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Mes: Noviembre 2011

Chicago para diletantes

Chicago no quiere turismo descerebrado ni fetichistas del hampa. Para seguir el rastro de Al Capone habrá que acudir a los libros, porque no hay un solo cartel que recuerde los años más violentos de la ciudad.

La Windy City, levantada con tan buen gusto tras el incendio que la arrasó en 1871, recibe con los brazos abiertos a los amantes del arte y la arquitectura. Todas las guías remiten a la Chicago Architecture Foundation y al impresionante Art Institute of Chicago, que alberga iconos como American Gothic, de Grant Wood, Nighthawks, de Edward Hopper, o La Grande Jatte, de Seurat, por citar solo algunas de las obras más conocidas.

American Gothic
American Gothic, de Grant Wood
Nighthawks
Nighthawks, de Edward Hopper
La Grande Jatte, de Georges Seurat
La Grande Jatte, de Georges Seurat

Si Nueva York es grasienta y destartalada, Chicago es pulcra y ordenada. También es fotogénica y peliculera, pero tiene un encanto más elitista. De los días en la ciudad del viento atesoro un par de estampas irrepetibles: la dorada luz del atardecer (y del amanecer, aunque había que ponerse en pie a las 5 a.m. para verlo) sobre los rascacielos con el lago Michigan al fondo o las vistas del Loop desde el tren elevado que atraviesa el río Chicago.

El juego de luces es una chulada

El Millennium Park está entre los grandes reclamos turísticos de la ciudad, pese a ser demasiado nuevo para mi gusto de nostalgic freak, y ofrece las mejores vistas del skyline, tanto directas como indirectas en los reflejos de esa habichuela gigante plateada que es The Bean. Para contemplar Chicago desde las alturas están las torres Hancock y Willis (antes Sears). Subí a la segunda y estuve arriba unos 30 segundos antes de bajar despavorida cuando sentí que todo se movía a mi alrededor. Los valientes pueden lucirse en el piso 130 colocándose sobre una plataforma transparente que sobresale de uno de los laterales.

Vistas desde el piso 103 de la torre Sears

Pero vamos a lo importante: la comida. Es típica de Chicago la stuffed pizza, de unos cuatro dedos de grosor. Con una porción de tamaño estándar puedes comer, cenar y lo que se tercie. Antes de empezar a comértela, las caras de abatimiento en la mesa de al lado te dan una idea de lo que te espera. Te quita las ganas de pizza por una buena temporada, doy fe. En general, cuando te sirven la comida en un restaurante te inclinas hacia delante, ansioso por empezar. El gesto común al ver la Chicago pizza es echarse hacia atrás para coger fuerzas.

Stuffed pizza en Giordano's

En la misma línea está el suculento pastel helado Muddy Bottom de Hugo’s, restaurante hermano del emblemático steakhouse Gibson’s, con el que comparte cocina. Como mi cámara no lo captó bien, dejo una foto encontrada en Flickr que da una idea de su magnitud. El cuchillo clavado avisa de que vas a morir. Imposible comerse siquiera la mitad entre cuatro personas. Una delicia brutal.

Muddy Bottom Pie

Sorprendentemente, los vecinos de Chicago se mantienen en forma. Dando un paseo el sábado por la mañana hacia la playa Ohio comprobé el entusiasmo con el que hordas de ciudadanos se entregan al jogging y a la natación en el lago Michigan al lado de un batallón de marines haciendo lo propio.

Paseo hacia la playa Ohio. ¡Toda Chicago se echó a correr el sábado por la mañana!

Y así termina el relato de mi roadtrip por seis estados norteamericanos: Nueva York, New Jersey, Pensilvania, Cleveland, Indiana e Illinois.

Más fotos de Chicago:

Escribí esta serie de posts durante mis vacaciones por los EEUU. En su momento no pude publicarlos por falta de conexión.

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