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Todos los nombres, Pessoa y Saramago

Vivimos tan absortos que no reparamos en que lo que nos va aconteciendo deja intacto, en cada momento, lo que nos puede acontecer.

Leyendo sobre la nueva biografía de Pessoa escrita por José Paulo Cavalcanti Filho me he acordado de Todos los nombres (2000), la novela de José Saramago que a su vez me lleva al Libro del desasosiego de Pessoa, mi lectura de cabecera de hará 15 años.

Las grandes tristezas, las grandes tentaciones y los grandes errores resultan casi siempre de estar solo en la vida, sin un amigo prudente a quien pedirle consejo cuando algo nos perturba más que lo normal de todos los días.

Algo así le pasa a don José, apático en apariencia pero temerario en sus maquinaciones: no hay un interlocutor que le frene. Todos los nombres no es una historia de amor, como reza la contraportada, es un relato de la obsesión.

Nadie tiene el derecho de apropiarse de retratos que no le pertenecen salvo si le son ofrecidos, llevar el retrato de una persona en el bolsillo es como llevar un poco de su alma.

Todo empieza y termina en un nombre, lo único que permanece de nosotros en ese tiempo del alma tan difícil de medir, según Saramago: pasamos nosotros, como diría Proust, no el tiempo ni los nombres.

Las viejas fotografías engañan mucho, nos dan la ilusión de que estamos vivos en ellas, y no es cierto, la persona a quien estamos mirando ya no existe, y ella, si pudiese vernos, no se reconocería en nosotros.

One Comment

  1. rosa zafra rosa zafra

    Las viejas fotografias dan rabia, son pequeñas vanidades.Tu planteamiento esta muy bien

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