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Mes: Abril 2006

Aguas abril, flores en mayo

Un millón de gracias 🙂

No sé de qué compás te deslizaste
ni en qué estación de metro te perdí
No vi llegar al lobo y me avisaste
las tiendas han cerrado para mí

Aguas abril, flores en mayo
beso una estatua de sal
Se fue mi tren, también el barco
solo en mi puerto de mar…

Me visto de terraza sin licencia
me lo hago de vuelo sin motor
De aquí pallá como el inspector Gadget
persigo algún indicio de tu amor

Aguas abril, flores en mayo
camino solo por Madrid
se acerca junio y cumplo años
soy un extraño para ti

Estoy como Neptuno cuando hiela
mi horóscopo me dice “precaución”
que tú eres cáncer y hoy es luna llena
y aún tengo que hacer otra canción

Aguas abril, flores en mayo
aunque sonría no soy feliz
junio me quema y llueve en julio
quizás me vaya a San Fermín

No sé de qué compás te deslizaste
ni en qué estación de metro te perdí
tampoco oí “Pastor, que viene el lobo”
las tiendas han cerrado para mí

Aguas abril, flores en mayo
beso una estatua de sal
se fue mi tren, también el barco
solo en mi puerto de mar…

En este caso es una “transcripción libre”, porque el acento extremeño me ha hecho dudar de varios versos…

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¡Ayuda! :(

Se fue mi tren, también el barco
solo en mi puerto de mar…

Se me ha desconfigurado el eMule, los torrents me crispan los nervios a pesar de haberme estudiado este utilísimo artículo, e iTunes no piensa en mí. Necesito conseguir Aguas abril, flores en mayo en la versión de Bebe & Luis Pastor.

Es una cuestión de fuerza mayor, no podría oír un disco completo de ninguno de los dos pero esa canción es de las que consiguen que lo deje todo y me siente a escuchar. La necesidad surgió poco a poco: vi el vídeo por casualidad, repetí y ahora estoy entregada a su letra y a su sensibilidad (nunca creí en el amor a primera vista…).

¿Alguien me puede ayudar a conseguirla? :,-(

GRACIAS

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Leer lo que toca

Según explica Esther Tusquets en Babelia, en España no se venden más libros, en España se venden más best sellers. Unos pocos títulos (algunos excelentes, otros regulares, la mayor parte “mediáticos”) se convierten en objetos obligados de consumo: todo el mundo los debe tener, todo el mundo los debe haber leído.

Cuando mantienes una bitácora como la mía, un día sí y el otro también te preguntan por los sucesivos libros del momento: lo último de Auster o Mendoza, Pi, Ruiz Zafón, John Irving, Dan Brown, Harry Potters, premios Alfaguaras y Planetas, Delillo, Zadie Smith, Franzen, Jeffrey Eugenides… no se me ocurren más.

La mayoría de gente lee “lo que toca” y “cuando toca”. Si comentas que estás leyendo un clásico, te consideran pedante o excéntrica; si dices estar leyendo un libro publicado hace cuatro o cinco años, les admira que sufras tamaño retraso en tus lecturas.

Yo estoy en estos dos últimos grupos. Si me recomiendan una película o una canción, atiendo y hasta obedezco. Pero si se trata de un libro entramos en terreno vedado. Puedo rechazar leer un libro porque esté ambientado en Namibia y yo prefiera pasar una temporada mental en Escocia, por ejemplo. O porque su protagonista sea filósofo y yo prefiera en ese momento tratar con arqueólogos. Un mal título o uno demasiado abstracto también me frenan…

Tomo nota de lo que se va publicando pero reservo los títulos para cuando los necesite leer.

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¿Qué leen ellos?

Los profesores Lisa Jardine y Annie Watkins, de la Universidad de Londres, han entrevistado a 500 hombres vinculados profesionalmente a la literatura sobre las novelas que les han cambiado la vida:

El extranjero, de Albert Camus
El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
Crimen y castigo, de Fiodor Dostoevsky
El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald
Brighton Rock, de Graham Greene
Trampa 22, de Joseph Heller
Alta fidelidad, de Nick Hornby
Ulises, de James Joyce
La metamorfosis, de Franz Kafka
El libro de la risa y el olvido, de Milan Kundera
Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
Lolita, de Vladimir Nabokov
1984, de George Orwell
El guardián entre el centeno, de JD Salinger
Las uvas de la ira, de John Steinbeck
El hobbit, de JRR Tolkien
El señor de los anillos, de JRR Tolkien
Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain
Slaughterhouse Five, de Kurt Vonnegut

Un año antes se hizo el mismo estudio sobre mujeres, aunque en aquel caso las entrevistadas fueron 14.000. Las novelas más citadas fueron:

Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
Jane Eyre, de Charlotte Brontë
The Women’s Room, de Marilyn French
El cuento de la criada, de Margaret Artwood

Los autores del estudio han detectado que los hombres (ingleses) dejan de interesarse por la ficción entre los 20 y los 50 años; que no leen novelas de escritoras (excepto Matar a un ruiseñor); que sienten un apego infinito a las lecturas de pubertad; y que les atraen los libros sobre alienación y soledad. No es un retrato muy favorable del hombre lector, pero ¿qué imagen da de nosotras la lista de lecturas femeninas? ¿os identificáis con ella?

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Dos momentos del día

Los momentos más claros de cada día son el de levantarme y el de acostarme (Amy Tan en La Vanguardia).

Para mí el momento de acostarme es el más reconfortante. Es cuando pienso en todo lo bueno que tengo. Al levantarme pasa por mi mente todo lo que me sobra. En vacaciones cualquier momento es bueno 🙂

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En llamas

Cuenta The Guardian que el domingo por la noche ardió Bleak House, la casa que tenía Charles Dickens en Kent y en la que escribió David Copperfield. Bleak House, hoy Fort House y de propiedad privada, fue la mansión vacacional de Dickens entre mediados de la década de 1840 y 1852.

El New York Times recuerda lo que el escritor relató sobre la casa:

Half awake and half asleep, this idle morning, in our sunny windows on the edge of a chalk cliff in the old fashioned water place to which we are a faithful resorter, we feel a lazy inclination to sketch its picture. The place seems to respond. Sky, sea, beach and village, lie as still before us as if they were sitting for the picture.

(Traducción muy libre: “Medio despiertos y medio dormidos en esta mañana perezosa, en nuestras soleadas ventanas al borde de un acantilado de tiza, en la antigua casa de la que somos fieles inquilinos vacacionales, sentimos una holgazana inclinación a esbozar su dibujo. El lugar parece que responde. El cielo, el mar, la playa y el pueblo yacen quietos ante nosotros como si estuvieran posando para el retrato”).

Asociando ideas, no paro de pensar en Rebecca

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Sed

I have suffered from abnormal thirst
I swear it’s true and by the age
of twenty or twenty-one I had begun
to drink, & drink I can’t get enough…

(Traducción libre: “He sufrido una sed anómala / juro que es verdad / y alrededor de los 20 o 21 años empecé / a beber y beber – nunca tengo bastante…”)

The New York Times publica hoy
la crítica de Edgar Allan Poe & the Juke-Box, libro que reúne por primera vez material inédito de la poetisa Elizabeth Bishop (1911-1979).

Bishop fue alcohólica. Su enfermedad, con sus ansiedades y desesperanzas, aparece explicada en los versos de arriba, que tienen todas las cualidades de la poesía contemporánea que yo prefiero: pequeños grandes tormentos cotidianos expresados con meticulosa sencillez. Bishop era perfecionista en extremo: tardó 30 años en dar con la versión definitiva de un poema, The Moose, y en vida sólo publicó 80 composiciones líricas. Dejó cientos a medias.

El título del libro, Edgar Allan Poe & the Juke-Box, es el de un poema de Elizabeth que se publica por primera vez. Aquí tenéis unos versos de la autora que van cargados de todo el romanticismo tenebroso del autor de La caída de la Casa Usher:

“Come,” said my mother,
“Come and say good-bye
to your little cousin Arthur.”
I was lifted up and given
one lily of the valley
to put in Arthur’s hand.
Arthur’s coffin was
a little frosted cake,
and the red-eyed loon eyed it
from his white, frozen lake
(del poema First Death in Nova Scotia).

(Traducción libre: “Ven”, dijo mi madre, / “Ven y dile adiós / a nuestro primito Arthur”. / Me cogieron en brazos / y me dieron un lirio de los valles / para que lo pusiera en la mano de Arthur. / El ataúd de Arthur / era una pequeña tarta helada, / y un escocés de ojos rojos la miraba / desde su lago blanco y helado”.)

Saludo a todos los que han llegado hasta aquí después de leer la entrevista publicada en Elpais.es.

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