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Mes: Enero 2006

The American Vertigo

Es el nuevo título del polémico Bernard-Henri Lévy, que esta vez sigue los pasos de Alexis de Tocqueville en busca de una versión puesta al día de La democracia en América.

The American Vertigo ha sido bien acogido por la prensa europea, pero parece que ha molestado en el país aludido. Garrison Keillor titula con un elocuente On the Road Avec M.Lévy su crítica del libro publicada en el New York Times. No os perdáis esa divertida sátira de la ruta que siguió el francés Lévy por los Estados Unidos: su paso por Graceland y Bourbon Street (antes que Katrina), su visita a un espectáculo de drag-queens en San Francisco, su presencia en la feria de Iowa, la impresión al ver el monumento al Soldado Desconocido, la parada en Salt Lake City para ver de cerca a la comunidad mormona, su curiosidad por los amish, su estancia en Las Vegas…

En la próxima entrega, Bernard-Henri Lévy tendrá que salirse de la postal.

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Los papeles

Hay fotos, hay cartas de amor, hay comunicaciones de una persona a otra que a lo mejor le confiesa que es del Partido Comunista. Esta carta sirvió luego como elemento probatorio para un fusilamiento. Hay una carta de un niño de Rusia que le dice a su madre que no está perdiendo el idioma porque tiene un profesor de matemáticas argentino (la ministra Carmen Calvo habla hoy en El País sobre los papeles de Salamanca).

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La figura trágica del futbolista

Un grupo de escritores se han reunido en Berlín para hablar de la relación entre la literatura y el fútbol. Sólo en un encuentro así podrían extraerse conclusiones como la que titula este post, y que reproduce hoy La Vanguardia. Según Javier Marías, el futbolista es una figura trágica porque a los treinta y pocos años ya es un profesional retirado.

Esta figura trágica todavía no ha calado en los artistas españoles como en los estadounidenses, por ejemplo, que no dejan de rodar películas sobre el ocaso de grandes del fútbol americano, del béisbol, del boxeo…

Todo escritor aficionado al fútbol ha estudiado a fondo los sinónimos y las metáforas de las retransmisiones de partidos:

Creo que una pelota es una pelota. Si hay que decir quince veces “pelota”, pues se dice, y ya está
(Péter Esterházy).

En español también se puede decir “balón”, añado yo 😀

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Las seis estaciones

Según el calendario hindú, el año tiene seis estaciones:

Vesanta, la primavera;
Grichma, el verano;
Varea, mes de lluvias;
Sarad, otoño;
Hemanta, invierno;
y Sisiva, mes fresco.

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Lista de deseos

Una vez más, los desfiles me han alejado del blog, de la vida real y de la actualidad informativa. A mí la moda me interesa, sobre todo, como expresión artística, de ahí que sienta predilección por Josep Font y Ailanto. Lo nuevo de Font se presentará el día 30 en París… y en un par de meses yo seré la orgullosa propietaria de uno de sus diseños.

Normalmente, hasta que finaliza la pasarela no soy consciente de lo que se ha presentado. Acabo de estudiar los desfiles con ojo de ávida consumidora de ropa y he decidido que las dos prendas que me compraría son el abrigo rojo de La Casita de Wendy y el vestido de cuento de Custo Barcelona.

Y como calzado… algo de Mónica García o Maloles.

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El futuro según Flaubert

Gustave Flaubert (1821-1880) dijo que el futuro sería:

utilitario, militarista, americano y católico.

¿Quién es el Flaubert de hoy? Tengo que hacerle algunas preguntas… 😀

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Los más robados

Cuenta Jeff Turrentine en el Washington Post que, cuando era estudiante, las novelas de Paul Auster solían estar escondidas tras la caja registradora de las librerías de las ciudades universitarias. Los libros del escritor de Brooklyn eran los más robados, junto con los de Bukowski, Kerouac y Burroughs.

Cuando estaba en la universidad hubiera matado por tener en propiedad más libros de Kerouac y Burroughs (Bukowski no me interesaba). Creo que hubiera sido capaz de robar, sobre todo cuando veía alguna novela suya poco conocida que, pensaba, no iba a volver a encontrar en toda mi vida.

Todas mis lecturas universitarias están en la red de bibliotecas de Madrid y de la Complutense. Ahora he dado un paso más: compro libros de bolsillo. El siguiente paso sería hacerme con las novedades nada más estén en las librerías, pero, ¿para qué?

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Restos del nazismo

Rosa Sala Rose cuenta en ABC que quedan restos del nazismo en nuestros días:

Lo que llama más la atención son los «skin heads», pero lo más grave es la negación del Holocausto por los neonazis. Tenemos muchas herencias: la publicidad de perfumes en blanco y negro y la mirada perdida en el horizonte: pura estética Riefenstahl; el turismo de masas y la eliminación de las clases en algunos medios de transporte; el ecologismo, que es muy alemán, anterior al nazismo y se vincula al nacionalismo étnico: los primeros parques nacionales se fundaron en la época nazi… Y la medicina alternativa: recordemos el Hospital Rudolph Hess, que se sustentaba en la medicina natural y homeopática.

… toda una provocación.

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En el fondo de mi corazón…

En el fondo de mi corazón, estoy irremediablemente convencido de que mis queridos prójimos, con unas pocas excepciones, son unos seres despreciables.

Sigmund Freud
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Esa forma de literatura

Las cartas son la única forma satisfactoria de literatura (carta de Lytton Strachey a Lady Ottoline Morrell).

Realmente en ningún género el fondo y la forma están tan bien engarzados como en el epistolar, e incluyo aquí a los e-mails personales. Cuantas más posibilidades hay de estar en permanente comunicación con los demás, más me gusta el e-mail, porque todavía deja un lapso de tiempo entre el pensamiento del mensaje y su envío, exige una voluntad y una disposición, no se escribe a lo tonto (o eso quiero pensar). Los móviles y las mensajerías más o menos sofisticadas tienen el peligro de que ya hay demasiados usuarios con ansiedad comunicativa, que hablan y hablan y hablan, de lo que sea (incluso de nada), con quien sea, en cualquier momento…

The Washington Post recoge algunos fragmentos de las cartas de Lytton Strachey. En una de ellas habla de dos libros sobre los que yo escribiría cada día. El comentario de Strachey, como muchos de los suyos, es desconcertante:

A mí personalmente me gustó ‘Al faro’ más que ‘La señora Dalloway’. Realmente es una forma extraordinaria de hacer literatura. Lo que me preocupa del libro es la ausencia de copulación, bien sea real o insinuada. El resultado es un maravilloso y exquisito arabesco. Supongo que hay algún simbolismo -el faro, etc.- pero no soy capaz de adivinarlo.

Quien no haya leído ninguna de las dos obras maestras de Virginia Woolf, ya sabe qué es lo que no va a encontrar en ellas.

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