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Mes: Diciembre 2008

El regreso de Debra Winger


El Telegraph se hace eco del regreso de Debra Winger después de diez años alejada de los focos, que no de la interpretación, la escritura y la docencia.

Tras rodar Shadowlands (Sombras de niebla, 1994) y recién cumplidos los 40, la actriz se alejó del cine porque no quería interpretar a mujeres mayores o más jóvenes de lo que era ella entonces. Ahora y con 53 dice que ya es posible.

La película del regreso es Rachel Getting Married, de Jonathan Demme.

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Vicky Cristina (María Elena) Barcelona (Oviedo)

Anoche vi Vicky Cristina Barcelona. Me senté diciendo “a ver si es cortita” y no tuve que repetirlo porque, efectivamente, se acaba enseguida.

Es otra película con trama pequeñita de Woody Allen que se puede resumir en el grito de María Elena: “¡niñata de mierda!” (con perdón).

Barcelona y Oviedo no pueden salir más espectaculares, a ver si vuelvo/voy pronto. Penélope Cruz nunca ha estado más graciosa.

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Regalo de Navidad

Lo único que yo quiero comprar es tiempo, eso sí es para mí el gran lujo. Si me das tiempo me has hecho el mejor regalo (Fernando Savater en Elle).

Ay, lo que daría yo por cuatro horas más al día de tiempo libre. No podría haber mejor regalo. Hay quien llega a casa y empieza a comer con ansiedad, pero a mí lo que me pide el cuerpo es otro tipo de alimento, llenarme la cabeza de algo que merezca la pena. Así que son las 23.07, mañana hay que madrugar y quiero leer y revisar aún 200 cosas.

Sobre todo ahora que me he jubilado lo que quiero es tener horas para leer y, más aún, para releer esos libros que me impresionaron en mi juventud, pero que probablemente entendí sólo a medias. Cuando creces te das cuenta de que con 13 o 14 años uno no puede comprender de verdad Madame Bovary.

Para colmo de males, algún personaje con alma de torturador propone las 65 horas semanales. ¿Las cumplirá él? Y, sin ánimo de ser dramática, ¿merece la pena vivir si al final nos toca trabajar de sol a sol?
Sigo soñando con la jubilación, si existe cuando me toque (insisto).

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Los sueños según Saramago

Al contrario de lo que Freud creía, no se puede describir un sueño porque siempre te queda algo esencial fuera, todo sueño contiene algo inefable que forma parte de su esencia (José Saramago en La Vanguardia.

Ese algo es lo que, incluso horas después de despertarte, te mantiene angustiado, eufórico, abatido… Te dices, “¿qué me pasa?”, y la respuesta está en el sueño. Muchas veces no recuerdas apenas detalles, pero el sentimiento ahí queda (en mi caso).

Soñamos que gozamos de libre albedrío pero en lo importante no lo tenemos.

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La elegencia del erizo

Todas las familias felices se parecen; las familias desdichadas lo son cada una a su manera.

No sabía que La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, le debía tanto a Anna Karenina. La devoción por la novela de Tolstoi vincula a sus personajes, y va tiñendo de crudo romanticismo cada paso que dan.

Sin casi darme cuenta, el recuerdo de Anna Karenina me fue nublando la lectura, presagiando lo peor.

Hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes.

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De casa en casa

Hablaba esta semana un lector del placer de vivir en babia. La frase me gustó por lo bien que me define.

Durante el último mes he vivido en cinco casas, sin contar la actual. Me explico: estoy buscando piso. Cada vez que veo uno dedico horas y horas a fantasear con lo que supondría vivir allí. La imaginación se me aviva y no hay quien me pare.

Dos días viví mentalmente en un ático con gran terraza junto a la Torre Picasso, luego en un salón de paredes acristaladas de Bravo Murillo, después en un “espacio de luz” desde el que se vislumbraba la sierra. Ahora ando trasteando por una casa con pasillo -es la primera que lo tiene- en Malasaña. Según me imagine en uno o en otro, la cabeza se me llena de luz, de ruidos o de escaleras de madera.

Mientras me decido, sigo subiendo peldaños pensativa.

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Niños que dan miedo

Con los pelos de punta me he quedado después de ver el especial de The Guardian sobre los niños más terroríficos del cine. No pondré foto para no asustar a nadie.

Puestos a dar miedo, un niño siempre asusta más que un adulto. Será que esa pureza que se les atribuye se convierte en pura maldad y que no hay marcha atrás. Y que su capacidad de raciocinio no alcanza a entender por qué lo que hacen está mal. Me refiero a los niños espantosos del cine, no a las habituales travesuras infantiles.

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Entonces

He sido contagiada por la cantinela de Marta, la chica del Tomtom. Me sorprendo diciendo “entonces” sin ton ni son, ¿cómo me puedo quitar este tic verbal?

Entonces, ¿alguien puede enseñar a Marta a hablar español?

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