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Mes: Septiembre 2005

A tiempo

Hoy he visto, por casualidad, el enésimo documental sobre la andadura española de Orson Welles y Ernest Hemingway, en el que recordaban estas palabras del autor de Fiesta:

El periodismo está muy bien a condición de abandonarlo a tiempo.

Es una profesión que, si la ejerces en toda la extensión de la palabra, exige una entrega y una disponibilidad que no casan con la comodidad y la relajación. En mi medio y en otros leo textos bien redactados pero en general echo en falta la inteligencia que existe cuando detrás hay un periodista con una trayectoria sólida, que ha madurado su opinión sobre el asunto del que escribe.

Necesito sentir que quien escribe sabe mucho más de lo que dice, y que nos transmite solo lo necesario para que comprendamos sin saturarnos. Es como en la propia vida (social y profesional): me gusta escuchar a quien sabe más que yo y, como Palomino, desvío las antenas si lo que me cuentan me suena a idea consabida, a comentario hecho al azar, a producto del mínimo esfuerzo.

¿Abandonamos el periodismo cuando más podemos ofrecerle?

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On Beauty

I’m not going to be getting any thinner or any younger. I staked my whole life on you, And I have no idea any more why I did that.

(traducción libre: No voy a adelgazar ni a ser más joven. Invertí toda mi vida en ti, y ya no sé por qué lo hice).

Son palabras de la protagonista de On Beauty, la nueva novela de Zadie Smith, según las reproduce The New York Times. Cualquier mujer que las lea se dará cuenta de lo mucho que queda por avanzar en la más íntima intrahistoria de nuestro género.

En los silencios, cuando se cierran las puertas o cuando instintivamente trazas un dibujo de tu pequeño mundo, el que importa de verdad, descubres que las cosas realmente no han cambiado tanto desde hace siglos. Es doloroso constatarlo cada día y no poder rebelarse sin quedar bajo sospecha.

No me he esforzado especialmente por expresarme con claridad, quien sepa de qué hablo lo entenderá a la primera.

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Como todos ustedes

¡Mirénme bien! Soy idiota, soy un farsante, soy un bromista. (…) ¡Soy como todos ustedes!

A punto de ver, una vez más, La reina de África, hojeo los manifiestos dadá de Tristan Tzara con la esperanza de encontrar alguna explicación extravagante a estas 13 horas de trabajo ininterrumpido, tan disciplinadas que rozan la locura.

El cubismo nació de la simple manera de mirar el objeto: Cézanne pintaba una taza 20 centímetros más abajo que sus ojos, los cubistas la miran desde arriba, otros complican la apariencia al hacer una sección perpendicular y colocándola sensatamente de lado.

Si secciono este día perpendicularmente, o si lo secciono sin más, pongo a un lado sensatamente mi inquebrantable disciplina y mi delirante sentido de la responsabilidad. Y al otro coloco alegremente mis ganas de dejar vivir, de observar sin pensar, de tener paz con mi entorno, de escribir sin que me lean con excesiva curiosidad, de reír…

Yo mantengo todas las convenciones -suprimirlas sería crear nuevas convenciones, lo cual nos complicaría la vida de una manera verdaderamente repugnante.

Yo mantengo las convenciones que me convienen 😀

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