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Mes: Abril 2011

En el templo de Hera de Selinunte

Lo habitual es sentarse a contemplar los templos tras las vallas, a diez metros de distancia, pero en Selinunte no hace falta irse tan lejos.

Estoy sentada en el interior del conocido como templo E, consagrado a la diosa Hera. A mi espalda, la cella, y a mi izquierda, a unos 500 metros, el mar. En medio, un campo de flores. ¡Y apenas hay turistas!

Parco Archeologico di Selinunte, 23 de abril de 2011

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Hostaria del Vicolo en Sciaccia, con el slow food movement

A mi paso por Sciaccia quise probar un restaurante en condiciones después de la mala experiencia de Agrigento. Siguiendo por una vez las indicaciones de la Lonely Planet elegí la Hostaria del Vicolo, algo perdida en este pueblo famoso por su cerámica y su pasado mafioso.Todo un éxito: comida local exquisita y ambiente de lo más tranquilo, justo lo que necesitaba en este tramo final del viaje por Sicilia.

La fuerza de la selección de quesos de la región iba in crescendo, desde el tierno de oveja hasta la variedad con azafrán, vaca curado y cabra. Los platos, siguiendo la tradición del área de Agrigento, no eran ni de carne ni de pescado, sino una combinación de ambos. Mi casarecce (pasta casera) con tomatitos cherry y almendras estaba insuperable. Como postre reincidí en el canolo, esta vez adornado con crujientes pistachos garrapiñados.

El restaurante está adscrito al slow food movement.

Aeropuerto de Trapani, 24 de abril de 2011

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Eraclea Minoa, bosque y playa

En Eraclea Minoa los bosques de pinos casi llegan al mar. La playa es interminable y silvestre, apenas dos chiringuitos, alguna caravana buscando el paraíso y ningún pueblo ni bloque de apartamentos a la vista.

La mejor panorámica se obtiene desde el camino que bordea el yacimiento arqueológico, en lo alto del acantilado que cierra la playa por el Este.

Aeropuerto de Trapani, 24 de abril de 2011

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Scala dei Turchi, maravillas de la naturaleza

Las ondulaciones de arcilla blanca de la Scala dei Turcci serán difíciles de olvidar. Caminas por una playa de arena muy fina hasta que llegas a una escalera natural blanquísima, como un acantilado de espuma que el viento ha ido modelando durante siglos.

Aeropuerto de Trapani, 24 de abril de 2011

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Agrigento, templos y fábricas

El peor día de mi tour por Sicilia: cielo plomizo, una pésima elección de restaurante y un hotel para olvidar -Kaos, en Agrigento, ya el nombre presagiaba lo peor- no eran la mejor combinación.

Agrigento sufrió durísimos bombardeos en la Segunda Guerra Mundial. Más que los templos, de esta zona recuerdo los bunkers a un lado y otro de la carretera comarcal que conecta Agrigento con Siracusa, dejando atrás destartalados pueblos industriales y la monstruosa refinería de Gela.

En Agrigento está el Valle dei Tiempi, llamado así sin motivo porque todos los templos están en la cima del monte. Junto con Selinunte, es el punto más turístico del sur, y aun así es fácil fotografiar los monumentos sin captar a ningún turista. De los templos, restaurados en los años veinte, me intrigó sobre todo el color terroso, muy diferente de lo que había visto en Grecia. Del de Zeus Olímpico se conserva en el museo arqueológico de Agrigento uno de los colosales Atlas que se situaban entre sus columnas.

Marinella di Selinunte, 23 de abril de 2011

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La Taberna Sveva de Ortigia

La mejor pasta que he tomado en Sicilia me la han servido en Ortigia, el casco antiguo de Siracusa. Entre las especialidades de la rústica Taberna Sveva elegí los gnocchi con pistachos -maravillosos-; los ravioli de ricota con salsa de almendras no se quedan atrás, y eso que no soy devota de ese queso tan siciliano. Como dolce, tiramisú de naranja, muy suave y de nuevo todo un acierto.

La isla de Ortigia, comunicada con Siracusa por el Ponte Nuovo, es una auténtica delicia. Tuve la suerte de recorrerla en la noche del Jueves Santo, con todas las iglesias abiertas y llenas de italianos que parecían hacer el Vía Crucis.

Scaccia, 23 de abril de 2011

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Bailes en bikini en la Villa Romana del Casale

“Espagnolo? El coche lá e la villa lá”. Así te recibe el avispado “gorrilla” en la entrada del parking del yacimiento arqueológico más recóndito de Sicilia, en las inmediaciones del pueblo de Piazza Armerina.

La Villa Romana del Casale no puede estar más apartada. Vengas de donde vengas por carretera no tardarás menos de hora y media en llegar. Y la visita te llevará media hora como máximo.

Avanzando por las pasarelas contemplas 3.000 metros cuadrados de mosaicos con un plato fuerte: las ragazze in bikini, bailarinas que en el siglo III a.C. se vistieron con unas bandas que parecen modernos biquinis bandeau. Pueden otorgarse el mérito de haber inventado el biquini, ¡pero no los tirantes! Hasta usaban colores y estampados diferentes en la parte de arriba y la de abajo… como ahora.

Eraclea Minoa, 23 de abril de 2011

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Noto, barroco dorado

Lo que recordaré de Noto es el sol de primavera sobre sus iglesias y palazzos dorados. El casco antiguo, recién rehabilitado, es de postal.

Entré en el que parece ser el palazzo más gatopardiano visitable, el Villadorata. Las puertas se van abriendo y una sala da acceso a otra sala, y otra, y otra, todas revestidas de telas de cenefas color pastel. Desde sus balcones hay una excepcional vista de la Piazza del Duomo y de los tejados del viejo Noto, que también se pueden fotografiar desde la azotea de la Chiesa di Santa Chiara tras escalar una vertiginosa escalera en espiral; hay que procurar ser un poco ruidoso para que nadie baje cuando tú estás subiendo, ¡sería muy comprometido!

La fama de los helados y granitas de Noto me condujo a Corrado Constanzo. El helado de pistacho estaba exquisito, pero el granizado de mandorla estaba tan dulzón como los pasteles de almendra que tomé en Taormina. Dos cucharadas y adiós.

Ortigia (Siracusa), 21 de abril de 2011

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Catania, animación bajo el Etna

Poco que decir sobre Catania, porque llegué atravesando un atasco monumental tras visitar el Etna y Taormina y la disposición no era la mejor.

Me recordó a la Puerta del Sol, por la cantidad de manteros y por tener uno de los pocos centros históricos cien por cien peatonales de Sicilia.

Lo más llamativo era la piedra volcánica de los principales monumentos y por supuesto la visión del Etna allá arriba.

Agrigento, 23 de abril de 2011

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Taormina, la otra Sicilia

En Taormina te esperan los hoteles de cinco estrellas, las tiendas caras y el horario europeo. No te dan de comer a partir de las tres, de forma que unos cuantos españoles acabamos en la Trattoria Giovanni, a unos pasos de Porta Catania, donde desemboca Corso Umberto I, la principal arteria de Taormina. Yo tomé unos suculentos tagliata con mozzarella y espinacas precedidos por unas riquísimas sardinas al limón.

En la montañosa Sicilia es habitual que el casco antiguo de los pueblos de playa esté en lo alto de un risco, supongo que por motivos defensivos. Taormina no es una excepción; subir en coche al centro histórico es una temeridad, quemas el embrague con tantas curvas cerradas y empinadas, y además es imposible aparcar. Así que lo mejor es dejar la macchina en el Parking Lumbi, señalizado en toda Taormina, y tomar allí mismo la lanzadera Navetta, gratuita y llena de turistas que gritan en cada curva como si estuvieran en la montaña rusa.

La Navetta te deja en Porta Messina, donde arranca Corso Umberto I, toda ella primorosamente restaurada para que los habituales de Taormina paseen su glamour por las chiesas, pasticerias y gelaterias. En la Piazza IX Aprile hay un mirador con impresionantes vistas del Mar Tirreno y la rocosa costa. Si miras hacia la izquierda verás el teatro griego.

Agrigento, 23 de abril de 2011

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