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Categoría: Maternidad

Un libro que había olvidado

En algún momento de los últimos seis años leí El vacío de la maternidad: madre no hay más que ninguna (1995), de Victoria Sau. Lo sé porque hay subrayados en el libro a pesar de que no recuerde nada.

Rescato dos: el primero porque me recuerda esa pura contradicción en la que te instalas desde el embarazo y que ya no te abandona nunca -al menos a mí-: la maternidad es lo más normal, todos somos hijos de alguien… y a la vez es una experiencia arrolladora.

¿Cómo era posible que dar la Vida no fuera un riesgo; un riesgo, además trascendental? Riesgo de muerte, por supuesto, como está demostrado a través de la historia de la humanidad. Riesgo de enfermedades asociadas; riesgo de secuelas físicas a corto, medio y largo plazo. Pero, sobre todo, riesgo por establecer un compromiso tan fuerte, el más fuerte, con otra persona por mor de esa donación significativa. Riesgo por el paso de un ser solo, aislado, solitario, que no tiene que rendir cuentas más que a sí mismo.

Y hay otra idea que a mí me ha encantado, porque en esta época del overparenting es muy buen ejercicio acordarse de uno mismo como hijo. Pero no como hijo con niños, sino como hijo antes de tener hijos:

Sólo se puede amar verdaderamente a la madre si antes se la ha odiado. Porque la odiada es la impostora, mientras que la amada es la huérfana que hay en ella, la otra “hija mayor”, tan hija como la hija misma. Ella hizo de madre como pudo.

 

 

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Housewife vs SAHM

January Jones como Betty Draper en Mad Men

No he encontrado una traducción establecida para el SAHM (stay at home mom) de la madresfera norteamericana o su versión masculina: SAHD (stay at home dad). Son los padres o madres que, por el motivo que sea, no trabajan o trabajan en casa mientras se dedican al cuidado de sus hijos.

En All Joy and No Fun: The Paradox of Modern Parenthood (Jennifer Senior, 2014) se reflexiona -entre otras muchas cosas- sobre estas figuras, en contraposición al ama de casa (housewife) perfecta de los años cincuenta del siglo pasado.

Reese Whiterspoon como Madelaine en Big Little Lies

Comenta Senior que el buen hacer del ama de casa se medía por cómo llevaba su casa: si la tenía siempre impecable y ordenada, si usaba un producto de limpieza específico para cada superficie, si sacaba la vajilla adecuada para cada ocasión, si sabía decorar las habitaciones con gusto, si elegía correctamente el vestuario propio, del marido y de los hijos… Si la respuesta era que sí, entonces había logrado la excelencia como housewife. Ejemplo: Betty Draper.

Hoy se mide el buen hacer de la SAHM o el SAHD -y, por extensión, de todos los padres y madres- basándose en las decisiones que toman sobre la crianza y educación de sus hijos, y en cómo las llevan a la práctica. Y el examen empieza muy pronto, ya en el embarazo, y sigue con el parto, la lactancia, la gestión del sueño, el manejo de las rabietas, la retirada del pañal, la pedagogía elegida… Se ha popularizado un ideal de perfección tan inquebrantable que es habitual que quien no lo siga lo silencie.

Cómo me ha gustado la parodia que hace The Marvelous Mrs. Maisel del ama de casa perfecta de los 50, con Midge (Rachel Brosnahan) como una housewife despechada del Upper West Side que se transforma en una fiera del stand-up que acaba varias veces en el calabozo por escándalo público -y allí coincide invariablemente con Lenny Bruce-.

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Cats In the Cradle

He leído que Cats In the Cradle puede unir generaciones. Es un tema folk de Harry Chapin que fue número uno en USA en 1974 y que en 1992 versionó Ugly Kid Joe.

Yo la conocí en la versión del 92. Era potente y pegadiza pero el impacto no fue el mismo que oírla ahora que tengo un hijo. Le letra no es apta para sentimentales.

Mi hijo vino al mundo
de la manera usual
pero había viajes que hacer y cuentas que pagar
aprendió a caminar mientras yo no estaba
y aprendió a hablar antes de yo saberlo
creció diciendo:
“Voy a ser como tú papá”
“sabes que voy a ser como tú”

Los gatos en la cuna y la cuchara de plata
pequeño niño triste y el hombre en la luna
“¿cuando vienes a casa?”
“no lo sé, hijo, pero estaremos juntos
y sabes que lo pasamos bien”.

Mi hijo cumplió 10 años
y dijo -“gracias por la pelota, papá, vamos a jugar,
¿me enseñas a tirarla?”
y entonces le dije “hoy no, tengo muchas cosas que hacer”
el me respondió -“está bien”, se fue, sonrió y dijo:
“voy a ser como él, sí
sabes que voy a ser como él”

El otro día vino de la universidad
como un hombre le dije a mi hijo:
“estoy orgulloso de ti, te puedes sentar un momento”
entonces movió la cabeza y con una sonrisa dijo:
“lo que me gustaría, papá, es que me prestases las llaves del coche
te veo más tarde, ¿me las das?”

Ha pasado un tiempo desde que me retiré y mi hijo se fue
lo llamé el otro día y le dije
“puedo visitarte, si no te importa”
el respondió: -“me gustaría, papá, si tuviera tiempo
tengo mucho trabajo y el niño está enfermo,
pero me ha gustado hablar contigo papá,
de verdad que me ha gustado hablar contigo”
y apenas colgué el teléfono me acordé:
“él ha crecido y se ha vuelto como yo,
mi hijo ha crecido y ahora es como yo”

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Cuándo dejar de escribir sobre los hijos

¿Cuántos blogs sobre crianza puede haber? Elizabeth Bestos tenía uno, pero ahora escribe sobre naturaleza urbana.

¿Por qué? Se dio cuenta de que estaba exponiendo la intimidad de sus hijos. Al llegar el mayor a la pubertad no le quedó más remedio que cambiar de tema.

Lo cuenta aquí.

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