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Mes: Abril 2012

Aciertos y desaciertos (gastronómicos)

Konichiwa. Son las 23.30 y hace unas cinco horas que es de noche en Tokio.

Dice Elvira Lindo en su último libro, Lugares que no quiero compartir con nadie, que el que ha sido gordito en la infancia lleva de por vida a un gordo dentro que aflora cuando hay oportunidad de hablar de comida. Y si no la hay, la busca. Así que hoy toca post gastronómico.

Entre mis compañeros de viaje no hay ningún apóstol de la cocina nipona, así que la elección de restaurantes y cafeterías está siendo relajada e improvisada.

El día ha empezado con donuts, bollo que parece entusiasmar a los jóvenes japoneses a jugar por la cantidad de establecimientos especializados que estoy viendo. En el Krispy Kreme que hay frente al hotel me he tomado uno de arce y otro de tarta de queso de limón recién amasados y horneados en el local.

Desayunando en una fábrica de donuts

En líneas generales, la comida del día ha sido un éxito salvo dos bocados para el olvido. El primero fue en el almuerzo. Camino al Palacio Imperial desde Akihabara, en una calle nada turística elegimos un restaurante que servía algunos platos a la parrilla. Para no jugármelo todo a una carta me decanté por esta bandeja variada:

A comer! #tokyo #japan #tokio #japon

Abajo a la derecha se puede ver calabacín en salsa, una auténtica pesadilla para mi paladar con su textura harinosa y su salsa estomagante. Lo mejor, la reconfortante sopa miso y una ensalada cuyos ingredientes no llegué a adivinar.

Por la tarde se produjo otro hito gastronómico, pero de los buenos. A unos pasos de las tiendas de Dior y Armani en Ginza se encuentra una pequeña porción de Bélgica en Japón: Manneken. En esta gofrería hay colas para hacerse con un gofre artesano. Yo he probado el de arce y el de chocolate, ¡un pecado! También había de té verde, cómo no.

Colas para pillar un gofre #ginza #japon #tokio #japan #tokyo #waffle #gofre

Y con la cena llegó el segundo bocado desafortunado. Era el primer encuentro con el sushi fuera de España y opté por un plato variado de maki y nigiri de atún, salmón, cangrejo, sepia, huevas… Todo bien hasta que se me ocurrió ingerir el único maki no identificado, que resultó ser ¡de erizo! Puedo contar con los dedos de una mano los alimentos conocidos que no soporto, y el erizo me temo que encabeza la lista. Solo recordarlo me crea malestar, menos mal que la velada se enderezó con una sabrosa -aunque escasa- bola de helado de judía.

Sushi #tokyo #tokio #japan #japon

Postre: helado de judía + té verde #japon #japan #tokio #tokyo

Shinjuku, 30 de abril de 2012

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Buenos días desde Shinjuku

5.30 de la mañana. Amanece sobre Shinjuku Gyoen, y hoy menos que nunca lamento el madrugón que me ha provocado el jet lag. Repaso un tarjetón de Eastside views que el hotel ha preparado para guiar a los que nos asomemos a la ventana: a la izquierda, galerías comerciales como Isetan y Takashimaya; en el centro, algo borrado por la contaminación, el Tokyo Sky Tree y el Shinjuku
Gyoen, ese pulmón verde entre rascacielos que ayer no pudimos visitar porque ¡cierra a las cuatro! Algo más a la derecha, casi tapada por el altísimo edificio DoCoMo Yoyogi, está la Tokyo Tower, y más allá se atisban la zona de Shibuya y los edificios que rodean la bahía de Tokio.

Tokyo is waking up #japan #japon #tokio #tokyoEl hotel está en todo. Vistas desde mi ventana. #tokyo #tokio #japon #japan #shinjuku

Confieso que no llevo preparado este viaje. En primer lugar, porque varios de mis acompañantes ya han estado en Japón y son devotos del país (nunca retiene uno más los datos que cuando ama un lugar); y después, porque desde que tuve los billetes viví con pánico a las 12 horas de vuelo que me esperaban, sin contar la conexión en Amsterdam. Por suerte las sobrellevé con la mezcla exacta de química, euforia de inicio de vacaciones, resignación e ilusión por divisar desde el aire la estepa siberiana y el sol de medianoche. No puedo decir a ciencia cierta si los vi o no, quiero pensar que sí y he aquí la foto:

Sol de medianoche sobre Siberia

Llegamos a Tokio ayer a mediodía muertos de hambre y para ahorrarnos negociaciones comimos en… ¡un italiano! Papa Milano se llamaba, en las plantas inferiores del edificio que acoge el Hotel Century Southern Tower, en Shinjuku. Tras pedir sparkling water me pareció que el camarero pronunciaba la comanda de forma algo sospechosa, y estaba en lo cierto: inauguré mi visita a Tokio con una entrañable copa de Freixenet (sic) a precio de oro.

Después de tomar una pizza Naples 🙂 nada menos que en el Día del Emperador subimos hasta el piso 53 del Ayuntamiento de Tokio, famoso por las escenas de cuervos que hace unos años vimos en los telediarios. Doy fe de que hay muchos, su grajeo se escucha sin cesar.

Ayuntamiento de Tokio #tokyo #tokio #japon #japan

Desde el Ayuntamiento disfrutamos de una panorámica impresionante de la ciudad, algo deslucida por la bruma, que no dejaba ver el Monte Fuji. Pero me consta que lo veremos pronto desde más cerca. Sí pudimos contemplar el Park Hyatt, a.k.a. el el hotel de Lost in Translation.

20120430-074212.jpg

A continuación, y con una temperatura envidiable -todos en manga corta- nos fuimos a callejear por Shinjuku. Estaba a punto de atardecer, momento perfecto para disfrutar de su explosión de luces. No sé si es temporada baja o que prefieren otras zonas, pero en Shinjuku no había un solo occidental. Todo eran adolescentes nipones, de ellas puedo confirmar que no trabajan las pantys y en su lugar llevan medias por encima de la rodilla y muslos al aire. Las bailarinas con mini calcetines de encaje también les encantan.

Shinjuku de noche es como si Times Square se hubiera propagado por decenas de calles adyacentes. No son precisamente vías muy anchas y la combinación de luces parpadeantes y de melodías y frases publicitarias en japonés resulta muy Blade Runner.

Shinjuku #tokyo #tokio #japon #japan

Por la noché celebré el gran día nipón cenando emperador, exquisito por cierto, en una marisquería de Takashimaya. Confirmé que la norma es no ofrecer postre después del segundo plato, simplemente te traen la cuenta. Mi dieta y mi economía saldrán ganando.

Pez espada

Shinjuku, 30 de abril de 2012

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Cortar la leña, acarrear el agua

Por todas esas ocupaciones que no me producen ojeras:

Las tareas cotidianas anclan en la realidad y ordenan el tiempo. A la mente humana no le sienta bien la dedicación exclusiva a trabajos intelectuales y quimeras, por muy nobles que sean. Después de escribir durante varias horas nada es más saludable que preparar la cena. La pasividad física debilita el pensamiento. Lo sabían bien los monjes medievales, que por eso inventaron el mandamiento doble de ora et labora. Ese es el sentido de la frase de Santa Teresa, que Dios anda también entre los pucheros. Es una cautela universal. Hay un proverbio Zen en el que se pregunta: ¿Qué es Zen? Y la respuesta es: Cortar la leña, acarrear el agua.

Sigue en el blog de Antonio Muñoz Molina

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