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Pequeña confusión

Conocí a Blair, me dio la mano, la apretó con firmeza y me dijo que admiraba mi obra. Y añadió que ahora tenían ya dos de mis cuadros. El caso es que no me soltaba y yo insistía en decirle que no, que había una confusión, pero él interpretó mis palabras como un gesto de modestia. Luego se fue y me abordó un grupo de depredadores (periodistas), y les dije simplemente que había elogiado mi obra. Lo demás me lo guadé para ‘Sábado’.

Ian McEwan, hoy en El País. Sábado es su última novela.

5 Comments

  1. winstaniana winstaniana

    Esta anécdota me recuerda otra en la que «alguien» (seré benévola)se refirió a Saramago como Sara Mago.
    🙂
    Saludos.

  2. París59 París59

    Esa Sara sí que pinta bien: qué dominio el de la «paleta».

  3. Jason Jason

    El primer ministro británico (afortunadamente no lo será durante mucho más tiempo) tiene una facilidad sorprendente para meter la pata y cuando lo hace, suele meterla hasta el fondo. Acabo de ver otras joyas del mismo estilo, por ejemplo:

    «Well, Margaret Thatcher is perhaps the politician I have the greatest admiration for. I am reading her memoirs at the moment.»

    Se le atribuye esta cita cuando le preguntaron a qué político/a admiraba más, en una entrevista en el Sunday Mirror en septiembre de 1996. Se supone que Blair no podía ser más diferente que la «Dama de Hierro».

    En fin, cuando se le diagnosticaron las taquicardias en 2003, le deberían haber hecho un electrograma también para ver si había alguna actividad cerebral.

  4. Microalgo Microalgo

    Disculpen la intromisión en este Blog. Pero viene al caso.

    Parece que una primera dama latinoamericana quedó emplazada en un banquete junto al añorado Tito Monterroso. Alguien, implicando al autor guatemalteco en la conversación, dijo que «el dinosaurio» era una de las mejores cosas que había leído en su vida. Le preguntaron a la primera dama en cuestión si lo había leido también y ella dijo «aún no lo he terminado, voy por la mitad». Con el consiguiente descojone de Augustito, que siempre fue un gamberro tremendo.

  5. Q. Tanartino Q. Tanartino

    Microalgo: ¡Gran historia!
    Como habría añadido la Espe en los grandes tiempos en que se permitía hablar de esas cosas: «Los que trabajamos no podemos leer una novela de un tirón».

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