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Mes: noviembre 2006

Al grano

Hace ya unos días entrevistaban a Ramiro Pinilla en Comunicación Cultural. Cuando le preguntan por qué define su lenguaje como invisible, el escritor responde:

Que llega al lector sin estorbos. Que no tiene descripciones, si describo algo es porque es imprescindible. Por ejemplo, es de noche. Y ahí queda; todo el mundo sabe lo que es la noche, un amanecer, el despacho de un abogado, de un médico; ¿para qué describir esas cosas? Son lastres. El lenguaje invisible significa la eliminación de lo superfluo, que va directamente al grano. Cuando me sale una frase bonita, la tacho y empiezo de nuevo. Sólo quiero frases sustanciosas que digan 2 ó 3 cosas a la vez. A mí me gusta respetar al lector y no me gusta vanagloriarme y decir: “mira, yo escribo bien y te lo voy a demostrar”.

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A lápiz

La poetisa Claribel Alegría contaba en el Babelia del 4 de noviembre:

[Juan Ramón Jiménez] escribía todos los días a lápiz, porque decía que la pluma manchaba demasiado el papel. Clavaba los poemas en las paredes y en las puertas, y a medida que paseaba cerca de ellos los iba corrigiendo. “Yo tacho”, me decía, “casi nunca agrego nada; el poema tiene que ser así: esencia”.

Cuando dispongo de mucho tiempo y estoy creativa, editar me gusta tanto como el primer día. Sobre todo, editar lo que yo escribo: tomar un texto en bruto y suprimir o redistribuir párrafos, eliminar circunloquios, alterar la primera frase cuatro veces y siete la entradilla, solventar repeticiones fastidiosas (o sin solución), incluso buscar sinónimos…

¿Por qué los periodistas tenemos tanto olfato para detectar que un autor ha recurrido al diccionario de sinónimos? (¿lo he usado yo escribiendo esto?)

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