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Etiqueta: josé saramago

Todos los nombres, Pessoa y Saramago

Vivimos tan absortos que no reparamos en que lo que nos va aconteciendo deja intacto, en cada momento, lo que nos puede acontecer.

Leyendo sobre la nueva biografía de Pessoa escrita por José Paulo Cavalcanti Filho me he acordado de Todos los nombres (2000), la novela de José Saramago que a su vez me lleva al Libro del desasosiego de Pessoa, mi lectura de cabecera de hará 15 años.

Las grandes tristezas, las grandes tentaciones y los grandes errores resultan casi siempre de estar solo en la vida, sin un amigo prudente a quien pedirle consejo cuando algo nos perturba más que lo normal de todos los días.

Algo así le pasa a don José, apático en apariencia pero temerario en sus maquinaciones: no hay un interlocutor que le frene. Todos los nombres no es una historia de amor, como reza la contraportada, es un relato de la obsesión.

Nadie tiene el derecho de apropiarse de retratos que no le pertenecen salvo si le son ofrecidos, llevar el retrato de una persona en el bolsillo es como llevar un poco de su alma.

Todo empieza y termina en un nombre, lo único que permanece de nosotros en ese tiempo del alma tan difícil de medir, según Saramago: pasamos nosotros, como diría Proust, no el tiempo ni los nombres.

Las viejas fotografías engañan mucho, nos dan la ilusión de que estamos vivos en ellas, y no es cierto, la persona a quien estamos mirando ya no existe, y ella, si pudiese vernos, no se reconocería en nosotros.

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El exilio como género literario

Si el exilio no fuera una terrible experiencia humana, sería un género literario.

Lo dice Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) en el prólogo de su Estado de exilio.

Sin pretenderlo, todas mis últimas lecturas están protagonizadas por exiliados, y efectivante podrían pertenecer a un mismo género literario que tuviera entidad propia. Si existe la elegía o la égloga, ¿hay un nombre para la composición que trata sobre el exilio, y no me he enterado?

Me pregunto si por allí estará lloviendo
a veces cuento la horas de diferencia
el asunto de los hemisferios
No te olvides de nosotros
que te queremos tanto.

Precisamente hoy  he hecho una llamada, pensando que al otro lado había sol y canícula, y al escuchar «ha llovido y ya refresca» he tenido que parar y cambiar la diapositiva mental antes de seguir hablando.

Bautizan todas las cosas
con los nombres que recuerdan
que vienen del otro lado del mar
pedazos de un lenguaje otro
distinto al que se habla,
y en sus casas,
las plantas, los muebles,
los ceniceros y los gatos
tienen otro nombre.

…  al final, sin el filtro de la razón, la primera lengua (la nativa, la materna) es imbatible.

El cinco de noviembre de mil novecientos setenta y cuatro
parado en el bulevar de Saint-Germain
muerto de hambre y de frío
sin saber una jota de francés.

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