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Mes: diciembre 2002

Basura

Meses y meses y meses y meses agarrándome a un clavo ardiendo, hasta que he soltado el clavo, le he echado agua para que se enfríe del todo y lo he tirado a la basura.

Antes, cuando tocaba sufrir, sufría. Ahora, cuando toca sufrir, me da mucha pereza, me aburre tanto… Me encanta esta evolución. No creo que nada bueno, realmente bueno, salga de tanta confusión. Nada.

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Metro

El metro es un sitio intenso donde la gente es anónima y no se mira, ni se toca. Es como un ascensor, pero a lo bestia, que diría Gila.

Estas palabras de Serrat, para no variar, me inspiran muchas cosas. En el metro se mira mucho, y tocarte, te tocan, ¿o no? De hecho, a ciertas horas el contacto es intenso, y te puedes cansar de respirar el aliento ajeno. Te despeinan colocándote el brazo sobre la cabeza, como suena… y eso no se lo toleras a cualquiera en un entorno normal.

Respecto a si es un sitio intenso, no lo dudo. Cuando lo conocí me llamó la anteción, porque era pequeña y entonces no hay miedo a la propia muerte, ni a volar, ni al océano. Pero cuando lo descubrí, más mayor, me conmocionó. Las personas están muy cerca, y miran, pero no hablan. Puede haber un vagón lleno de gente sin que nadie hable. No sabía hacia dónde dirigir la mirada sin molestar, y la sola idea de viajar en metro me daba pavor. Ahora me da igual. Vaya.

Me ha salido un post sensiblero… qué mala cosa es mencionar la infancia, y qué de principiante queda y qué poco me gusta hablar de la-incomunicación-y-la-soledad-y-el-ajetreo-en-las-grandes-ciudades-etc-etc-etc-etc…. Ya me he disculpado : o )

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Heridas

Creo que mis viejas heridas siguen ahí, mezcladas con otras nuevas, y supongo que cuando eres joven ves esas heridas de manera distinta, crees que pueden matarte, piensas en el drama de la lucha y en el drama del final, mientras que cuando te haces viejo, como yo ahora, sólo ves tu vida completa con las heridas, entiendes que el proceso de sobrevivir es aprender a vivir con las heridas. Lo cual no quiere decir que la vida sea sólo heridas, porque vivir está siempre lleno de sorpresas, como el apoyo tan profundo que se dan unas personas a otras….

Así habla hoy John Berger en la entrevista que publica El País. Pensando en mis heridas, me acabo de dar cuenta de que algunas ahora me hacen reír, o me dejan indiferente, mientras que otras todavía me desazonan. ¿Será que soy joven aún? Me parece que la respuesta también la tiene Berger:

Vivimos bajo una enorme presión para olvidar, para seleccionar los recuerdos.

… y esa presión a veces es abrumadora, inexplicablemente consigue que varias personas se pongan de acuerdo tácitamente para olvidar unos hechos o unas palabras que en su momento les tocaron la fibra. Y puede llegar a ser una pena.

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