Skip to content

Mes: Mayo 2008

El caso de la mujer asesinadita

He ido a ver El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura, una comedia ligerita en la que hay, en palabras del propio autor, “un pequeño asesinato”. Los diminutivos salen solos al hablar de esta obra. Mihura es entrañable porque critica desde la ingenuidad, detalle que hace que su mensaje siempre sea esperanzador.

A la protagonista de El caso de la mujer asesinadita, Mercedes, no podía encarnarla nadie mejor que Isabel Ordaz. Los demás intérpretes no se quedan atrás, se nota que disfrutan en sus papeles y en la historia. Y la puesta en escena es una delicia, con esas letras luminosas que bailan al ritmo de Machín o Nat King Cole, ese hotelito decorado en tonos pastel y esos conjuntos tan Katharine Hepburn. Este montaje, además, gana en el recuerdo.

El caso de la mujer asesinadita se representa en el Teatro Fernán Gómez de Madrid hasta el 8 de junio.

Deja un comentario

Una rosa llamada X

Wanda Ferragamo, la viuda del diseñador, tiene una rosa que lleva su nombre: Wanda. Fue el regalo de cumpleaños de su hija y la creadora es otra rosa: la jardinera Rose Barni.

Si me regalaran una rosa que llevara mi nombre -por aclamación popular soy más Rosa que Ana- primero seguro que me embriagaría la emoción. Después sufriría el “síndrome Dorian Gray”, con la suerte de que no solo habría un ejemplar, sino miles. Ya me encargaría yo.

1 Comment

Flores rotas

Acabo de ver Flores rotas (2005), de Jim Jarmusch. Cualquiera diría que hizo esta película con el pretexto de dar trabajo a actrices que van quedando relegadas de la gran pantalla debido a su edad.

Jarmusch mima los planos en los que aparecen Sharon Stone y Jessica Lange. No se acerca demasiado, las cuida. Esta última ha perdido parte de su expresión después de hacerse unos retoques. Qué pena, es una de las actrices que más he admirado.

Broken flowers tiene el tipo de poesía visual que me gustaba a los 15 años. Más o menos por aquella época empecé a investigar sobre Jim Jarmusch y convertí Down by Law y Stranger Than Paradise en piezas clave de mi imaginario adolescente.

Deja un comentario

No estoy

Jonathan Franzen explica en el número de junio de Elle cómo gestiona su tiempo y su vida social:

Sería feliz si, durante el resto de mi existencia, mi teléfono no volviera a sonar cuando no estoy esperando una llamada urgente. Lo bueno de los emails es que se almacenan en el ordenador y te esperan el tiempo que haga falta.

Sigue:

Sé que alguien se ha convertido en un amigo de verdad cuando apenas lo veo. Mis mejores amigos son aquellos con los que casi no hablo ni me mando emails. Esto significa que confiamos los unos en los otros y que comprendemos lo liados que nos tiene la vida. Una de esas cosas que nos ocupan tanto tiempo es, por supuesto, ver a todos esos menos-amigos que no llegan nunca a comprender estos temas tan importantes.

¿Serán manías? El caso es que las comparto, qué le vamos a hacer. Me adscribo al tópico discurso de toda mujer/persona trabajadora a la que preguntan sobre sus trucos para “conciliar”: mi tiempo libre es un tesoro y no lo gasto en parloteo por el móvil ni en citas de compromiso. El tiempo que entrego a los míos es de calidad, porque cantidad no puede haber, bla bla bla.

Conste que una de esas llamadas de “¿qué has hecho hoy?” puede ser importantísima. Todo depente de quién esté al otro lado 🙂

Deja un comentario

Morning person, summer person

Así es. Soy una morning person y también una summer person. No sabéis la alegría que me da despertarme temprano los fines de semana, sin despertadores y con todas las ganas del mundo de empezar otro día y que sea muy largo.

Para celebrarlo, esta revisión del clásico de Armando Manzanero Algo contigo que hace Rosario. ¿Verdad que dan ganas de bailar?

1 Comment

Los olvidados

De Sidonie. Esta es mi canción del fin de semana (sin mensajes ocultos). Me gusta su atmósfera, aunque no tanto el vídeo.

Deja un comentario

¿Has sido bueno?

Ser bueno no sirve absolutamente para nada salvo para hacer el ridículo y para que, si no eres bueno, sino buenísimo, y si tienes una suerte espantosa y nos has traído al mundo unos cabrones, cuando seas viejo, tus hijos acepten convertirse en tus padres y, antes de que tú los abandones en la intemperie del mundo, te bañen, te peinen, se rían contigo y te limpien la caca. Visto lo visto, no parece que de momento podamos aspirar a más (Javier Cercas, en El País Semanal).

Y ya es aspirar a mucho. ¿No os parece que somos una de las generaciones peor preparadas para aceptar y soportar la vejez? No solo la nuestra, sino también (¿más?) la ajena.

Exactamente a los diez años aprendí que lo nuevo se hace viejo y la juventud se acaba. No hubo un motivo especial, es que era muy reflexiva. Y me dije: “tengo que acordarme siempre de que a los 10 años ya le quité valor a la juventud”.

Por eso, cuando las nuevas generaciones me dicen que critico la sobrevaloración de la juventud porque me quedan menos años que ellos para disfrutarla, la respuesta siempre es: “no, no, esto ya lo pensaba a los 10 años”.

Son las 5 de la mañana y seguro que cuando me levante me arrepentiré de haber estado escribiendo a estas horas 🙂

Deja un comentario

¿Reconoces mi letra?

Mi amigo y yo, como tanta gente que ha empezado a relacionarse cuando ya se encontraba en marcha el hábito de la comunicación a través de correos electrónicos y SMS, ignorábamos cómo es la letra del otro.

Lo dice hoy Maruja Torres en El País.

Me sobran dedos en una mano para contar cuántas caligrafías reconozco. Creo que ya ni la mía, después de tanto teclear. Mi letra era bonita antes, o al menos tenía encanto, pero ahora parece escrita por dedos agarrotados.

Solo escribo listas de la compra, palabras sueltas en mis dos agendas -la de casa y la de la oficina- y notas al margen de documentos de trabajo.

Me desconcierta descubrir caligrafías de otros, dicen tanto…

1 Comment

Terapia epistolar

Casi todo el mundo intenta alguna vez escribir una carta de suicida, tanto si tiene talento para escribirla como si carece de él. Lo que importa es la carta. La terminamos, y luego continuamos nuestro viaje a través del tiempo.

Lo cuenta Martin Amis en El Mundo. Son esas cartas no enviadas sobre las que llegó a haber un blog hace años (¿existe todavía?).

Es como esos emails de ajuste de cuentas que todas (no sé si todos) hemos escrito. Al principio los envías sin pensártelo dos veces, años después los editas para eliminar las salidas de tono, y cuando has ganado autocontrol los dejas reposar unos días en la carpeta de borradores y luego los borras.

Yo nunca he escrito una carta de suicida, ¿qué motivos iba a poner? Ninguno tiene bastante peso, por más que, como me contó Nreska, pertenezca al grupo social que más suicidios registra con diferencia.

2 Comments

¿Quién canta?

Leo en los blogs de El Mundo que la sacrosanta Velvet Underground es quizás el paradigma de grupo sobrevalorado noventista.

Es la primera vez que oigo/leo “noventista”, ¿perdurará como equivalente a sesentero y ochentero? ¿ganará “noventero”?

En mi casa se escuchaba mucha Velvet, aunque yo estaba inmunizada. Entraba por un oído y salía por otro. Pero cuando se oía a Nico, siempre preguntaba: “¿quién canta?”. Eran nanas oscuras para días difíciles. Tengo pésimos recuerdos del instituto y de la universidad, ¡cualquier tiempo pasado fue peor! Escuchar I’ll Be Your Mirror o All Tomorrow’s Parties era un gran consuelo, sin siquiera prestar atención a las letras. Hoy mismo he caído en la cuenta de que no me preocupé por saber lo que decían. Mi favorita era Femme Fatale. Es la primera vez que la escucho en la era post-You Tube.

Deja un comentario