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Todos los caminos conducen al Monte Etna

Se podía llegar al Etna desde Patti por la autostrada, pero Alfredo, el dueño de Villa Rica, me aconsejó avanzar por la tortuosa carretera que lleva a su azienda.

El GPS no entendía lo que pasaba. Subidas y bajadas para atravesar el Parco Nazionalle de Nabrodi, donde dicen que viven todavía caballos salvajes. No vi ni uno, solo rebaños de ovejas cortándome el paso y bueyes y vacas en algunas escarpadas fincas.

Atravesé San Cosimo, Braidi o la altísima Montalbane, con su adusto Castello de Federico II y animada por un típico mercadillo de pueblo. En todos ellos había vida en las calles; por más que las guías hablen de emigración a las ciudades, en estas localidades emcontrabas fácilmente un improvisado guía que te explicara gesticulando el camino que debías seguir, ¡siempre el más empinado! No olvidemos que en Sicilia se habla siciliano; si no lo entiendes, te lo repiten cinco veces si hace falta.

A casi 2.000 metros de altura, los montes están más pelados, ya no quedan flores y si miras hacia arriba, a la izquierda, verás unas cumbres nevadas que yo encontré cubiertas de nubes: el Monte Etna. En sus faldas vuelve la Sicilia fértil de huertos que cada día provisionan de frutas y verduras los motocarros que a modo de tiendas ambulantes se apuestan en todas las esquinas de la región siciliana.

Siracusa, madrugada del 21 de abril de 2011

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