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Mes: Marzo 2010

Fin de viaje, de Virginia Woolf

Portada de The Voyage Out en la edición de Random House de 2001
Portada de The Voyage Out en la edición de Random House de 2001

Me propuse leer las obras completas de Virginia Woolf por orden cronológico y sin límite de géneros y he empezado por la primera novela: Fin de viaje (The Voyage Out, 1915).

He visto decenas de portadas de esta obra, consciente de que al publicarse nadie sabía que en novelas sucesivas las Woolf abandonaría la narración lineal. Y entiendo que en su momento se debió de recibir como una trama amorosa más, con más divagación psicológica de la habitual y dosis controladas de exotismo -transcurre en las márgenes del Amazonas-.

El viaje río adentro recuerda a El corazón de las tinieblas de Conrad (publicada 15 años antes), aunque el espíritu colonialista es muy marcado y ha envejecido mal. Pero esta vez quienes embarcan son seis ingleses que quieren salir de su indolente rutina en ese hotel en el que apenas tienen contacto con la población local. El trayecto, por supuesto, desencadena la tragedia.

Los personajes no están sólidamente construidos, tal vez Helen Ambrose sea la excepción. Y recuerda a las “heroínas” de Henry James, al igual que Evelyn (¡es “la coqueta” Daisy Miller de James!). Susan y Rachel, Hewett y Hirst, Mrs Thornbury y Mrs Flushing… hay algo que confunde al lector (al menos, a mí) y durante gran parte de la novela forman dúos fácilmente intercambiables, aunque solo sea por la cercanía sonora de sus nombres. Al final se perfilan un poco más. Incluso Clarisa y Richard, el matrimonio Dalloway, que se presenta ya en Fin de viaje, tiene mucho menos interés que en esa obra cumbre de Woolf que es La señora Dalloway (1925).

En sus diarios, Virginia cuenta lo que le dijo E.M. Forster sobre los personajes de Fin de Viaje: que le importaba muy poco lo que les ocurriera.

Lo más destacable del libro es lo que apunta a la mejor Woolf: el análisis psicológico, aunque los personajes resulten tan poco atractivos.

Algunas citas:

No debería permitirse a los jóvenes aprender música como una profesión. El que sepa interpretarla no quiere decir que la aprecie, casi estoy por creer lo contrario. Los que sienten verdaderamente el arte son los que menos lo demuestran (Clarisa Dalloway).

El mayor mérito, el más apreciable de la persona con quien convivimos, es que sepa mantenerse en el pedestal en que le coloca nuestro amor (C.D.).

Una persona puede ser muy agradable aunque nunca haya leído un libro (Rachel).

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