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Mes: mayo 2022

Expectativas y ¿resentimiento?

Expectation is resentment waiting to happen

Traducción libre mía: expectativa es lo que va antes del resentimiento.

La frase la dijo Bonnie Raitt en el podcast de Marc Maron. No es suya sino de la escritora Anne Lamott.

Entrando en teoría de la traducción, entre resentment y resentimiento no hay una equivalencia natural, aunque estén cerca y entendamos lo que quiere decir Bonnie Raitt: no tengas muchas expectativas, así no acabarás frustrado y disgustado.

Resent diría que ahora se usa coloquialmente en inglés con el sentido de molestar, irritar, incluso decepcionar; y se refiere a personas o seres vivos más que a situaciones. Marc Maron en uno de sus monólogos decía que prefería los gatos a los perros porque a los perros los notaba tan demandantes y necesitados de mimo: «I resent them» es lo que le provocaban. Esto yo lo traduciría como una mezcla de agobiar, incordiar y coger manía.

Volviendo a la frase de Anne Lamott, pienso en que hoy he llegado a los 101 borradores en este blog, es decir, cien historias -por llamarlas de alguna forma- sin publicar. Las expectativas de publicarlos estaban ahí, si no, no los hubiera dejado en borrador. Revisando por encima, hay de todo: muy extensos, hiperbreves, listos para publicar… y están algunos que no sé qué me impulsó a escribirlos. Definitivaemente, era otra etapa.

Pero, ¿siento resentimiento? Puede, pero más bien hacia mí misma, y hastío de este intentar publicar algo y, al final, nada.

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Quién tiene la culpa de todo

Vivimos en la era del trauma porn: todo tipo de especialistas van hurgando en nuestro pasado para encontrar el origen de defectos, incapacidades y fracasos. Y muchos, como es habitual en cada etapa que vamos quemando, hacen caja con ello.

Ayer escuché una entrevista a Kelly McDaniel, autora del libro Mother Hunger: How Adult Daughters Can Understand and Heal from Lost Nurturance. McDaniel lleva casi 20 años trabajando en el concepto de mother hunger o hambre, necesidad de madre que todas, según ella, podemos llegar a sentir.

Parte de que, desde bebés, para sobrevivir necesitamos tres cosas: que nos quieran y apoyen, que nos protejan y que nos guíen. Son necesidades primarias que, si no se han cubierto siendo hijas, inconscientemente trataremos de satisfacer de mil maneras, por ejemplo comiendo mal (trastornos alimentarios), quedándonos atrapadas en relaciones tóxicas o buscando lo que nos faltó en diferentes personas a lo largo de la vida. Para colmo, dice, puede que no nos demos cuenta de esta dinámica hasta pasados los 40, 50 o incluso 60 años.

Y ahora llega lo duro: ¿tienen nuestras madres la culpa de todo, por más que hicieron lo que pudieron dadas las circunstancias? O, igual de autodestructivo, ¿estamos condenadas a «romper» emocionalmente a nuestros hijos cada vez que una época difícil hace imposible ser la mejor madre?

Como consuelo queda ese mantra de que detrás de estas preguntas está tu voluntad de hacerlo bien.

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