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La Hormiga Remolona Entradas

Nanette (no) es humor

¿Por qué ponen diademas a bebés sin pelo? Lanza la pregunta Hannah Gadsby en su monólogo Nanette. La respuesta, al final del post.

Todavía estoy recuperándome de este especial que se puede ver en Netflix. Hizo mucho ruido cuando se estrenó, pero hasta ahora no había podido verlo con calma y entiendo por qué fue un hito.

Empieza con comedia, pero a continuación se suceden unos altibajos muy pronunciados de tensión, a medida que Hannah toca temas sensibles y no sabes si reirte o parar el vídeo, descansar y formarte una opinión sobre lo que está haciendo. Ella reconoce que es especialmente hábil para modular la tensión en su show, y vaya si lo consigue… Lo que empieza como un chiste termina en grito de ira y desesperación.

Hannah creció en un pueblito del «cinturón bíblico» de la isla de Tasmania cuando allí todavía era un crimen la homosexualidad. En varias ocasiones comenta que quiere dejar la comedia. No lo ha hecho, pero entiendes su planteamiento. En resumen: si un hombre cis hace chistes de autocrítica salvaje (selfdeprecating), lo vemos como un baño de humildad. Pero si alquien con la historia de Gadsby convierte en humor sus vivencias, lo que consigue es humillarse, que es lo último que necesitaba. Y ella quiere controlar la forma de contar la historia para que no sea así.

A los bebés sin pelo les ponen diadema para que se note que son niñas. Vamoos a pensar sobre esto.

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Elizabeth Taylor, la otra

Complete Short Stories, by Elizabeth TaylorImagínate firmar tus libros como Elizabeth Taylor y ser contemporánea -aunque algo mayor- de una actriz con el mismo nombre y mundialmente conocida. Es lo que le pasó a una autora inglesa (1912-1975) cuya obra se ha empezado a reivindicar, después de haber sido leída en su época pero poco valorada por la crítica. Cualquier búsqueda sobre ella tiene que ir seguida de «escritora», de lo contrario aterrizas en informaciones sobre la actriz.

Acabo de leer sus Complete Short Stories y lo más interesante es ver cómo pone la lupa sobre vivencias que tradicionalmente han tenido poca presencia en la literatura, mucho menos desde una mirada femenina que ella no enmascara. Y, sobre todo, en personajes que tradicionalmente hubieran sido secundarios o definidos en un par de líneas. Hoy en día a esa mirada y a esos temas ya estamos más acostumbradas.

Me identifico con tantas cosas que dice que casi todo el libro ha terminado subrayado. Aquí va una selección de fragmentos:

Sobre la experiencia de tener niños (que no hijos) vista desde la recién estrenada madurez:

Ahora nunca pienso sobre el hecho de tener niños. Es un tema que me aburre enormemente, como un hobby que he dejado atrás. Cuando me entero de que alguna mujer más joven ha tenido un niño, hasta me sorprendo un poco, porque me resulta algo finiquitado y pasado de moda. Están hablando conmigo y no se dan cuenta de lo poco que me interesa lo que dicen. Solo pienso, «Dios mío, ¿la gente todavía está teniendo niños?» 

Comenta que esa empatía vuelve más adelante, al tener nietos.

Habla también de la rigidez en las rutinas a partir de ciertas edades:

Tenía pequeñas formas de mimarse durante las largas horas que pasaba sola, consuelos que se fueron haciendo más importantes a medida que cumplió más años, hasta que llegó el día en que el no tener su taza de té a las cuatro y media era el preludio del desastre. 

¿Y qué decir de la impaciencia? Hoy en día es mi estado por defecto:

Cuando le preguntó a Harry él se rió y le dijo que hablara con su padre, lo cual significada perder tres cuartos de hora sentada en la cocina y que luego se hiciera tarde para dar un paseo.

En definitiva, describe vivencias de la que una no es consciente hasta que alcanza cierta edad:

Comprar libros con letra pequeña no es ahorrar, porque antes de que te des cuenta estarás pagando elevadas facturas del oculista.

Cuando eres mayor nadie responde. Hablas y nadie escucha.

Todo en la vida lo tomaba con el mismo ritmo pausado – signo de envejecimiento.

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Mejor en el presente

Hay cosas que están bien donde están, por ejemplo, en el pasado. Y más aún sabiendo que el exceso de pasado causa depresión (y el de futuro, ansiedad).

Lo recordé al leer estas palabras de Miqui Puig en El País:

Hay mensajes muy personales o para uno mismo como ese “volver nunca es buena idea”, que es una cosa que hacemos mucho los seres humanos, ¿no? Eso de regresar a lugares donde te han machacado emocionalmente o seguir mandando ese mensaje de madrugada que sabemos que no debemos mandar.

 

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Quejicas

Only Murders In the Building
Cartel de la segunda temporada de Only Murders In the Building

Leo en Vanity Fair una entrevista a Martin Short y Steve Martin, que estrenan la segunda temporada de Solo asesinatos en el edificio.

Esta es su respuesta cuando les preguntan por lo peor de ser actor:

Martin Short: La cantidad de textos que tienes que memorizar. Porque no es solo el simple actor de memorizar, como recitar un poema o algo por el estilo: tiene que sonar fresco, como si nadie lo hubiera dicho antes.
Steve Martin: Ya, Martin, lo llaman actuar (risas).

No sé si estaría preparado o era improvisado, al fin y al cabo son dos leyendas de la comedia. Pero, ¿verdad que hace pensar? Ese es el tipo de humor que me gusta, el que trasciende lo literal y descubre pequeñas miserias.

Ahora que cada gracioso que abre cuenta en redes salta a hacer stand up, escuchar a auténticos cómicos (conocidos o no) me reafirma en que el humor es un arte que dominan muy pocos.

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Vengarse procrastinando

Todo tiene un nombre. Acabo de saber que ese ratito de la noche que dedicas a tus aficiones, y que si te despistas te quita horas de sueño, se llama revenge bedtime procrastination.

Te vengas porque no tienes tiempo para ti durante el día, ya que estás ocupándote de tareas y/o personas, y retrasas la hora de acostarte.

Se lo escuché a una doctora especializada en burnout parental en The Motherly Podcast.

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Bradley Cooper reflexiona

Bradley Cooper
Bradley Cooper

Las peores entrevistas se hacen en el podcast Smartless, conducido por tres actores/cómicos: Jason Bateman (Ozark), Will Arnett (Lego Batman, 30 Rock) y Sean Hayes  (Will & Grace). Son tan malas que resultan adorables. No me pierdo una.

En el último episodio (el número 100) entrevistan a Bradley Cooper. De toda la charla, tan caótica como todas en este podcast, he extraído un mantra para esta maternidad/paternidad tan autoexigente del siglo XXI: compórtate con tus hijos, o delante de ellos, de forma que de mayores no tengan que ir a terapia por tu culpa.

Es mi reflexión después de oír a cuatro chiflados hablando de todo lo que se les pasa por la cabeza 🙂

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Expectativas y ¿resentimiento?

Expectation is resentment waiting to happen

Traducción libre mía: expectativa es lo que va antes del resentimiento.

La frase la dijo Bonnie Raitt en el podcast de Marc Maron. No es suya sino de la escritora Anne Lamott.

Entrando en teoría de la traducción, entre resentment y resentimiento no hay una equivalencia natural, aunque estén cerca y entendamos lo que quiere decir Bonnie Raitt: no tengas muchas expectativas, así no acabarás frustrado y disgustado.

Resent diría que ahora se usa coloquialmente en inglés con el sentido de molestar, irritar, incluso decepcionar; y se refiere a personas o seres vivos más que a situaciones. Marc Maron en uno de sus monólogos decía que prefería los gatos a los perros porque a los perros los notaba tan demandantes y necesitados de mimo: «I resent them» es lo que le provocaban. Esto yo lo traduciría como una mezcla de agobiar, incordiar y coger manía.

Volviendo a la frase de Anne Lamott, pienso en que hoy he llegado a los 101 borradores en este blog, es decir, cien historias -por llamarlas de alguna forma- sin publicar. Las expectativas de publicarlos estaban ahí, si no, no los hubiera dejado en borrador. Revisando por encima, hay de todo: muy extensos, hiperbreves, listos para publicar… y están algunos que no sé qué me impulsó a escribirlos. Definitivaemente, era otra etapa.

Pero, ¿siento resentimiento? Puede, pero más bien hacia mí misma, y hastío de este intentar publicar algo y, al final, nada.

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Quién tiene la culpa de todo

Vivimos en la era del trauma porn: todo tipo de especialistas van hurgando en nuestro pasado para encontrar el origen de defectos, incapacidades y fracasos. Y muchos, como es habitual en cada etapa que vamos quemando, hacen caja con ello.

Ayer escuché una entrevista a Kelly McDaniel, autora del libro Mother Hunger: How Adult Daughters Can Understand and Heal from Lost Nurturance. McDaniel lleva casi 20 años trabajando en el concepto de mother hunger o hambre, necesidad de madre que todas, según ella, podemos llegar a sentir.

Parte de que, desde bebés, para sobrevivir necesitamos tres cosas: que nos quieran y apoyen, que nos protejan y que nos guíen. Son necesidades primarias que, si no se han cubierto siendo hijas, inconscientemente trataremos de satisfacer de mil maneras, por ejemplo comiendo mal (trastornos alimentarios), quedándonos atrapadas en relaciones tóxicas o buscando lo que nos faltó en diferentes personas a lo largo de la vida. Para colmo, dice, puede que no nos demos cuenta de esta dinámica hasta pasados los 40, 50 o incluso 60 años.

Y ahora llega lo duro: ¿tienen nuestras madres la culpa de todo, por más que hicieron lo que pudieron dadas las circunstancias? O, igual de autodestructivo, ¿estamos condenadas a «romper» emocionalmente a nuestros hijos cada vez que una época difícil hace imposible ser la mejor madre?

Como consuelo queda ese mantra de que detrás de estas preguntas está tu voluntad de hacerlo bien.

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La comedia en la cultura de la cancelación

WTF with Marc Maron Podcast – Podcast – PodtailEn la era de la cultura de la cancelación hay en Estados Unidos un tipo de cómicos a los que se llama woke comedians. Aquí hay una lista. Son los que hacen humor teniendo muy presentes las actuales sensibilidades, y que jamás van a dejar en mal lugar a colectivos maltratados históricamente.

Sarah Silverman o Amy Schummer no son exactamente woke comedians. Llevan años haciendo stand up comedy y son conscientes de que han metido la pata a menudo. Han optado por disculparse y corregirse cada vez que un chiste o comentario es mínimamente cuestionado.

Otro cómico, Marc Maron, reniega del movimiento woke más por la ansiedad que le provoca que por no comulgar con su espíritu inclusivo y constructivo. Su humor es autoparódico y neurótico, no deja demasiado espacio a los demás y si lo hace es entrando en política. Maron tiene un podcast -en mi top 5 de podcasts- y recientemente ha hecho entrevistas memorables a Kenneth Branagh o Benedict Cumberbatch.

Ali Wenthworth (también cómica) entrevistó recientamente a Amy Schummer en su podcast Go Ask Ali. Entre otras cosas, hablaron de lo mucho que cobran los humoristas por actuar en las universidades, sobre todo en las de más solera. Y en lo sensible que es este público universitario a cualquier chiste. Por un lado es positivo ver que las nuevas genraciones cuestionan y analizan cualquier manifestación del antiguo status quo -léase patriarcado blanco-, pero por otro no hay humorista que arriesgue frente a un público así. Está acordado de qué se puede hacer chistes y de qué no, y no hay más que hablar.

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Mel Brooks y los deberes

A sus 95 años, Mel Brooks cuenta en Fresh Air que la época más feliz de su vida fue entre los cinco y los nueve años. Y tanto su entrevistadora, Terry Gross, como yo, nos preguntamos: ¿qué paso a los nueve años? Él es muy claro: que empezaron los deberes. Pasarlo tan bien en este mundo no podía salir gratis, pensaba Brooks. Tarde o temprano le pedirían algo a cambio, y ese algo llegó y fueron los deberes. Y así hasta hoy.

Mel Brooks habla también de las particularidades del humor judío, con alguna observación interesante. Dice algo así: para causar tanto impacto como Hitler, los judíos no podían recurrir a la maldad, porque en eso era insuperable. Por eso tiraron de humor y se rieron -y se ríen- de él todo lo posible.

Las memorias recién publicadas de Mel Books se titulan All About Me! Ahí no lo cuenta todo todavía, habrá otro volumen 🙂

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