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Mes: Mayo 2006

Mala prosa / mala poesía

Escribir bien siempre es difícil. Es más fácil escribir mala prosa que mala poesía, porque la mala poesía es como un sapo que te salta a los ojos y, sin embargo, la mala prosa se camufla con un argumento, con un tema de actualidad (Luis García Montero, ayer en EPS).

A mí ayer me saltaron varios sapos a los ojos viendo una película española. Era una supuesta obra de autor, con un guión mimado en extremo. Me sentí molesta una y otra vez al escuchar a los personajes. Apenas nada de lo que decían era probable en una conversación real, actual.

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Un solo libro

Se ha dicho siempre que se escribe un solo libro, y la verdad es que va cambiando con el tiempo, porque no eres el mismo de aquel octubre del 47, cuando aparece «Cántico», pero qué duda cabe de que, aunque sea distinto, hay un ideal de belleza y hermosura, cosas que permanecen desde el primer momento en que estás formado.

El poeta Pablo García Baena lo decía hace unos días en ABC. El ideal de belleza será el mismo, pero transmitirlo requerirá menos espacio. Pasas del “voy a tratar de expresar esto” al “tengo dos palabras que lo expresan con nitidez”. Obvias los datos confusos y desechas las incertidumbres y los adornos… como en la vida.

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Curvas

Los mediterráneos sentimos rechazo por la línea recta; preferimos la línea curva que baila y se desliza… (El pintor José Royo, hoy en Levante).

Habrá mediterráneos que elijan la línea recta, pero no es mi caso. No me gustan los coches angulosos, llevaría siempre los zapatos de punta redonda, prefiero un botón que una cremallera, no identifico la esbeltez con la belleza, mi tipografía siempre será la Comic Sans y entre ravioli y tortellini, me quedo con los segundos.

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Eutanasia

Tendría que haber un servicio de eutanasia de autores.

Esta declaración de Eduardo Mendoza me ha llegado por el servicio ¡extra! de Elpais.es. Después he comprobado que han suavizado la crónica sobre la charla mantenida ayer entre Javier Marías y Mendoza en la librería Blanquerna de Madrid.

Mendoza explica a qué se refiere:

En este trabajo, cuanto más avanzas, no adquieres más sabiduría y vas perdiendo frescura. Creo que seguimos escribiendo para ver si conseguimos entender por qué un día nos pusimos a escribir.

Yo nunca diría que las obras de un autor van siendo mejores a medida que se hace mayor, pero sí reconozco que, cuantos más años tiene, más interesante se vuelve como entrevistado. No sé si he contado aquí que la entrevista es mi género periodístico preferido, uno de mis vicios es rastrear entrevistas en internet, y en particular las que se han hecho a escritores. Respeto, claro está, el derecho del artista a expresarse únicamente a través de su obra.

Lees charlas con jóvenes novelistas/poetas/actores/músicos y no tienen mucho que contar sobre casi nada, aunque siempre habrá excepciones. Tienen más gancho como material de reportaje (“ahora entra en una heladería, ahora se toma el brunch“) que como protagonistas de una entrevista en profundidad.

Aunque la obra de un autor de 80 ó 90 años pueda carecer de interés -o no-, una entrevista con él será una pieza, por lo menos, entrañable, y seguramente cargada de titulares. Se me ocurren varios escritores (no hace falta que dé nombres) a los que me gustaría leer en entrevista, pero cuyos nuevos títulos no me interesan demasiado.

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Oficina

En el último EPS, Pelayo Cardelús comenta sobre su primera novela, El esqueleto de los guisantes:

La novela narra la vida en una oficina… Es una historia personal, en la que no hay sexo o drogas, y sucede en la oficina porque a veces da la impresión de que uno es persona tan sólo cuando sale de trabajar… Busco sentido y significado a escenas corrientes que no significan nada, pero en ellas escarbo.

Aunque de entrada no resulte atractivo, debería haber más novelas sobre la convivencia en una oficina. Me pregunto cuál será el porcentaje de horas de nuestra vida que se quedan allí, ¿alguien lo sabe calcular? ¿qué peso real/deseado tienen en nuestro día a día las horas que pasamos en el lugar de trabajo?

La oficina extrae una parte de nuestra personalidad que todavía no está apenas explorada por la literatura. Sólo se me ocurren ejemplos aislados; el mejor, aquí y ahora, Camera Café 😀

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