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Mes: Octubre 2009

Gracias a Un dios salvaje

En Un dios salvaje, de Yasmina Reza, empiezas a respirar cuando los personajes pierden la educación. Das gracias a ese dios por no entender de buenas maneras.

El exceso de buenos modales es siniestro, ahoga.

Con tacto y sensibilidad, algo tan poco salvaje, se suplen cargantes formalismos.

Los personajes de Un dios salvaje
Los personajes de Un dios salvaje
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Entre limones

El hombre, cuando ve una montaña, siente la necesidad natural y sana de subir a su cima. Sin esa necesidad apenas seríamos humanos… ¿no?

Desde que he terminado Entre limones (Driving Over Lemons), de Chris Stewart, cada rato me asalta el mismo pensamiento: ¿qué estarán haciendo ahora? Tantos días leyendo sobre las idas y venidas de estos ingleses, Alpujarra arriba y Alpujarra abajo, han conseguido que eche en falta su compañía.

Las personas analfabetas tienen esa ventaja, la capacidad de retener en la cabeza una historia larga tiende a disminuir cuando se es capaz de leer y escribir.

Salvo los alacranes, las culebras y los gusanos -precisamente lo que más temían Chris y Ana cuando nació su hija Chloé-, yo sería feliz viviendo allí, comiendo patatas a lo pobre y bebiendo costa (tal vez también tomando torta de chicharrones, pero aún no la he probado…).

El invierno pasado subí a la Alpujarra granadina por el barranco de Poqueira pero la nieve sólo permitía llegar hasta Capileira. Probé las mejores migas con pimiento y torreznos 🙂

Pampaneira en invierno
Pampaneira en invierno
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El París de Edith Wharton

En el Louvre a la una debajo de la estatua de Diana

Un artículo del New York Times sigue los pasos de Edith Wharton (1862-1937) en París. Recuerda que la escritora intercambiaba con su amante “sms de la época” como el que reproduzco. Eran pequeñas notas que se enviaban varias veces al día y que recibían por correo postal.

También investiga cuál era la plaza en la que vivía la condesa Olenska -trasunto de la propia Edith en La edad de la inocencia-, y donde Newland Archer se detuvo a observar la ventana y adivinar qué ocurría detrás. Y menciona, sin certeza alguna, que puede tratarse de los jardines del Museo Rodin, o bien de los del Museo de la Armada.

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Up

Vengo de ver Up con el corazón en un puño, ya me lo avisaron. Quiero esa casita y esos globos y ser de ancianita como Carl y Ellie (pero con mejor suerte).

up1
Ellie y Carl, de jóvenes

Por lo general, en las películas “de llorar” se te saltan las lágrimas una vez, pero en esta ¡hasta tres! En el cine los niños no podían contener el llanto, y eso que no tienen que haberlo entendido todo…

Carl emprende el vuelo
Carl emprende el vuelo
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Los peores poemas según Goytisolo

Cuenta Luis Goytisolo en La Vanguardia:

Siempre he huido de la belleza por la belleza. Intento escribir de forma que lo que se dice no pueda ser dicho de otra forma. El estilo bello puede conducir a decir tonterías; ahí tiene usted, por ejemplo, algunos de los poemas de la generación del 27.

Así que he consultado la Tontología de Gerardo Diego para recuperar uno de esos “peores poemas del 27”. Es El macho cabrío (1919), de Federico García Lorca:

El rebaño de cabras ha pasado
junto al agua del río.
En la tarde de rosa y de zafiro,
llena de paz romántica,
yo miro
el gran macho cabrío.

¡Salve, demonio mudo!
Eres el más
intenso animal.
Místico eterno
del infierno
carnal…

¡Cuántos encantos
tiene tu barba,
tu frente ancha,
rudo Don Juan!
¡Qué gran acento el de tu mirada
mefistofélica
y pasional!

Vas por los campos
con tu manada,
hecho un eunuco
¡siendo un sultán!
Tu sed de sexo
nunca se apaga;
¡bien aprendiste
del padre Pan!

La cabra
lenta te va siguiendo,
enamorada con humildad;
mas tus pasiones son insaciables;
Grecia vieja
te comprenderá.

¡Oh ser de hondas leyendas santas
de ascetas flacos y Satanás,
con piedras negras y cruces toscas,
con fieras mansas y cuevas hondas,
donde te vieron entre la sombra
soplar la llama
de lo sexual!

¡Machos cornudos
de bravas barbas!
¡Resumen negro a lo medieval!
Nacisteis junto con Filomnedes
entre la espuma casta del mar,
y vuestras bocas
la acariciaron
bajo el asombro del mundo astral.

Sois de los bosques llenos de rosas
donde la luz es huracán;
sois de los prados de Anacreonte,
llenos con sangre de lo inmortal.

¡Machos cabríos!
Sois metamorfosis
de viejos sátiros
perdidos ya.
Vais derramando lujuria virgen
como no tuvo otro animal.

¡Iluminados del Mediodía!
Pararse en firme
para escuchar
que desde el fondo de las campiñas
el gallo os dice:
“¡Salud!”, al pasar.

También explica Goytisolo que las definiciones de la adolescencia son decisiones que tomas para saber comportarte, y a veces cometes equivocaciones. Yo decía que me gustaban las mujeres rubias de ojos claros, y en realidad la experiencia dice lo contrario. Saber cómo es uno es difícil y tiendes a situarte de acuerdo con un prototipo.

¿Ya es tarde para reconducir esas definiciones de la adolescencia?

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La biografía del hambre de Amélie Nothomb

Si Dios comiera, comería azúcar (…). ¿Acaso no basta tener en la boca un chocolate del bueno no sólo para creer en Dios sino también para sentirse en su presencia? Dios no es el chocolate, es el reencuentro entre el chocolate y un paladar capaz de apreciarlo.

Leí Biografía del hambre, de Amélie Nothomb, sin saber que tratataba sobre la anorexia. El motivo hay que buscarlo en una confluencia de manías: nunca leo las contraportadas y/porque me gusta ir directamente a lo esencial.

Miento, leo la contraportada cuando el libro me ha gustado tanto que quiero que me cuente más. Y entonces exclamo para mí “¡ah! pues es otra forma muy interesante de entenderlo…”. Tampoco la portada era para fijarse demasiado, con esa foto de Amélie que recuerda a Helena Bonham-Carter en su cinta más oscura.

Lo que me enganchó a Biografía del hambre fue el título. Es ambicioso y elige un camino que no está trillado. Precisamente estos días Woody Allen ha comentado sobre los títulos de sus películas:

Nunca titulo una película hasta que está terminada, porque si la veo y no es buena no me gusta darle un título agresivo, sino uno que pase desapercibido y no prometa nada, de forma que el público no se sienta defraudado.  Pero si la película me parece buena, le doy un título agresivo, potente, y me espero lo mejor [Nota: no se me ocurre ahora una traduccion más ajustada para hope for the best].

Pero luego me pasó lo de siempre: las pistas sobre la anorexia futura las borda, la historia bien, la sucesión de escenarios un éxito -los autores actuales van saliendo de los ambientes claustrofóbicos-, el mix cultural enriquece mucho… pero ¿por qué otra vez un escritor haciendo hablar a un niño como a un adulto?

A los siete años, tuve la clarísima sensación de haberlo vivido todo (…). Doce años era una edad ideal para morir. Había que marcharse antes de que comenzara el proceso de decrepitud.

Es muy fácil, y lo digo sin ánimo de desmerecer el trabajo de Amélie. He aquí una improvisación mía, apenas me ha hecho falta un minuto: Tengo cuatro años y odio las piscinas de bolas. Se mueven mucho y no me dejan pensar. A mí lo que me gusta es robar vasos de cristal, romperlos y jugar a recomponerlos. A veces me corto, pero no hay arte sin riesgo.

En serio, no hay voz narradora que dé menos quebraderos de cabeza. Haced la prueba.

Había otras actividades maravillosas, vaciar la lavadora con Nisho-san y lamer la ropa que ella tendía -mordía las sábanas salivando para sentir ese delicioso sabor a jabón en la boca-.

Esto yo lo he probado, y me he acordado al leerlo en el libro.

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