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Mes: Enero 2008

Sylvia & Ted

Tan pronto como divisé aquel pueblecito… después de una hora de viajar en autobús a través de montes desiertos de arena roja, huertos de olivos y matorrales, todo tan típico, y vi aquel mar azul centelleante, la limpia curva de sus playas, sus inmaculadas casas y calles -todo, con una pequeña y relumbrante ciudad de ensueño-, sentí instintivamente, igual que Ted, que ése era nuestro lugar…

Leo en El País que Sylvia Plath y Ted Hughes pasaron parte de su luna de miel en Benidorm. ¿Chocante, eh? Esa es la descripción que hizo ella del pueblo en 1956.

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El lagarto mágico

Del realismo mágico me sobra el tremendismo. Y de Obaba me sobran el lagarto y la locura. Acabo de verla, que no leerla, y cualquiera se va a la cama pensando en un lagarto.

Me he reconocido en el comienzo, cuando Bárbara Lennnie conduce de noche por carreteras tortuosas. Habré hecho lo mismo decenas de veces, y con lluvia. Tal como queda plasmado en la película, en trayectos así el gran miedo es atropellar o deslumbrar a alguien al coger la curva. Un toro, un jabalí, un zorro… a mí ya me ha pasado.

Veréis que veo películas y leo libros a mi ritmo o cuando se cruzan en mi camino. No planifico.

Lo que más me ha gustado es Juan Diego Botto. Tiene esa forma tan inteligente de representar las emociones…

La imagen no pertenerce a Obama.

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You Are My Sunshine

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You’ll never know dear, how much I love you
Please don’t take my sunshine away

Imagino que ya estáis tatareando la canción. Esta versión del singing cowboy Gene Autry (nada menos) es la que más se adaptaba al espíritu que buscaba después de ver anoche O Brother.

No me ha hecho falta la Odisea para situarme. Hay tal compendio de mitos -o tópicos ya- sureños (de Estados Unidos) en la película que me divertí anotándolos todos: el guitarrista que vende su alma al diablo (Robert Johnson), la gran flood (inundación) final, el crossroads (cruce de caminos), la chain gang, el KKK…

Pero me quedo con la parte costumbrista: las seis niñas a las que pasean atadas a una cuerda para que no se pierdan, la cera para el pelo de George Clooney o la gracia con la que dicen “bona fide!”.

Una pequeña obsesión me estremecía al ver O Brother: pensaba que en algún lugar del país, al mismo tiempo, la familia Joad sufría penurias y desgracias en su camino hacia el paraíso.

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Personajes en el limbo

De vuelta de Barcelona proyectaron en el tren Stranger Than Fiction, una película -aunque parezca increíble- sobre teoría literaria.

Entendí a esa Emma Thompson angustiada al matar a su personaje, ¡yo no sería capaz! Ni siquiera necesitaría encontrarme cara a cara con él, como le pasa a ella.

Mientras la veía solo pensaba en una cosa: el limbo de las criaturas de ficción. ¿Qué hacen cuando te estancas y el libro se queda detenido hasta que vuelve la inspiración o encuentras un desenlace? Me los imagino haciendo huelga y manifestándose con carteles que dicen “¿qué va a ser de mí?”.

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Adiós a Ángel González

Primera noticia que leo hoy: ha muerto Ángel González a los 82 años.

Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo
—pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.

Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte esta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.

Es un poema claro, redondo, directo e inolvidable de Breves acotaciones para una biografía (1971).

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No one

Aunque suena en todas partes, no puedo dejar de escuchar esta canción de Alicia Keys.

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Lo viejo

Hace unos días me encontré por casualidad en La 2 Un franco, 14 pesetas, de Carlos Iglesias, esa especie de Cuéntame cómo paso de la inmigración española de los sesenta.

Viendo la decepción del niño al entrar en su piso de segunda mano en San Blas, recién llegado de Suiza, me di cuenta de que los más pequeños rechazan todo lo que huele a viejo. A mí misma me pasaba: lloraba sin consuelo cuando me llevaban a visitar a alguien que vivía en una casa antigua. Ahora no lloro, pero aún me hace pasar malos ratos

Ahora he dado un pasito: rechazo lo viejo, o mejor, lo usado, cuando no es mío. No me gustan las casas rurales, ni los hoteles que no son nuevos, ni la ropa vintage, ni cualquier artilugio de segunda mano que haya pertenecido a un desconocido.

Solo me interesa lo viejo cuando ha dejado de ser reutilizado por unos y otros y se ha convertido en objeto de estudio: una iglesia románica o gótica, unas ruinas romanas, unas calles que casi no han cambiado desde la Edad Media, por ejemplo. Hace falta que pasen siglos para que capte mi atención.

Si los niños no quieren saber nada de las cosas viejas, ¿llegar a aceptarlas en síntoma de madurez?

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No me gustan demasiado los Manic Street Preachers. Será por eso que lo que me atrapa de esta canción es la parte que canta Nina Persson (a partir del minuto 1:27).

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