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Relatos de William Trevor

Yo pensaba que la lista de «los libros de mi vida» se había cerrado a los 30, pero no: añado los 90 relatos de William Trevor (1928-2016) recogidos en las 1.280 páginas de The Collected Stories. Y una sorpresa más: sin apenas subrayados, yo que medía la importancia de mis libros favoritos en cantidad de subrayados.

¿Y esto por qué? A lo mejor, porque ya no necesito que me expliquen las vidas de otros, con observar/escuchar/leer ya saco conclusiones.

Hasta tal punto me ha impresionado que me esfuerzo en recordar dónde lo descubrí: ¿alguna recomendación de Isabel Coixet o Elvira Lindo, que siempre aciertan? ¿un podcast?

Casi todos los relatos de The Collected Stories transcurren en la Irlanda rural, alguno que otro en Dublín o Londres y unos pocos son historias de vacaciones en el Mediterráneo europeo.

Es impensable leer varios de estos relatos seguidos: hay que cerrar el libro y dejarlos ocupando tu mente hasta que deje espacio para empezar el siguiente. No más de un par al día, aunque dependerá de la sensibilidad de cada uno.

Algunos subrayados que condensan los temas más frecuentes en los relatos de Trevor:

El paso del tiempo:
– Siempre mirabas atrás, pensaba, hacia otros años, otras tarjetas de Navidad, o los niños cuando eran más pequeños.
– Con 47 años, Sarah Machaen se había reconciliado con el hecho de que su falta de atractivo no iba a desaparecer.
– Cuando alcanzas cierta edad los rasgos de tu cara ya no son los de un niño. Lo leí en un libro: la cara de un niño disfraza sus auténticos rasgos, pero a cierta edad el disfraz se desprende.

… la vejez:
Siento no interesarme por usted y su hermana. Como puedes ver, soy demasiado viejo para asimilar información nueva.
– Tenías que evaluar si sonabas senil o no.

las familias numerosas y sus miembros más jóvenes:
– Tenía siete años, la adición tardía a la familia, como solía decir mi padre. Mis hermanos y hermanas ya eran mayores, pero todavía no sentía entonces, todavía, que mis padres les habían dado tanto a ellos que no quedaba nada para darme a mí.
– Crecí viendo a mi madre como una persona cansada, porque es lo que era.

… el lugar que ocupa una madre:
Aunque su padre y Gillian eran en todos los sentidos más divertidos que su madre, era a su madre a quien quería. Aunque protestaba y a veces era muy pesada, siempre estaba ahí esa calidez, lo reconfortante de subir a su cama los domingos por la mañana o ver con ella Magic Roundabout.

… el sentirse cohibido por el aspecto físico:
Por las mañanas, cuando le salía otra espinilla en el cuello o en la mejilla, Ángela corría desde el autobús hasta el metro y sentía alivio al llegar a la lóbrega oficina, porque allí podía perderse entre las sombras.
– Ella sabía, murmuró mi madre al alejarse de las dos señoras italianas, que no debía ponerse ropa demasiado clara o brillante. Siempre había algún toque de negro -en las hojas de roble estampadas sobre granate o verde, o envolviendo azules y marrones-. Los italianos sabían disimular el volumen corporal.

… y particulares dinámicas o culturas familiares:
– Sin ninguna celebración, porque no era el estilo de la familia, su 25 cumpleaños había pasado hacía un mes. 

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