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Newsletters para mí

Esta semana El País dedicó un podcast a las newsletters, coincidiendo con el relevo autoral en una clásica de la casa, El País de la mañana: deja de escribirla Berna González Harbour y toma el relevo Milagros Pérez Oliva.

Al empezar a escribir la newsletter, explica Berna, le dijeron que tenía que hablar al lector coloquialmente al oído, dando por hecho que la abre en un momento apacible, por la mañana, sin ruidos y sin estrés. Yo soy de las que lee esa newsletter cada día antes que cualquier otra cosa. Agradezco la «capacidad analítica y la experiencia» que la sustenta.

Hoy en día ruido, cuando hablamos del universo informativo, se refiere a las redes. Mi caso es especial: las uso poquísimo, si acaso unos minutos al día como entretenimiento. Son efectivas para una alerta o scoop, pero la idea de informarme por redes me desespera: titulares sin contexto, mensajes efectistas, la brevedad como excusa para tirar la piedra y esconder la mano… Pero insisto: no soy representativa, adoro leer y me llena de felicidad enfrentarme a un artículo o entrevista interesante, aunque necesite 20 scrolls para terminarlo (por ejemplo, esta entrevista a Lily Gladstone la leí ayer y derrocha conocimiento sobre las culturas nativas de Norteamérica).

Como periodista, y habiendo escrito mucho, me sé todas las licencias para enmascarar pequeñas o grandes vergüenzas:
– que estás hablando de algo que no dominas
– que no te has molestado en entenderlo
– que no has hecho el esfuerzo de ver un tema desde todos los ángulos
– que te has sumado a las voces dominantes sin reflexionar antes

… y más circunstancias poco nobles. Siempre, siempre lo noto.

 

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