La hormiga remolona

Entre la crítica impresionista y el chisme.

23 septiembre 2008

Barroco

El olor del talco, la exuberancia de una sandía rota en pedazos o la acidez del zumo de uvas exprimidas con furia/lujuria: son las sensaciones que me llevé a casa después de asistir a la representación de Barroco en el teatro Fernando Fernán Gómez.

Alguien que no conozca Las amistades peligrosas, ¿entenderá por qué hay tanta virulencia en la relación que une a Valmont con la marquesa de Merteuil? El perverso apego que se tienen no decae a lo largo de la función. Nunca empieza y nunca termina, como tantas otras cosas que nos recuerda El Navegante en sus apostillas.

Quería ver a Blanca Portillo en el teatro y salí admirada. Fueron casi dos horas sintiendo de forma extrema y clamorosamente convincente.

Qué pedante me ha quedado. En resumen: repetiría.

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1 comentarios:

  • A las 10:32 PM , Blogger Paco Zafra ha dicho...

    Yo también fui a verla y me encantó ;-). Por suerte las manchas de sandía salieron fácilmente de mi camisa.
    El muro polimórfico me pareció de lo más original y el 4º actor en escena.

     

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