El hombre, cuando ve una montaña, siente la necesidad natural y sana de subir a su cima. Sin esa necesidad apenas seríamos humanos… ¿no?
Desde que he terminado Entre limones (Driving Over Lemons), de Chris Stewart, cada rato me asalta el mismo pensamiento: ¿qué estarán haciendo ahora? Tantos días leyendo sobre las idas y venidas de estos ingleses, Alpujarra arriba y Alpujarra abajo, han conseguido que eche en falta su compañía.
Las personas analfabetas tienen esa ventaja, la capacidad de retener en la cabeza una historia larga tiende a disminuir cuando se es capaz de leer y escribir.
Salvo los alacranes, las culebras y los gusanos -precisamente lo que más temían Chris y Ana cuando nació su hija Chloé-, yo sería feliz viviendo allí, comiendo patatas a lo pobre y bebiendo costa (tal vez también tomando torta de chicharrones, pero aún no la he probado…).
El invierno pasado subí a la Alpujarra granadina por el barranco de Poqueira pero la nieve sólo permitía llegar hasta Capileira. Probé las mejores migas con pimiento y torreznos 🙂

[…] junto con Chris Stewart, tiene la culpa de que tantos ingleses se hayan establecido en La Alpujarra. Yo misma compré Al […]