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Mes: Septiembre 2010

Matar a un ruiseñor y curar a Joan

Con días de diferencia he encontrado dos escenas muy parecidas en Matar a un ruiseñor (Harper Lee, 1960) y Mad Men.

En el tercer capítulo de la cuarta temporada de Mad Men, Joan se hace un corte en la mano preparando la comida. Para que no duela, Greg le cuenta un chiste y mientras ella ríe, él cura.

Greg y Joane en la cocina
Greg y Joan en la cocina

En Matar a un ruiseñor, Scout se clava una astilla en el pie. Su tío Jack le hace reír mientras la extrae. Cuando ella pide que le avise en cuanto esté fuera, él ya la tiene en la mano. Es un truco conocido para distraer a los niños que había olvidado y que me apunto porque también sirve para adultos.

Matar a un ruiseñor es una película de juicios, y la novela es pura moralina, de ahí que durante años haya sido lectura obligatoria en los institutos de EEUU y que Obama lo tuviera en su wish list. Me resulta entrañable algún personaje, como Boo Radley. Él es el ruiseñor, no dice una sola palabra y se adueña de las páginas finales, cuando -¡alerta, spoiler!- se persona y todos, protagonistas y nosotros, no podemos pensar más que en protegerlo. En la película le da vida un joven Robert Duvall.

No sabemos qué sucede en las casas, detrás de las puertas cerradas, qué secretos…

Boo Radley en el porche de los Finch junto a Scout, Atticus y el sheriff
Boo Radley en el porche de los Finch junto a Scout, Atticus y el sheriff

Matad todos los arrendajos azules que queráis, si podéis darles, pero recordar que matar a un ruiseñor es pecado (…) Los ruiseñores sólo se dedican a cantar para alegrarnos. No estropean los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar su corazón, cantando para nuestro deleite.

Una lectura ligera como todas las que tienen narrador infantil, que en general me resultan facilonas.

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