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La Hormiga Remolona Posts

Empatizar / juzgar

No es posible la empatía cuando te están juzgando, y no es posible juzgar a alguien y esperar que empatice contigo.

Son sentimientos que se excluyen el uno al otro.

Igual que no es posible pensar en otra cosa cuando estás fijándote en tu respiración, y ahí está la base de la meditación y demás experiencias del momento presente.

Según la RAE:

Empatía:

1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.

2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

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La voces de los cartoons

Alex Borstein, la agente Susie Myerson en La maravillosa señora Maisel, llevaba veinte años poniendo voz a personajes de animación antes de hacerse famosa con la serie de Amazon. Por ejemplo, a Lois Griffin en Family Guy.

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En su entrevista en el podcast Fresh Air comenta que las voces de las series de animación se van volviendo más agudas y veloces con los años. Comparando vídeos de los primeros episodios de Bart Simpson y de los más recientes no queda ninguna duda de que su voz ha evolucionado tal como Alex explica:

Primera temporada:

 

Temporada 30:

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Síndrome del impostor

¿Sentiría el síndrome del impostor Al Pacino cuando rodaba el primer Padrino en 1972? Según contó en el podcast Awards Chatter, Coppola le pidió hacer tres cosas y no supo hacer ninguna:

Hablar italiano (no hablaba italiano)

Bailar un vals (no sabía)

Conducir un coche (no tenía carné)

Hasta que Coppola explotó: «¿por qué te he contratado a ti???»

… pero no llegó la sangre al río 🙂

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Infantes

La infanta Margarita en azul, obra de Velázquez

¿En qué piensas cuando te hablan de un infante? En el hijo de un príncipe, en la hermana de la heredera, en un cuadro de Velázquez…

En tiempos de paternidad hiperdocumentada nos vamos acostumbrando a oír la palabra infante en boca de pedagogos y psicólogos. ¿Es equivalente al niño pequeño o toddler del inglés? ¿al infant, que es el bebé cuando ya no es recién nacido? Indago un poco y veo que no hay un acuerdo claro; todo depende de lo literales que seamos. En resumen, y abusando del spanglish, yo diría que es la suma del toddler y el preschooler.

En una charla del colegio nos explicaron que con 6 años nuestros hijos están en la transición entre los pequeños la etapa infantil y el niño. O sea, que aún no son niños… ¿cómo podemos llamarlos? ¿ponemos varios «pre» delante de adolescente? Todas las palabras que vienen a la mente encajan poco en nuestras conversaciones, al menos en la etapa que separa al bebé del adolescente: mocoso, infante, prescolar, en edad escolar, púber, preadolescente…

En inglés tienen sus toddlers, preschoolers, first-graders, second-graders, tweens... Recureen a estas palabras tanto en prensa como en libros y conversaciones informales. En español abres la ventana a nuevas denominaciones y suena una bisagra oxidada.

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Cuidarse

Se está imponiendo la idea de que una persona sana y feliz es moralmente una buena persona, mientras que quien no se cuida tiene fallas morales.

Sacado de Buena Vida, que a su vez lo toma del libro The Wellness Syndrome, de André Spicer y Carl Caderstörm.

 

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Apegos feroces

Resultado de imagen de fierce attachments the new york times Después de tanta insistencia con el apego en los libros de crianza, se agradace leer en Apegos feroces (Fierce Attachments, 2015), de Vivian Gornick, cómo era el apego en generaciones anteriores a las de nuestros hijos, y en qué resultó. Por más que ya lo sepamos porque lo hemos vivido…:

Esa tarde pensé: «Una de las dos va a morir a causa de este apego».

La protagonista y su madre pasean cada semana por Manhattan y hablan. Son la prueba viviente de cómo recibimos las opiniones y los juicios de nuestro entorno más cercano: nos irritan por previsibles. Y cómo abrimos la mente cuando llegan de desconocidos:

Yo ahora tengo cuarenta y cinco años y mi madre, setenta y siete. Está fuerte y sana. Recorre la isla conmigo sin dificultad. Durante estos paseos no nos queremos, sino que a menudo rabiamos una contra la otra, pero de todas formas paseamos.

Sin embargo, en el último año ha comenzado a darse una extraña circunstancia. En ocasiones, no me llega a hervir la sangre. Me irrito, pero permanezco tranquila.

Disfruté mucho leyendo Apegos feroces, casi lo subrayé entero. Esta es la selección de ideas que me llevo del libro:

  • Sobre el paso del tiempo:

Cada vez que cuenta la historia, es la misma y también es completamente distinta, porque cada vez que la oigo soy más mayor y se me ocurren preguntas que no le hice la última vez.

  • Sobre el placer de leer, de educar la sensibilidad y de disfrutar del arte cuando estamos en un ambiente con poco espacio para él:

Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer.

Para Davey, la lectura era un haz de láser –fino, enfocado, intenso– que se abría camino en medio de una
inmensa oscuridad.

No era la necesidad filosófica de hallarle sentido a todo lo que empujaba a la señora Kerner a la narración. Era,
más bien, que valoraba la sensibilidad y para ella, las artes –la música, la pintura, la literatura– eran un vehículo
para la emoción pura.

La vida de una persona era rica o pobre, valía una fortuna o no era más que un desecho, dependiendo de si
estaba enriquecida por la sensibilidad o despojada de ella.

  • Sobre la maternidad y el día a día en una casa con niños pequeños:

Nettie dio a luz un día de agosto terriblemente caluroso después de un parto de cincuenta horas que casi la parte por la mitad. El bebé pesó casi cinco kilos y medio.

Descubrí que me horrorizaba cocinar […] Recuerdo pasarme hora y media preparando algún espantoso plato de cuchara sacado de una revista femenina para terminar engulléndolo los dos en diez minutos, pasarme después una hora limpiando los cacharros y quedarme mirando el fregadero, pensando: «¿Será esto así durante los siguientes cuarenta años?».

Se apostaba en una silla de la cocina cada vez que Richie se quedaba frito al final de la tarde o ya de noche
(nunca lo ponía a dormir, esperaba a que cayese rendido)

Su madre, la señora Shapiro, que vivía en el tercero, siempre lo perseguía por la calle con el vaso de leche que
no se quería terminar.

  • Sobre el apego y sus efectos secundarios, y cómo cambia nuestra percepción del papel de los padres a lo largo del tiempo:

El ambiente de nuestra casa era el de una morgue. La pena de mi madre era primitiva y apabullante: devoraba
todo el oxígeno del aire.

Recuerdo pensar: «Esta mujer no entiende nada. Papá ya no está y mamá puede irse en cualquier
momento. Si lloro, no podré verla. Si no la veo, desaparecerá. Y entonces me quedaré sola». Así comenzó mi
obsesión consciente de tener siempre a mi madre a la vista.

  • Y sobre el pensar como hobby:

Disfruta pensando, aunque no lo sabe. Nunca lo ha sabido.

 

 

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A los diez años

Un ejercicio para saber en 3-4 trazos quién eres tú: ¿qué te gustaba a los 10 años?

Leer
Escuchar a los demás

Ver llover

El campo por las mañanas
El pueblo por las mañanas

En resumen:
entender la naturaleza humana
las mañanas
… y pensar

Esa soy yo.

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Solo tenemos una historia

Será casualidad o no, pero los dos últimos libros que he leído nacen de la conversación entre una madre y una hija. De Me llamo Lucy Barton (My Name Is Lucy Barton, 2016), de Elizabeth Strout, el pensamiento que me persigue es este: la desproporción entre la importancia de la madre en la casa y en el mundo.

No es un gran libro y cae en referencias algo trilladas -menciona el  «siempre he confiado de la bondad de los desconocidos» de Blanche Dubois -pero solo por ese pensamiento ya le estoy agradecida.

Lucy pasa varias semanas en el hospital y su madre llega para hacerle compañía, después de tiempo sin verse porque Lucy ahora vive en Nueva York y su madre sigue en la casa familiar de Illinois.

La madre de Lucy es una mujer callada que ha pasado muchas penurias; mientras acompaña a su hija en el hospital nadie repara en ella, la escucha o la considera. Pero a la vez es una figura colosal en la vida de su hija, antes y ahora que ya viven tan alejadas una de otra. Y está en el núcleo de su literatura (Lucy es escritora):

«Solo tendrás una historia», le dice una autora a la que admira. «Escribirás esa historia de muchas maneras. No te preocupes por buscar historias. Solo tienes una». 

La madre de Lucy llegó a trabajar en una biblioteca, pero un día le dijeron que, por un cambio en la regulación de bibliotecas, solo podrían contratar a alguien con formación específica para ello.

¿Quién no ha conocido casos así? Suelen quedar como los tiempos dorados para quienes lo sufren, pero borrados en el olvido para todos los demás. Hay ahí una superioridad implícita que explica así la autora:

Es interesante cómo encontramos formas de sentirnos superiores otra persona o a otro grupo. Pasa en todas partes todo el tiempo. No importa cómo lo llamemos, creo que es lo más bajo de nuestro ser, esa necesidad de que siempre haya alguien por debajo.

El otro libro es Apegos feroces, de Vivian Gornick, que queda para otro post.

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Esos versos de Because the Night

La entrevista es mi género periodístico predilecto. Cuando el entrevistado tiene cosas que contar, y las cuenta bien, para mí es puro arte. Alec Baldwin lleva ya unos años al frente del podcast Here’s the Thing, y ahí ha hecho algunas memorables.

En la entrevista a Patti Smith, que es de las que se recuerdan, Patti rememora los días en los que creó, junto con Bruce Springsteen, su éxito Because the Night.

Patti llevaba semanas dando largas al productor Jimmy Iovine, que la perseguía para que escuchara la demo de Because the Night que había hecho Bruce. No le apetecía mezclar su arte de la zona más cool de New Jersey con el de la zona pobre. En palabras de Alec Baldwin, Patti no quería que Bruce contaminara su música.

Pero por fin Patti se decidió a escucharla. Mantenía una relación a distancia con Fred «Sonic» Smith -su futuro marido- y estaba esperando a que la llamara por teléfono, como todas las tardes. Pasaban las horas y el teléfono no sonaba, así que mató el tiempo escuchando la demo. Y esas circunstancias dieron pie a estos versos:

Have I doubt when I’m alone
Love is a ring, the telephone

(letra completa)

 

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Sentido (común) y sensibilidad

En estos seis años -casi siete si cuento el embarazo- he hablado con bastantes madres y padres de niños pequeños. A grandes rasgos los agruparía así:

Feel good parents: empatizan contigo, te entienden (o lo intentan), comparten las dificultades que hay en el camino

Shame on you parents: cada vez que abren la boca ponen su granito de arena para transmitirte que lo haces mal, que no te enteras y que no mereces ser padre/madre

Tomo prestado un título de Jane Austen para resumir la aproximación a la maternidad que funciona para mí: sense and sensibility.

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