He terminado ahora mismo la miniserie Al este del Edén, basada en la novela de John Steinbeck de 1952.
Leí muy, muy joven todos los libros de John Steinbeck. De Al Este del Edén guardo imágenes de una casa en llamas, dos hermanos, nombres biblícos, burdeles y sobre todo del personaje de Cathy. Recuerdo mi perplejidad ante los caminos que escogía y la necesidad de comprenderla con mi limitada cultura y experiencia.
Creo que durante años, y por mucho Nobel que tuviera Steinbeck, Al este del Edén fue más conocida como película, por la dirección de Elia Kazan y por contar con James Dean en un papel protagonista. Supongo que sus casi 700 páginas tuvieron algo que ver. En el tráiler de la versión de 1955 se aprecia cómo se suavizó, a pesar de la dureza de la historia. Estados Unidos acababa de salir del macartismo, que siguió de cerca los pasos de Steinbeck y dejó en mal lugar a Kazan para la posteridad. La miniserie de 2026 la ha adaptado Zoe Kazan, su nieta.
La adaptación de 2026 no maquilla los momentos más crudos. Estuve a punto de abandonar en el primer episodio. El cine americano ha romantizado exageradamente las historias del viejo oeste, de los pioneros, de la Gran Depresión. Para mí, que soy muy impresionable, Sin perdón (1992) marcó un antes y un después con su rudeza y realismo. A menudo tarareo sin darme cuenta Claudia’s Theme, de la banda sonora. Ahora ya nos hemos acostumbrado a ver barbarie, sangre, mucho polvo y suciedad hasta en las representaciones más mainstream de siglos pasados, por ejemplo en Al Este del Edén.