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Camisetas

Por una vez veo que un hombre se muestra implacable con el físico de sus congéneres. Es broma, claro está. A nosotras estas cosas también nos las dicen en broma, y a aun así, cuánto daño hacen y harán. Ahí va un poquito de dictadura estética para el sexo masculino, sin acritud 😀

Los hombres de mi edad, casi 30, acostumbramos a llevar camisetas como si nos aferrásemos con todas nuestras fuerzas a la juventud que se nos está escapando. Bien, algún día hay que dar el paso. Debemos empezar a ponernos camisas. Sobre todo, porque algunos de nosotros empezamos a tener el pecho como el de un perro cuando se pone de pie. Eso sí, nada de metérselas por dentro, porque si tienes barriga, te la acentúa (…).

Si tu problema es que no tienes muchos hombros, la americana es tu amiga. Dicha carencia se comprueba colgándote una mochila: si se te cae, es que algo huele podrido en Dinamarca, compañero (…).

Respecto al pantalón, soy de los que piensan que siempre es mejor llevarlos anchos, tanto si tienes canillas como si eres de patorra firme. Además está la cuestión del culo de panadero, una de las mayores tragedias para un varón adulto: tener un culazo para forrar pelotas que casi ilumine la estancia (…).

Un hombre joven está por cocer, es pueril. Como un potrillo, tiene potencial, pero todavía no ha llegado a su esplendor (…).

El hombre elegante de hoy es alguien que está al corriente de la moda, pero no pierde demasiado tiempo eligiendo lo que se va a poner. Supongo que gracias a su fondo de armario, expresión que me parece graciosa porque en el fondo del mío lo único que hay son camisetas de la Caja Rural de Cuenca.

El autor es Ernesto Sevilla. Es un extracto de su artículo en EPS-Hombre del domingo pasado.

Bienvenidos al club… y ¡a sufrir! Lo que es yo, estoy ansiosa por echarme al monte con la ropa de hace 4 temporadas (una fijación mía 🙂

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