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No estoy

Jonathan Franzen explica en el número de junio de Elle cómo gestiona su tiempo y su vida social:

Sería feliz si, durante el resto de mi existencia, mi teléfono no volviera a sonar cuando no estoy esperando una llamada urgente. Lo bueno de los emails es que se almacenan en el ordenador y te esperan el tiempo que haga falta.

Sigue:

Sé que alguien se ha convertido en un amigo de verdad cuando apenas lo veo. Mis mejores amigos son aquellos con los que casi no hablo ni me mando emails. Esto significa que confiamos los unos en los otros y que comprendemos lo liados que nos tiene la vida. Una de esas cosas que nos ocupan tanto tiempo es, por supuesto, ver a todos esos menos-amigos que no llegan nunca a comprender estos temas tan importantes.

¿Serán manías? El caso es que las comparto, qué le vamos a hacer. Me adscribo al tópico discurso de toda mujer/persona trabajadora a la que preguntan sobre sus trucos para “conciliar”: mi tiempo libre es un tesoro y no lo gasto en parloteo por el móvil ni en citas de compromiso. El tiempo que entrego a los míos es de calidad, porque cantidad no puede haber, bla bla bla.

Conste que una de esas llamadas de “¿qué has hecho hoy?” puede ser importantísima. Todo depente de quién esté al otro lado 🙂

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