caminar hacia el último viaje, un librito bilingüe que relata los últimos días de Antonio Machado, su partida de Madrid, su estancia en Valencia y Barcelona y su fin de viaje en Colliure (Francia):

Pasó así los montes altos de la frontera helada porque sus mejores amigos, los más pobres y los más dignos, los pasaron así
(Juan Ramón Jiménez).

Apenas 80 páginas que se han convertido en mi lectura del verano y que han conseguido que se me queden grabadas unas direcciones (la calle de la Paz, un palacete en Sant Gervasi, la estación de Colliure..) que ya siempre asociaré con Machado.

En el gabán del poeta quedó un papel arrugado que contenía su último y popular verso (Estos días azules y este sol de la infancia) y también la revisión de otros anteriores:

Y te daré mi canción
Se canta lo que se pierde
Con un papagayo verde
Que la diga en tu balcón.

Deja un comentario