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La Hormiga Remolona Entradas

El maestro de Petersburgo y la desesperanza

… Ese modo que tiene la mente de volverse éter ante todo lo que sea demasiado inmenso de sobrellevar (El maestro de Petersburgo, J.M. Coetzee)

Una vez más, agradezco a un escritor que ponga palabras a sensaciones conocidas. Mi cerebro se pone en pausa cuando se satura. Leí hace poco que el estrés es la falta de recursos para responder a todo lo que te demandan (o te demandas a ti misma).

El maestro de Petersburgo (1994) transmite una desesperanza que me hizo leerlo en pequeñas dosis:

Recuerda las palabras de un compañero de prisión en Siberia: «¿Por qué se nos da la vejez, hermanos?¿Por qué? Para que al final podamos empequeñecernos tanto como para pasar a rastras por el ojo de una aguja». Simple sabiduría campesina.

Sobre el personaje de Matryona, la niña que observa, planea todo el tiempo la duda: ¿está escuchando? ¿de qué se da cuenta y de qué no?

El susurro de los adultos -traicionero, fascinante- puede desgarrar el sueño más profundo de los niños.

Los que tenemos niños sabemos que cuanto más bajito hablamos, más les interesa lo que estamos hablando. Si levantas la voz, no te oyen.

Hay niños que sueñan de noche, y otros en cambio esperan a la mañana para soñar. Debería pensarlo dos veces antes de despertar a un niño que está soñando.

 

 

 

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Newsletters para mí

Esta semana El País dedicó un podcast a las newsletters, coincidiendo con el relevo autoral en una clásica de la casa, El País de la mañana: deja de escribirla Berna González Harbour y toma el relevo Milagros Pérez Oliva.

Al empezar a escribir la newsletter, explica Berna, le dijeron que tenía que hablar al lector coloquialmente al oído, dando por hecho que la abre en un momento apacible, por la mañana, sin ruidos y sin estrés. Yo soy de las que lee esa newsletter cada día antes que cualquier otra cosa. Agradezco la «capacidad analítica y la experiencia» que la sustenta.

Hoy en día ruido, cuando hablamos del universo informativo, se refiere a las redes. Mi caso es especial: las uso poquísimo, si acaso unos minutos al día como entretenimiento. Son efectivas para una alerta o scoop, pero la idea de informarme por redes me desespera: titulares sin contexto, mensajes efectistas, la brevedad como excusa para tirar la piedra y esconder la mano… Pero insisto: no soy representativa, adoro leer y me llena de felicidad enfrentarme a un artículo o entrevista interesante, aunque necesite 20 scrolls para terminarlo (por ejemplo, esta entrevista a Lily Gladstone la leí ayer y derrocha conocimiento sobre las culturas nativas de Norteamérica).

Como periodista, y habiendo escrito mucho, me sé todas las licencias para enmascarar pequeñas o grandes vergüenzas:
– que estás hablando de algo que no dominas
– que no te has molestado en entenderlo
– que no has hecho el esfuerzo de ver un tema desde todos los ángulos
– que te has sumado a las voces dominantes sin reflexionar antes

… y más circunstancias poco nobles. Siempre, siempre lo noto.

 

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Adiós a Louise Glück

Leo que ha muerto Louise Glück, y casualmente acabo de terminar sus obras completas. Pongo aquí mi colección de subrayados, que creo que representan bien sus temas y atmósferas:

La familia:

Mi retrato favorito de mi Padre está rondando los cuarenta
Sobre el rostro vacío de su primogénito
El milagro de siempre.

Mi madre quiere saber por qué, odiando tanto a la familia, tuve yo la mía. No le respondo. Lo que odiaba era ser una niña, no poder elegir a quién querer.

Como Adán, fui la primogénita. Creedme, nunca te repones, nunca olvidas el dolor en el costado, en el lugar del que sacaron algo para crear a otra persona.

Dice que la esperanza mató a sus padre, a sus abuelos. Crecía cada primavera con el trigo y moría entre el calor del verano y el frío más crudo. Al final, a ella le dijeron que viviera cerca del mar, como si eso cambiara algo.

El lugar donde crecimos:

Porque fuiste lo bastante ingenuo para amar un sitio, ahora no tienes hogar, huérfano en una sucesión de refugios. No te preparaste lo suficiente. Ante tus ojos, dos personas envejecían; te podría haber dicho que dos muertes se aproximaban. Nunca el amor de un hijo ha mantenido con vida a un padre.

Nuestra casa era gris, una de esas que compras cuando vas a formar una familia. Mi madre sigue allí, totalmente sola. Cuando se siente sola, ve la televisión.

Desde el jardín de nuestra cocina podías ver las montañas, cubiertas de nieve incluso en verano. Recuerdo un tipo de paz que no volví a sentir. De alguna forma, después decidí hacerme artista, para dar voz a esas impresiones.

Dejarás el pueblo en el que naciste y en otro país te harás muy rico, muy poderoso, pero siempre llorarás por algo que dejaste atrás, aunque no sepas lo que es, y finalmente volverás para buscarlo.

Envejecer:

Un día eres un niño rubio al que le falta un diente, y al siguiente, un anciano que respira con dificultad. Es nada, realmente, apenas un momento en la tierra. No una frase, sino una exhalación, una cesura.

Creo que voy a seguir siendo un niño. Pero el cuerpo no escucha. Lo sabe todo, sabe que no eres un niño, no lo has sido desde hace tiempo.

Ahora que es vieja, los hombres jóvenes no se le acercan, así que las noches se liberan, las calles que al anochecer eran tan peligrosas son ahora tan seguras como una pradera.

Respecto a la muerte, uno puede observar que aquellos con autoridad para hablar permanecen en silencio.

Ser diferente:

Toda gran fiesta tiene a su outsider, ese que no conoce la alegría.

¿Quién se arrodilla allí sino el niño que se siente excluido y defectuoso, para quien el recreo es un calvario?

La naturaleza como compañera:

La albahaca floreció sobre la negligencia. Árboles, abrid mi habitación. Ha llegado el bebé.

MARZO La luz permanece más tiempo en el cielo, pero es una luz fría, no nos alivia del invierno.

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El arroyo de la llorona

En A Raisin in the Sun, obra teatral sobre la que escribí en el post anterior, la familia Younger vivía en el South Side de Chicago. Alllí creció Michelle Obama y también de allí procede Sandra Cisneros, figura clave de la literatura chicana.

La obra más conocida de Sandra Cisneros es La Casa en Mango Street (1984), pero aquí voy a hablar de Woman Hollering Creek and Other Stories (traducido como El arroyo de la llorona, 1981), y en concreto del relato que da nombre al libro.

Lo más llamativo si no has leído antes literatura chicana, como yo, es que está escrito en Spanglish. Hay palabras y expresiones en español en cada página:

The arroyo one crossed on the way to San Antonio, and then once again on the way back, was called Woman Hollering, a name no one from these parts questioned, little less understood. Pues, allá de los indios, quién sabe —who knows.

Es tal la garra de este relato que te deja aturdida. Condensa las consecuencias de nacer mujer y pobre en una comunidad machista y violenta.

Aquí los pueblos se construyen de tal manera que tienes que depender del marido. O conduces o te quedas en casa. Si eres lo suficientemente rica para tener un coche y saber conducir, entonces te haces con un coche.

A Cleófilas, la protagonista, la salvan de la opresión dos mujeres que conducen su propio coche y por tanto su destino: Gracelia y Felice, Lo hacen cruzando el Arroyo de la Llorona que da título al relato.

Los que sufren tienen un poder especial, ¿no es así? El poder de entender el dolor de los demás. Y entender es el comienzo de la curación (del relato Little Miracles, Kept Promises).

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Buscando el sol

Lorraine Hansberry (1930-1965) fue la primera autora afroamericana con una obra representada en Broadway: A Raisin in the Sun (1959). Según he comprobado, solo está traducida al español como parte de una tesis doctoral. Hay una adaptación al cine protagonizada por Sydney Poitier que en España se tituló Un lunar en el sol.

Cada diálogo de A Raisin in the Sun es una apasionada denuncia -directa o implícita- de la segregación y la opresión. Una familia afroamericana de Chicago amanece con dinero y compra una casa en un barrio de población blanca. Sus futuros vecinos les ofrecen recomprar la casa para evitar que se muden. Ellos se niegan, aun sabiendo que su futuro va a ser turbulento; es la única forma de progresar.

RUTH: ¿Alguien me puede decir lo que significa asimilación?
GEORGE: Oh, es la forma que tienen en la universidad de llamar a la gente «Tío Tom». Pero no significa eso en absoluto.
RUTH: Entonces, ¿qué significa?
BENEATHA: Significa que alguien está dispuesto a renunciar a su propia cultura y a sumergirse completamente en la dominante, que es la cultura opresora

En la nueva casa, Claudia («Mama») tendrá un jardín para sus plantas. Ya no habrá que mover la maceta en busca del rayo de sol, como en el viejo apartamento. Esa maceta simboliza todo lo que Claudia quiere para su familia.

MAMA Calla, No hables de las personas a sus espaldas.
RUTH: Tú lo haces.
MAMA: Yo soy vieja y corrupta. 

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El poder de los introvertidos

He leído un libro sobre mí: Quiet, de Susan Cain. Al español se tradujo como El poder de los introvertidos (en un mundo incapaz de callarse) (2012). ¿Es un libro de autoayuda? Supongo. No da consejos, pero valida -palabra tan de moda- tu personalidad. La conclusión es que los introvertidos somos tan necesarios como los extrovertidos.

Según cuenta Cain, quien popularizó los términos introvertido y extrovertido fue Carl Jung en su obra Tipos psicológicos, publicada en 1921. El mismo año, asociando ideas, en que nació mi padre, quien se pasó la vida diciendo que yo era muy tímida. Era algo más:

Los introvertidos no son necesariamente tímidos. La timidez es el miedo a la desaprobación social o la humillación, mientras que la introversión es la preferencia por ambientes que no sean sobreestimulantes. La timidez es, inherentemente, dolorosa; la introversión no […] Un tímido teme hablar alto, mientras que un introvertido simplemente está sobreestimulado.

Según Carl Jung, la introversión o extroversión son los pilares de nuestra personalidad. Él nos da la mejor definicíón de cada tipo:

  • a los introvertidos les atrae ese mundo interior de pensamientos y sentimientos; recargan sus baterías estando solos
  • a los extrovertidos les atrae la vida exterior, las personas y las actividades; necesitan recargar sus baterías cuando no socializan lo suficiente.

Según Jung, no  hay extrovertidos puros ni introvertidos puros. Eso sería la locura.

Sobre los introvertidos voy a listar aquí una serie de rasgos que analiza el libro y que a mí, particularmente, me definen:
– sienten que se expresan mejor por escrito que conversando
– evitan el conflicto
– no se les da bien la charla intrascendente (small talk)
– la mayoría son altamente sensibles (PAS)
– la sobreexcitación interfiere en su atención y su memoria a corto plazo, componentes clave de la habilidad de improvisar al hablar
– hablan más bajo porque así es como prefieren que les hablen los demás
– algunos son capaces de comportarse como extrovertidos por el bien de su trabajo, sus seres queridos o algo que tenga mucho valor para ellos

Introvertido no es sinónimo de ermitaño o misántropo, según Jung (aunque, añado yo, tengamos nuestros episodios de ambos).

Las oficinas abiertas

Susan Cain dedica muchas páginas a hablar de ellas, y cuánto se lo agradezco. Llevo toda mi vida profesional trabajando en praderas y para mí, desde luego, no son. Me da igual que rompan símbólicamente las jerarquías Busco los puestos junto a columnas, en las esquinas, pegados a la pared… y eso ayuda, pero solo a ratos.

Son incalculables las horas que he trabajado en casa porque en la oficina sencillamente no lograba funcionar. Por lo general, allí recababa información, y en casa la estructuraba, le daba sentido. El trabajo mecánico lo puedo hacer en una oficina abierta, el creativo desde luego no. Y no es por el ruido, ni por las interrupciones… que imagino que pueden ser molestas para todo tipo de gente. Es por todo que conlleva ser introvertida.

Ojalá pudiera opinar sobre otro tipo de oficina, pero no lo he conocido.

¿Quién quiere ser extrovertido?

En la cultura occidental, la extroversión es un ideal. Se asocia al éxito social y profesional. Predomina entre los estudiantes de las universidades y escuelas de negocios más prestigiosas.

Cain documenta la lucha interna de algunos alumnos introvertidos en instituciones de élite como la Harvard Business School. Tal vez, plantea, algo no está bien en  un estilo de liderazgo que valora la respuesta rápida y asertiva sobre las decisiones tomadas con más reflexión y calma.

¿Por qué? Pensemos en las reuniones: todos recordamos casos en los que la opinión de la persona más habladora y enérgica de la sala se impuso sobre las de los demás. O cuando el grupo sigue al que antes se pone en acción (cualquier acción). Hay personas que están muy seguras sobre cualquier tema, y lideran; otras no estamos seguras de nada

Lo que a los occidentales nos parece deferencia asiática es realmente consideración por las sensibilidades de los demás.

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Buenos cimientos

No conocía el poema viral «Good Bones» (2016), de Maggie Smith. Lo he descubierto al leer el artículo del New York Times sobre su nuevo libro, You Could Make This Place Beautiful.

Hasta hace poco a eso de hijos grandes, problemas grandes» todavía le veía fácil manejo. Pero llegan los hijos a la preadolescencia y, ante algunos problemas, dan ganas de responder «es que la vida es dura». Por eso me conmovió el poema de Maggie Smith. Como siempre, me tomo la libertad de traducirlo.

Buenos cimientos
La vida es corta, pero no se lo digo a mis hijos.
La vida es corta, y yo he acortado la mía
de mil deliciosas e insensatas maneras,
mil deliciosas e insensatas maneras.
No se lo diré a mis hijos. La mitad del mundo es horrible,
y eso es una estimación conservadora
que yo oculto a mis hijos.
Por cada pájaro hay una piedra arrojada a un pájaro.
Por cada niño querido, un niño roto, en un saco,
ahogado en un lago. La vida es corta y por lo menos la mitad del mundo es horrible,
y por cada desconocido amable hay uno que te destrozaría,
y eso se lo oculto a mis hijos.
Intento venderles el mundo. Cualquier agente inmobiliario,
mientras te enseña cualquier antro, tararea una canción sobre los buenos cimientos.
Este lugar podría ser bonito, verdad? Tú podrías hacer este lugar bonito.
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Comedia familiar

Rosie O’Donnell

Rosie O’Donnell ha sido la última invitada al podcast de Brooke Shilds, Now What?. Le explica a Brooke que en sus inicios en la stand up comedy contaba chistes de Jerry Seinfeld. Copiaba hasta su cadencia al contarlos. Hasta que alguien le dijo que no puedes hacer monólogos con chistes de otros, que tienes que escribir los tuyos propios. Rosie se sentía incapaz, y entonces le dieron este consejo: habla de tu familia y a partir de ahí el humor saldrá solo. Y así ocurrió. Esto explica por qué hay tantos humoristas contando sus miserias domésticas y familiares.

También cuenta cómo nadie se creía que fuera a dejar su talk show con el éxito que estaba teniendo. Según Rosie, si ya tienes 100 millones de euros y quieres seguir ganando más dinero es que no te has enterado de para qué estamos en este mundo.

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Millones de Willy Lomans

Anderson Cooper tuvo la necesidad de crear un podcast cuando, revisando los objetos de su madre recién fallecida, encontró recuerdos de su padre y su hermano, que murieron años atrás.

Aunque desciende de la aristocracia de Nueva York, en uno de los episodios Cooper recuerda a su niñera y la compara con su madre. La primera era desconocida por todos, pero una figura crucial en su vida; la segunda, Gloria Vanderbilt, protagonizó titulares durante décadas. Me acordé de esas reflexiones al leer estas palabras de Linda Loman en La muerte de un viajante (Death of a Salesman, Arthur Miller, 1949):

Willy Loman nunca ganó mucho dinero. Su nombre nunca salió en el periódico. No es el personaje más interesante que ha existido. Pero es un ser humano, algo terrible le está pasando y hay que prestarle atención. No se puede permitir que caiga en su tumba como un perro viejo. Una persona así necesita que, por fin, le prestemos atención. 

Lo cierto es que Willy Lomans hay millones en el mundo, porque Willy Loman somos todos.

Imagínate. Trabajas una vida entera para pagar una casa. Cuando por fin es tuya, ya nadie vive allí (Willy Loman)

La muerte de un viajante ha generado cientos de estudios y análisis, pero yo me quedo con su maestría para ponernos delante un espejo y recordarnos que al final de la vida casi todo lo que aquí y ahora ocupa nuestros pensamientos será insignificante. Así le habla Linda a Willy cuando dice estar descansado:

Tu mente no descansa. Tu mente es hiperactiva, y la mente es lo que cuenta, cariño.

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La generación perdida explicada por Vera Brittain

Cuando estalló la Gran Guerra, lo viví no como una tragedia superlativa, sino como la exasperante interrupción de mis planes personales.

Vera Brittain en Malta

Hay un grupo de escritores a los que se conoce como La Generación Perdida. Aunque los estudié ya en el bachillerato, he tenido que leer a Vera Brittan para entender con más profundidad el por qué de «generación perdida».

El camino duramente ganado hacia la libertad se cortó para mí cuando en el otro extremo de Europa una bomba serbia mató a un archiduque austríaco. 

En su Testamento de Juventud (Testament of Youth, 1933) Vera Brittain relata sus días como enfermera voluntaria durante la Primera Guerra Mundial, primero en Inglaterra y más tarde en Malta y Francia. Virginia Woolf sintetizó el libro como una historia sobre cómo Vera «perdió a su prometido y a su hermano mientras ella manipulaba las entrañas de los heridos de guerra, comía sobras y tenía visiones de personas fallecidas»; aun así, Woolf reconoció el gran valor testimonial de sus 600 páginas.

El libro se lee como una elegía por una generación de hombres y de sueños. Cuando Vera retomó sus estudios en Oxford al terminar la guerra, sus compañeros la veían como una veterana empeñada en contar las penurias y heroicidades en el frente. Hasta que notó que no interesaban tanto como la causa irlandesa, las expediciones al Everest o la apertura de la tumba de Tutankamon.

El inevitable choque generacional disminuye, también de forma inevitable, con el paso de los años. 

La vuelta a la normalidad en el Londres de la posguerra estuvo plagada de decepciones para las mujeres como Vera, y en general para la causa femenina. Su labor salvando vidas en hospitales de campaña no fue suficiente para que se las reconociese como enfermeras. Y cuando se aprobó el derecho al voto de las mujeres (1918) se limitó a las mayores de 30, temiendo un peso desproporcionado del voto femenino en una franja de edad que se había quedado con muy pocos hombres.

En la posguerra la neurosis bélica se había transformado en miedo – miedo a los resultados incalculables de causas imprevistas; miedo a la pérdida de poder para los que lo poseían; miedo, por tanto, a las mujeres. 

En el libro, Vera Brittain incluye interesantes episodios que se contaban durante la guerra, como cuando los bandos decidieron no dispararse: Una vez, cerca de Ypres, ambos frentes acordaron no dispararse. Para que pareciera que luchaban, siguieron usando sus rifles, pero apuntando al aire.

O cuando algunas mujeres intentaban reencauzar sus vidas con anuncios en el periódico como este que apareció en la Agony Column del Times: Dama cuyo prometido ha muerto en el frente estará encantada de casarse con un oficial que se haya quedado ciego o incapacitado por las heridas de guerra.

Nuestra generación pasará a la historia como la primera en entender que ninguna persona puede vivir aislada del mundo  […] La generación de la guerra volvía, a la fuerza, a la vida, pero seguía poseída por el sentimiento desesperado de que la vida es corta. 

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