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Mes: Octubre 2005

El niño de las estrellas

Hablan en El Mundo de El niño de las estrellas, un libro cuyo fin es ayudar a los más pequeños a afrontar la muerte y el duelo. Dice su autor, Patrik Somers, que mucha gente tiene problemas con la muerte porque tiene problemas con las emociones y el sentido de la vida.

… y esos problemas, ¿de dónde vienen?

La publicidad, las películas comerciales, incluso las conversaciones cotidianas hablan de un mundo light en el que no hay sitio para todo aquello que puede desestabilizarnos de forma insoportable.

Lo cierto e indiscutible es que existe la muerte (la de quienes tenemos más cerca, la de todos, también la nuestra), que la más dolorosa soledad puede llegar en cualquier momento (seas feliz o infeliz, sociable o asocial, en la madurez o en la juventud), y que la decadencia física (y a veces, mental) es inevitable.

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Insatisfacción

Dice Juan Gelman en ABC: [Nadie se puede proponer escribir poesía y, si lo hace, no creo que sea bueno]. Uno no escribe lo que se propone, sino apenas lo que puede, y yo siempre quedé insatisfecho.

Los músicos o los actores de teatro suelen decir que debes retirarte en el momento en que no sientas nervios antes de pisar un escenario. El equivalente en la escritura (no sólo de poesía) es la insatisfacción.

El fantasma de la insatisfacción impide a muchos autores releer sus primeras novelas, y nos ha dado mil revisiones adultas de poemarios de juventud.

La insatisfacción es la respuesta a mi post anterior.

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Pensamiento barato

En su adiós a Tecglen, Nuria Espert habló de cómo se está abaratando el pensamiento. Con todos mis respectos a la Espert, lo que a mí me gustaría es oír una queja así en boca de una persona menor de 40 años.

Cuando iba al colegio, algunos maestros se enfadaban porque no sabíamos algo que para ellos era cultura general. Hoy cultura general no existe: es incultura general, lo cual no es de recibo si hablamos de esos profesionales a los que sí hay que exigir cultura general: los periodistas (conste que soy periodista y ejerzo). ¿Todos tenemos que disponer de una amplísima cultura general? Por supuesto que no, pero para desempeñar ciertas profesiones es el requisito mínimo.

Nacen cabeceras de pésima calidad, pura palabrería sin filtro del pensamiento, nula ambición intelectual… Una generación de pesos pesados de la cultura y el periodismo desaparece, justo en este momento crítico en el que tanta falta nos hacen. Hoy cualquiera puede ser columnista, así que en unos años sólo quedará el columnismo de sobremesa y de colegueo. No digo que no lo haya habido siempre, pero no de forma tan burda.

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Tecglen

Me aflige leer ahora El País, tengo varios números amontonados de estos últimos días. Siempre lo he empezado a leer por el final, y ahora, según me cuentan, no hay nada en el espacio que ocupaba Visto/Oído.

Aunque hace ya algunos años que dejé de estar pendiente de la columna de Tecglen (siempre le he llamado así), ese niño republicano ha sido determinante en mi formación intelectual. Durante muchísimo tiempo acudí a él diario en busca de una interpretación de lo que pasa en el mundo: la que ofrece una persona íntegra, comprensiva, culta, que ha vivido y ha sufrido y que apoya al más débil y pone nombre a las injusticias.

El día de su muerte comprobé que a los más jóvenes periodistas (al menos a los que tengo alrededor) no les sonaba su nombre…

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Capitales

¿Cree Tomás Salvador que yo sería mejor novelista si viviese en Madrid? ¿Es posible que piense que una auténtica visión del mundo no la proporcionan sino las grandes capitales?

Son palabras indignadas de Miguel Delibes que reproduce José Antonio Millán en Perdón imposible, su Guía para una puntuación más rica y consciente (que recomiendo a los que se paran a estudiar cada coma colocada en sitios inhabituales, como me pasa a mí). Delibes responde a la crítica que hizo Salvador de su visión provinciana del mundo.

A mí me interesa hacer este ejercicio: mirar con ojos de provincias todo lo que en las capitales resulta natural, común, rutinario… ¿Qué me decís de Faulkner? Tan universal, tan provinciano

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Disonancias

Cada domingo me desperezo viendo videoclips. El primero de hoy ha sido el de Cool, de Gwen Stefani. Después, Automatic imperfection, de Marlango. Y para acabar y poder desayunar en mi mundo, uno de Alejandro Fernández: Qué lástima.

No me gustaban No Doubt ni ahora Gwen Stefani, pero Cool me conmueve y me engancha. Hay algo disonante en la chica de No Doubt: pelo demasiado platino, labios demasiado rojos, tupé demasiado alto… Será la nota punk, que en el caso de Gwen, más que dureza, le da un toque de fragilidad con el que es fácil identificarse. Yo la admiro por su clásico Don’t Speak, una canción que alguien tenía que escribir y le tocó a ella: había poemas y canciones sobre el instante anterior y posterior a ese sentimiento, pero sobre ese, el sangrante, es la única que se me ocurre…

En Marlango disuena el tono áspero, de pocos amigos, de la voz que pone Leonor Watling. A mí me gustaría que esas canciones, que están tan logradas, las interpretara alguien que dejara el mal genio en casa y sacara en ellas su lado débil, humano. Pero esa dureza que a mí me deja tan fría debe de ser pieza clave del concepto Marlango.

Y como cada vez estoy más latinoamericanizada (light) en cuestiones musicales, Alejandro Fernández me gusta de forma irracional e inevitable, por eso pongo su foto 😀

Te lo dije cantando, ay
te lo dije de frente…

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Lipstick Jungle

We’re comfortable with movie stars having money. We’re comfortable with a woman marrying a rich guy and having money. We’re not so comfortable with a woman independently working in business and making a lot of money.

(Traducción muy libre: No nos molesta que una estrella de cine tenga mucho dinero, ni que una mujer se haga rica casándose con un hombre rico. Pero nos incomoda una mujer de negocios independiente que gane mucho dinero).

Candance Bushnell (Sexo en Nueva York) vuelve con Lipstick Jungle, una novela sobre mujeres entre 40 y 50 años que ya no hablan de sexo (y alrededores) sino de trabajo.

Yo me pregunto si también entre los 40 y los 50 seguiré hablando más y más sobre el trabajo. Si lo que haces te gusta, te permite ser creativa y además hace posible que ganes en inteligencia emocional, realmente adquieres más conocimientos cada día y eso te reporta muchas satisfacciones… aun a riesgo de convertirse en un auténtico hobby.

Respecto al sexo, para mí se ha agotado como tema de conversación, tal vez por saturación y por recurrente en todas partes: en los medios, en el cine y en cualquier reunión de adultos-urbanos-de-hoy. Y que conste que veo a Miranda como el mejor personaje femenino de la cultura más reciente (el de Carrie es adorable, pero su mundo es inverosímil).

… aunque, bien pensado, Sexo en Nueva York no es una serie (novela) sobre sexo.

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