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Los zancudos de la laguna de Venecia

Este post hay que leerlo con reservas porque lo escribí recién aterrizada en Venecia y tras tomar dos orfidales para sobrellevar el vuelo con dignidad.

Llegué a Venecia a las 11 de la noche y tomé un water taxi hasta el hotel, en los alrededores de San Marcos.

Tenía fichado el evocador barquito de madera del embarcadero 8, tal como me indicaron en el puesto de información del Marco Polo. Pero Toni, el taxista, cambió de idea y optó por uno blanco más grande, como los que conduce George Clooney hasta el Lido en el Festival de Venecia

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Prescindí de la cabina con sus asientos de sky para surcar la laguna de pie, melena al viento, no sin algún traspiés cuando cruzábamos la estela de otro taxi.

El bueno de Toni tenía reservada una sorpresa: se había dejado el móvil cargando en una barcaza atracada en Murano, y hasta allí nos desviamos. Por el mismo precio disfruté de una encantadora visita nocturna de esta isla, tan tranquila de noche salvo por un evento que se celebraba en una de las terrazas de su canal mayor. Había grandes naves en cada manzana, muchas casas residenciales y ningún alma. Allí no parece que ponga el pie ningún turista, al menos a las 11 de la noche.

Ya rumbo a Venecia me desconcertó la calma del agua, el frenético maniobrar de Toni -al que era inmune- y las balizas que enmarcaban la ruta. En plena oscuridad parecían guardianes zancudos de un solo ojo. Me costó acostumbrarme a su vigilancia.

Pasado el Puente Rialto, y tras un vistazo rápido al hotel, procedía dar un paseo hasta San Marcos y el Palazzo Ducale, cuyas maravillas tengo grabadas a fuego desde el instituto. Se merece otra visita, esta vez diurna aun con aglomeraciones. De noche estaba desierto, solo una decena de jóvenes hacían botellón en la zona, a unos pasos del Puente de los Suspiros, que está en obras.

Escrito en la plaza de Barnaba, tomando un spritz frente a la iglesia que aparece en Indiana Jones y la última Cruzada

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One Comment

  1. […] por primera vez Venecia a la luz del día una radiante mañana de octubre. La noche anterior, paseando hasta San Marcos, me pareció normal la quietud de sus callejones. Por la mañana, camino […]

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