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Mes: abril 2008

La belleza que se rompe

Hablo de lo que pasa cuando la belleza se rompe. Estuvimos en Vancúver con chicas jovencísimas que habían tenido cáncer de pecho. Es terrible, pero -según las estadísticas- el 70 por ciento son abandonadas por su pareja.

Lo cuenta Isabel Coixet en OnMadrid.

Qué puedo añadir… Todavía queda mucho por recorrer.

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Exceso de ternurismo

Durante la juventud uno piensa tan sólo en su propia rebeldía, pero ahora uno se pone en la piel de la madre o del padre, y eso me permitió descubrir todo el amor que había debajo de sus propios miedos. La poesía es el matiz. De pronto reflexionar sobre un padre o una madre llena todo de matices. Me he podido poner muy bien en su piel y en su sacrificio. Esto me conmueve y he tenido que usar mis defensas para no caer en un excesivo ternurismo.

Luis García Montero en Babelia.

A mí me ha dado un ataque de ternurismo al leer esto, excusable porque no voy a dar detalles aquí por escrito. García Montero me gusta cuando escribe y cuando habla. Tampoco difiere demasiado una voz de otra…

Hablando de ternurismos, ¿por qué ahora todo el mundo es tan ostensosamente tierno, afecturoso y efusivo, y de una forma tan afectada? Los españoles no éramos así… ¿Tienen la culpa las series norteamericanas, las de adolescentes y los grandes hermanos? Es como si se hubiera decidido por unanimidad manifestar la felicidad cada segundo de nuestra vida, en vez de expresarla solo en momentos muy concretos y sublimes. El resultado es que nos volvemos idiotas (con perdón).

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¿Somos agua o polvo?

En el desierto de Atacama la metáfora de que somos polvo deja de serlo y se crea una identificación entre la materia que te rodea y tú mismo. Aunque te duches, esa situación de estar tocando polvo sobre tu propia piel -o más bien dicho: que tu propia piel es polvo- da la idea.

José Antonio Millan en ABC.es.

Otros dicen que somos agua. Si vas a una región sin sol, con llovizna persistente y mucha humedad, extrañas un poquito de arena o tierra seca.

Mi ambiente natural es el de la humedad (por la cercanía del mar) y la sequedad del terreno. Es al que mejor responde esta piel tan caprichosa.

Somos agua y somos polvo.

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Las ciudades y Antonio López

Nueva York no me impresionó. Me pareció pequeña. Todo era provisional. Al volver años después, me ocurrió lo mismo, nada. Puede que esté harto de las grandes ciudades.

Lo contaba hace ya días Antonio López en El País. Yo también estoy harta de las grandes ciudades y todo lo que conllevan.

¿Qué es lo que entra en mis pulmones cuando salgo a la calle?
¿Por qué tenemos que pasar tantas horas en una oficina, si podemos hacer lo mismo en casa, en menos tiempo y lejos de la gran ciudad?
¿Por qué es imprescindible gastar dinero siempre que sales de casa?
¿Por qué se me ensucia tanto el pelo aunque no me aplique espumas ni lacas ni nada de nada?
¿Por qué tengo que llegar despeinada al trabajo después de usar el transporte público en hora punta?
¿Cuánto de antinatural hay en el hecho de estar sentado todo el día?
¿No es una condena tener apenas dos horas al día para los hobbies? (a menos que renuncies a dormir 7-8 horas, y me niego)

Algunas de las preguntas sonarán ridículas, ya lo sé. Y no, no voy a solucionarlo yendo a bares de oxígeno ni pasándome la vida de spa en spa habiendo opciones mejores y más naturales.

Podría seguir, pero es lo que todos sabemos. Estoy harta de lo de siempre. Quiero calidad de vida sin tirarlo todo por la borda 🙁

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Tu pequeño mundo

Un prejuicio menos, y ya van unos cuantos: hoy voy a dejar que hable aquí -creo que por primera vez- Rosa Montero:

Lo que viene a decir la novela es que, puesto que en la vida de hoy ya no hay nada fiable, nada seguro; puesto que los dioses y las ideologías han muerto; puesto que ya no hay respuestas absolutas a las que agarrarse, por lo menos sé buena persona, maldita sea. Y esa actitud puede salvar tu pequeño mundo personal, y tal vez el mundo de todos, por lo menos metafóricamente (en El Mundo).

Así es. Sin ambiciones que vayan más allá de las íntimas y personales, solo aspiro a una cosa: estar tranquila cuando llego a casa y sobre todo cuando pongo la cabeza sobre la almohada.

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Fin de la avería

Después de una temporada fuera de combate, la hormiga vuelve a funcionar. ¡Ya era hora! 🙂

Ups, sigue la avería.

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