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Categoría: Literatura europea s. XX

El tiempo de las mariposas, de Margaret Fountaine

Hace ya mucho que leí El tiempo de las mariposas, los diarios publicados en 1980 de la entomóloga victoriana Margaret Fountaine.

No me marcó ni recuerdo nada especial de él. Pero anoté esta imagen que es una vía de escape cuando no quieres estar en el momento o lugar en el que estás.

La mañana en la montaña era de una belleza inimaginable.

Y también una de esas frases que te dejan indiferente hasta que, en cierto momento de tu vida, te las dices a ti mismo un día sí y otro también:

Quiero ver todo lo que pueda de este hermoso mundo antes de tener que abandonarlo, y la vida es dolorosamente corta.

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Nick Hornby: Tres novelas

Las madres solteras -brillantes, atractivas, disponibles, millones de ellas por todo Londres- eran el mejor invento del que Will había oído hablar. 

Cuando no quieres leer nada que contenga ni un gramo de dramatismo viene bien ponerse al día con Nick Hornby, por ejemplo. Empecé con About a Boy (1998), no sin reservas porque desde la primera línea imaginé a Will con la cara y los tics de Hugh Grant y porque no me suelen gustar los libros con niño. Pero Marcus tiene 12 años y un pensamiento articulado; te consigue interesar.

Aparte de las referencias a la música, sello de Hornby, la ambientación me ha recordado a películas como Notting Hill o Love Actually. Sobre todo esas comidas familiares en las que se sienta en la mesa un desconocido, con efecto desconcertante pero también tierno. Y la fauna: la adolescente siniestra, la madre soltera con un hijo descerebrado, el treintañero que no crece, el niño con las ideas claras, la madre divorciada y depresiva, el padre que ha rehecho su vida y no pinta nada en la vida de su hijo… Hornby nunca carga las tintas, y ni siquiera un intento de suicidio -fallido- ensombrece la historia.

Juliet, Naked (2009)

Juliet, Naked, de Nick Hornby La crítica lo ha incluido entre los álbumes clásicos sobre rupturas, a la altura del Blood on the Tracks de Dylan o del Tunnel of Love de Springsteen. 

Con Juliet, Naked me acordé esos famosos que eligen desaparecer, tipo J.D. Salinger, dejándonos una última foto robada con gesto furioso. Me costó decidirme a leerlo entero. Dudaba que fuera posible construir una historia de cierto calado a partir de un personaje (Duncan) que vive por y para seguir el rastro de un músico de rock retirado y para analizar cada acorde y cada verso de sus canciones. Era pura adolescencia, me reconocía en él y quería cerrar el libro. Pero luego pensé que alguien haciendo lo mismo por un pintor, escultor o escritor sería un reputado estudioso.

Nos juntamos a una persona porque es como nosotros o porque es diferente, y al final nos separamos exactamente por el mismo motivo. 

JD Salinger
J.D. Salinger

También en esta novela hay un retrato de la relación padre-hijo, sin pretensiones y casi azarosa. El niño es Jackson (6 años) y el padre es Tucker, un rockero retirado con hijos desperdigados por el mundo que en la madurez se encuentra educando a un pequeño y estableciendo vínculos que no tuvo con todos los anteriores. Y está Annie, novia de Duncan, un personaje que Hornby deja un poco cojo a pesar de sus esfuerzos por diseccionarlo.

High Fidelity (1995)

High Fidelity, de Nick HornbyY luego leí High Fidelity e imposible disociarla de esa película que marcó a mi generación. La gran diferencia respecto al libro es que se ambienta en Estados Unidos, y la novela en el Reino Unido:

¿Qué vino primero, la música o la tristeza? ¿Escuchaba música porque estaba triste? ¿O estaba triste porque escuchaba música? ¿Todos esos discos te convierten en una persona melancólica?

A la gente le preocupa que los niños jueguen con armas, y que los adolescentes vean imágenes violentas; nos da miedo que cierta cultura de la violencia los controle. A nadie le preocupa que los chavales escuchen literalmente miles de canciones sobre desengaños y rechazo y dolor y pena y pérdida.

La gente más infeliz que conozco, en cuanto a romanticismo se refiere, es aquella a la que más le gusta la música pop; y no sé si la música pop ha causado esa tristeza, pero sé que han estado escuchando canciones tristes más tiempo del que han vivido vidas infelices.

La música sentimental tiene esa forma de hacerte volver atrás y al mismo tiempo mirar hacia delante, de forma que sientes nostalgia y esperanza al mismo tiempo.

Lo veo todo una vez ha ocurrido, soy muy bueno con el pasado. Pero el presente no lo entiendo.

No es buena idea pretender que una relación tiene futuro si vuestras colecciones de discos son violentamente diferentes, o si vuestras películas favoritas no se fueran a hablar si se encontraran en una fiesta.

No  hay realmente canciones pop sobre la muerte, al menos no las hay buenas. Tal vez por eso me gusta la música pop, y por lo que encuentro la música clásica tan siniestra.

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Virginia Woolf en cómic

Virginia Woolf, de Gazier y Ciccolini¿Por qué dibujar la vida de Virginia Woolf? Conocemos la historia, los nombres y escenarios significativos y el final trágico. Gazier y Ciccolini se afanan en cargarla de nubarrones, literal y metafóricamente. Hojeando el cómic te encuentras tonos cada vez más oscuros y figuras más enjutas.

A pesar de todo, es una forma de dar color al estante que tengo dedicado a los libros de Virginia Woolf.

 

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Reencuentro con La señora Dalloway

Si Virginia Woolf tuviera su Bloomsday (¿Woolfsday?) se celebraría un día de junio de 1923.

La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores…

Así empieza esta novela, en la que no pasa nada -salvo el triste fin de Septimus, contrapunto de locura a la autocontención de Clarissa/Virginia – y a la vez ocurre todo lo que pueda ser importante en una vida.

Esto es una relectura, van tres. He vuelto a pasar un día entero con la señora Dalloway y lo que ella amaba: la vida. Londres, este instante de junio [de 1923]. Recordando y preparando todo para la fiesta de esa noche.

Alguna vez he empezado un libro, por ejemplo de Paul Auster, y he tardado páginas en darme cuenta de que ya lo había leído. Con La señora Dalloway es imposible: la primera frase contiene su principio y su fin.

Habla Clarissa de los momentos que detienen el tiempo. Son aquellos que, incluso hoy, ni se cuentan ni están documentados. Allá el que los ponga en su timeline.

La compensación de hacerse viejo estribaba sencillamente en lo siguiente: las pasiones siguen tan fuertes como siempre, pero uno ha adquirido -¡al fin!- la capacidad que da el supremo aroma a la existencia, la capacidad de dominar la experiencia, de darle la vuelta, lentamente, a la luz. Ahora, a los cincuenta y tres años, uno había casi dejado de necesitar a la gente. La vida en sí misma, cada uno de sus momentos, cada gota, aquí, este instante, ahora, al sol, Regent’s Park, era suficiente.

Hace poco oí decir a una actriz nonagenaria -no recuerdo el nombre- que pese a los achaques conservaba la ilusión de siempre por levantarse temprano, disfrutar del sol y de su jardín. Abrir la ventana, ver empezar el día y aprovechar los ratitos que son de mi propiedad como el mayor de los regalos es lo que hace que esta vida sea bonita 🙂

Para conocer a Clarissa, o para conocer a cualquiera, uno debía buscar a la gente que lo completaba; incluso los lugares.

Siguiendo el orden de publicación, ahora me toca decidir si releo Al faro, para mí la novela entre las novelas, la que condensa todo lo que busco y espero de la literatura.

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