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Siempre cantando

En la familia Brassens se cantaba mucho: el padre, albañil de L’Aude, cantaba. Los abuelos y la hermana cantaban. Y especialmente la madre, de ascendencia napolitana, cantaba de la mañana a la noche. Cantaban cuando trabajaban, cuando freían sardinas y cuando tendían la colada, y al parecer cantaban hasta para darse las malas noticias, lo cual debió de darle al niño una visión un tanto especial de la tragedia, que sin duda se reflejó en sus canciones.

Así habla Inma Monsó en el perfil de Georges Brassens que publica hoy El País, y me lleva a pensar: ¿es entonces extraño el cantar tanto? ¿ahora ponemos música en lugar de cantar?

Realmente en este mundo de oficinas no es habitual que nadie cante mientras trabaja, y si lo hace, despertará más de una sonrisa de sorpresa… o directamente se verá como una pequeña excentricidad. Y a menudo, quien canta lo hace con toda la afectación del mundo. Yo misma me paso el día cantando para mis adentros, es más, me quedaría sin respiración si por dentro de mí no fluyera una canción cada segundo que pasa, pero jamás me oirán cantar en el trabajo.

He escuchado cantar a mi alrededor también desde que nací, como Brassens, y tal vez de ahí me venga este hambre insaciable de alegría. Os lo recomiendo, cantad mucho.

¿Y qué canto ahora mismo? Una de Bebe que no me gusta, a ver si se va pronto.

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